Obama, una oportunidad

Obama, una oportunidad

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noviembre 06 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-06

Llegó el cambio para Estados Unidos y, quizá, para buena parte del mundo. Pero las expectativas de cambio en América Latina son exageradas. Poco importa quién sea presidente: esta región dista de estar en el epicentro del interés de Estados Unidos. Es verdad que las relaciones hemisféricas se basarán en un mayor diálogo, y la cooperación con los gobiernos democráticos de izquierda se podrá profundizar. Hasta se podría presenciar una distensión con la dictadura cubana. Sin embargo, los desafíos de política exterior para E.U. continúan en Asia Central y Medio Oriente.

Incluso, en estas zonas de turbulencia la transformación será menos acentuada de lo que se cree: es que Barack Obama no parece ser ninguna paloma. El retiro de tropas de Irak fue una promesa importante de campaña, pero, por fortuna, no responde a un rechazo de plano del uso de la fuerza. Acierta Obama al considerar que la guerra contra el terrorismo debe darse en Afganistán y no en Irak. Es más, como lo ha hecho el presidente Bush, Obama anunció la autorización de incursiones en Pakistán. "Si existe inteligencia sobre blancos terroristas de alto valor en Pakistán y su gobierno no actúa, nosotros lo haremos", afirmó Obama.

¿Suena conocido? En marzo del 2008, emitió un comunicado sobre el bombardeo del campamento de 'Raúl Reyes' en Ecuador. "El pueblo colombiano ha padecido durante más de cuatro décadas una insurgencia terrorista atroz y el gobierno de Colombia está en todo su derecho de defenderse contra las Farc. El reciente asesinato de un líder de alto rango de las Farc no debe ser usado como un pretexto para incrementar las tensiones o amenazar la estabilidad de la región. Los presidentes de Colombia, Venezuela y Ecuador deben asegurarse de que la situación no salga fuera de su control". Ni una palabra de condena a Colombia. ¿Son estas las palabras de una paloma?

La alianza privilegiada de Estados Unidos con Colombia podrá perdurar. Obama prometió dialogar con Hugo Chávez; ello no significa que será indiferente al carácter cada día menos democrático de su gobierno. En consecuencia, Colombia podría ser vista como un mecanismo de contención, no solo del chavismo, sino de la penetración de Rusia en nuestro continente. Las maniobras militares rusas en el vecino país no pueden haber pasado inadvertidas en el Pentágono.

Todo parece indicar que la relación bilateral no estará sujeta a un cambio en los fundamentos, sino, más bien, en los énfasis. No debe sorprender: esta evolución ya comenzó. Cuando los demócratas obtuvieron mayoría en el Congreso, aumentaron el presupuesto social de Plan Colombia en detrimento del militar. Más recortes a la ayuda no deben ser descartados, pero responderán más a la crisis económica que a razones ideológicas.

Conforme a una tradición histórica, la plataforma demócrata está particularmente comprometida con la defensa de los derechos humanos. Cabe recordar que Obama prometió el cierre de la cárcel de Guantánamo. En relación con Colombia, es de esperar que se incrementen los requerimientos en materia de derechos humanos. La referencia de Obama a Colombia en el último debate preelectoral constituye una advertencia: cada asesinato de un sindicalista tendrá un costo para la relación; cada ejecución extrajudicial, también.

Un requerimiento externo no puede sino reforzar la capacidad interna para tomar decisiones tan difíciles como la recientemente adoptada por el Presidente. Los halcones de Palacio protestarán, pero una mayor exigencia en derechos humanos ofrece un salvavidas para la legitimidad de la seguridad democrática. Más que una amenaza a la política de seguridad democrática, constituye una oportunidad.

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