Ocaso de la industria nacional

Desde las épocas de Florentino González, hacia 1850, Colombia ha debatido si debe estimular y defender la producción nacional de bienes manufacturados o por el contrario, importarlos de países donde se producen más baratos y, a veces, de mejor calidad.

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mayo 10 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-10

En el siglo XIX esa pelea la perdieron de manera sangrienta los artesanos colombianos que empezaban a desarrollar una mínima base industrial frente al librecambismo, que entregó nuestro incipiente mercado nacional a los productos ingleses. Por la misma época EE. UU. imponía barreras proteccionistas para proteger su industria, que se desarrollaba con tecnología robada y pirateada a los ingleses sin ningún respeto por la propiedad intelectual. Con el colapso de los mercados mundiales que trajo la Gran Depresión de los años 30 y luego la II Guerra Mundial, se dio en Colombia un impulso a la industria nacional, que más tarde fue reforzado por la adopción del modelo cepalino de sustitución de importaciones. Luego, desde mediados de los 60, se combinó este modelo con la promoción de exportaciones no tradicionales que ampliarían la base productiva del país. La generación de empleo fue siempre un objetivo esencial del modelo. Varios países siguieron el modelo de la industrialización con gran éxito, siendo Corea y Brasil los ejemplos más sobresalientes. Por el contrario, como lo ha señalado Anif, Colombia fracasó en el intento y desde la apertura de los años 90 se orientó hacia el modelo de exportación de commodities, petróleo, carbón y, más adelante, otros minerales. Este modelo ha mostrado casos exitosos, como Perú y Chile, pero en Colombia no ha producido resultados satisfactorios, sobre todo en materia de reducción del desempleo y la pobreza. Lo que se ha dado en el país es un proceso de debilitamiento del sector industrial que Anif resume así: "el proceso de desindustrialización que hemos ido constatando a lo largo de las décadas, cuando la participación dentro del PIB de la industria ha ido cayendo un 22% en los años 70, un 18% en los 80 y actualmente tan sólo llega al 12%-14%. El problema no ha sido sólo de participaciones, sino también de dinámicas. El sector industrial creció a ritmos del 6,5% en los años 70, un 2,73% en los 90, y ha promediado tan sólo un 2,9% real anual durante la última década." Lo más grave de esta tendencia es que el poco crecimiento industrial que se ha dado, ha sido sin empleo y destruyendo puestos de trabajo. Las cifras del Dane muestran que entre 1990 y el 2010 la producción industrial creció 51% (2% anual), pero el número de personas empleadas en la industria cayó 30%. La nueva oleada de apertura hacia adentro que producirán los TLC con países industrializados, va a reforzar el ocaso de la industria nacional, sobre todo en un contexto de enfermedad holandesa por el dólar barato, que incentiva aún más las importaciones. Dos de las locomotoras del Plan de Desarrollo apuntan a contrarrestar esta tendencia mejorando las condiciones de competitividad de la industria: la construcción de infraestructura y el impulso a la innovación. Son estrategias acertadas, pero ojalá que cuando arranquen no sea demasiado tarde, porque entonces sólo servirán para transportar los ataúdes de la otrora pujante industria colombiana y de sus trabajadores. macabrera99@hotmail.comhelgon

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