Oficios urgentes

Oficios urgentes

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noviembre 05 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-05

La luna de miel de los mercados duró menos de un día. Así podría ser calificada la caída de más de 5 por ciento en la bolsa de Wall Street ayer, la cual sirvió para recordarle a Barack Obama el tamaño del desafío que enfrenta, a escasas horas de haber triunfado en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Y es que la crisis económica ocupará, sin duda, buena parte de la agenda del mandatario designado, en las semanas que vienen.

Crisis que, por cierto, resultó determinante en su victoria, pues nueve de cada diez votantes que optaron por el candidato demócrata afirmaron que la recesión fue el elemento que más pesó en su escogencia.

Así las cosas, el presidente electo tiene varios oficios urgentes. El primero es escoger a su grupo de colaboradores inmediatos para asegurar tanto un empalme armonioso, como enviar un mensaje de tranquilidad a un mundo que sigue nervioso por cuenta de los eventos de los últimos tiempos. En ese sentido, es claro que el nuevo Secretario del Tesoro es fundamental, pues quien resulte nombrado como el reemplazo de Henry Paulson tiene que inspirar confianza, además de administrar la ejecución del plan de rescate por 700.000 millones de dólares aprobado hace poco en el Congreso estadounidense. Tal como ocurre en otras latitudes, esa urgencia ha dado pie a la 'gabinetología' de rigor, en la que se mencionan nombres como el del ex presidente del Banco de la Reserva Federal, Paul Volcker, o los ex funcionarios de la administración Clinton, Lawrence Summers y Robert Rubin.

Pero más allá de quién quede, la urgencia es evidente. Uno de los motivos es que George W. Bush convocó a los mandatarios de una veintena de países a una cumbre económica en Washington el próximo 15 de noviembre y aunque Obama tendrá que ser discreto por razones de protocolo, sería raro que no aproveche la cita para tender lazos con sus nuevos colegas, así como con los jefes del Banco Mundial y el Fondo Monetario, entre otros.

Otra de las justificaciones es que la cadena de malas cifras sigue agregando nuevos eslabones cada día. Ayer, por ejemplo, se informó que el sector privado de Estados Unidos eliminó 157.000 puestos de trabajo en octubre, mientras que un índice que mide al sector servicios tuvo su peor resultado en 10 años. A su vez, en la Zona euro las ventas al por menor cayeron por cuarto mes consecutivo en septiembre, mientras en Japón crece la inquietud por la descolgada en los despachos de automóviles a nivel mundial, que golpean los resultados de gigantes como Toyota y Honda. Eso para no hablar de los malos balances de las entidades financieras, que con sus resultados demuestran que la recuperación será larga y dolorosa.

Al mirar semejantes nubarrones, es indudable que los dos meses y medio que faltan antes de que Barack Obama haga el juramento como el presidente número 44 de su país, no son los más propicios para el descanso. De hecho, a las vicisitudes en el campo económico hay que agregar los planes con respecto a Irak y Afganistán en donde miles de soldados estadounidenses aspiran a regresar a casa, a pesar de que los problemas en ambos territorios están lejos de ser solucionados.

Bajo esa perspectiva es claro que América Latina no se encuentra en un lugar muy alto en las prioridades del presidente electo. Por ahora, la mayor aspiración de la región es que las medidas que se tomen para reactivar la economía mundial permitan un ligero repunte en los precios de las materias primas, cuyo descenso amenaza no solo a Venezuela y Ecuador, sino también le ha causado fuertes dolores de cabeza a Brasil y Chile. Tampoco parece adecuado este momento para tratar de llamar la atención sobre la ratificación del TLC con Colombia, si bien el acuerdo tiene más posibilidades de salir adelante gracias a que en la Casa Blanca y en el Capitolio mandan personas del mismo partido. En consecuencia, lo mejor que pueden hacer latinoamericanos y colombianos es esperar hasta que se aclaren las aguas revueltas y Obama pueda dirigir la mirada al sur del Río Grande. 

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