Al oído de los industriales

Desde ayer está reunida en Cartagena la LXII Asamblea General de la Asociación Nacional de Industriales -Andi. Para su sesión de este año han escogido un tema muy apropiado -la Agenda Interna para la productividad y la competitividad, empleando como marco de referencia el documento de planeación de largo plazo del DNP denominado “Visión Colombia 2019”.

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agosto 25 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-25

En declaraciones del presidente del gremio de los industriales, Luis Carlos Villegas, que publicamos ayer el dirigente hizo varias afirmaciones en materia económica y social que queremos comentar. En primer término, celebramos el impulso que se le quiere dar a la responsabilidad social. Porque a pesar de que hay cada día un mayor número de empresas que están haciendo algo en este frente, aún son muchas las que están haciendo poco o nada. Además, francamente no creemos que sea cierto que “el sector privado está gastando alrededor del 2,5 por ciento de sus ventas brutas en programas sociales”; es posible que en algunos casos aislados así sea, pero no en el conjunto empresarial. Y también vale la pena insistir en que las actividades de responsabilidad social no deben ser, como sucede con frecuencia, una estrategia para mejorar la imagen de las compañías; tienen que traducirse en obras sociales verdaderamente significativas y desprovistas de intenciones distintas a mejorar la calidad de vida de los más necesitados. En cuanto a la reforma tributaria, sería deseable que los industriales fuesen más generosos aceptando la eliminación total de exenciones y deducciones como contraprestación de la gran rebaja prevista en el impuesto de renta (de 38,5 por ciento a 32 por ciento) y del enorme beneficio -contemplado en el proyecto oficial- de poder deducir el 100 por ciento de sus inversiones en el primer año. El Gobierno está haciendo un muy costoso sacrificio fiscal que merece mayor reciprocidad por parte de los empresarios. Porque pretender reducción del imporrenta y simultáneamente la conservación de las volumninosas gabelas tributarias sería muy inequitativo, inaceptable. En cuanto a la inversión, hay que aplaudir la impresionante dinámica reciente de los industriales. Esta variable clave está creciendo a un robusto ritmo anual cercano al 30 por ciento. Y como porcentaje del PIB se está acercando al 25 por ciento -que es el nivel que recomiendan los expertos para que la economía pueda crecer a tasas altas y sostenidas a través del tiempo. Para el buen desempeño de la economía nacional, y en particular para la generación de empleo, esa gran apuesta de los empresarios ha sido crucial; y lo seguirá siendo en los próximos años porque los beneficios de las inversiones se recogen durante períodos extensos. Pero hay un rubro de inversión -que erróneamente se asimila a un gasto- que parece no tener la misma vigorosa evolución de la compra de activos fijos, adquisión de tecnología y construcción de plantas. Nos referimos a la inversión en capital humano, en la capacitación de todos los trabajadores de las compañías. Hay que reconocer que una de las grandes desventajas competitivas de Colombia es -en general, a pesar de que hay excepciones- la inadecuada, incompleta o desactualizada preparación técnica (desde los niveles más bajos hasta la cúpula gerencial). Por lo tanto, lo aconsejable sería identificar de manera precisa esas debilidades, y comenzar lo más pronto posible a subsanar las fallas. * * * * * Respaldamos la audaz invitación del presidente de la Andi al proponerle a la guerrilla que se convierta en el auditor del cumplimiento de las Metas del Milenio para erradicar la pobreza y la miseria. Ese sería un papel clave que mucho podría ayudar a una de las supuestas banderas de los alzados en armas: el progreso social de los colombianos menos favorecidos. Un exigente fiscal del cumplimiento de esos ambiciosos compromisos haría que el Gobierno hiciera mejor y más pronto su labor social. Si la guerrilla tuviera verdadera voluntad de paz debería acoger esta buena oportunidad para cambiar las balas por las ideas. "Los empresarios deben ceder gabelas tributarias a cambio de la reducción del imporrenta”.

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