Ojo con las quejas

Ojo con las quejas

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mayo 22 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-22

El incidente ocurrido en Bogotá, cuando un retirado del Ejército mantuvo como rehenes a un grupo de empleados de una Administradora de Fondos de Pensiones y Cesantías, en protesta por no haber recibido el dinero de su jubilación, volvió a poner presente la sensibilidad de un tema que concierne a todos los colombianos. La razón es que más allá de un episodio en el que casi pagan justos por pecadores, el país tiene un largo camino por recorrer en un campo al cual le siguen faltando pedagogía y servicio al cliente, para no hablar de una mayor cobertura y reglas más modernas. Al fin de cuentas, los fondos privados tienen casi 8 millones de afiliados y, si bien el Seguro Social sigue, la importancia de las AFP es cada vez mayor, como lo demuestra una cartera de inversiones cercana a los 50 billones de pesos.

Sin embargo, ese impacto creciente contrasta con la confusión que existe entre los usuarios, particularmente en épocas de volatilidad como la de los últimos meses. Una encuesta rápida demostrará que son pocos quienes entienden el extracto que reciben de las AFP, para no hablar de los altibajos en sus ahorros.

Más grave todavía es lo que le ha sucedido a un número amplio de personas que han visto caer el valor de su mesada sin que medie una buena explicación y que son sometidos a un proceso lento y relativamente burocrático a la hora de elevar sus quejas. Como si esa circunstancia fuera poca, la reforma financiera que está a la consideración del Congreso puede empeorar las cosas, al crear diferentes tipos de portafolio cuyas implicaciones exigirán un gran esfuerzo didáctico, si la iniciativa es aprobada.

Por ejemplo, no muchos tienen claro que cuando un afiliado llega al momento de su retiro tiene dos alternativas para recibir su pensión, Renta Vitalicia o Retiro Programado, sobre cuya escogencia tiene plena libertad. En la primera, el usuario contrata con una aseguradora una mesada, según la cotización que le ofrece la compañía. En este contrato, el cliente le transfiere el capital que acumuló a la aseguradora y a cambio ésta se compromete a pagarle una suma mensual de acuerdo con sus aportes, que se ajusta anualmente con el incremento del costo de vida o del salario mínimo, conforme el caso. Cuando muere la persona, la renta vitalicia se convierte en una pensión de sobrevivientes si existieran beneficiarios. Bajo tal sistema, el riesgo de extra longevidad y tasa de interés lo asume la aseguradora, de forma que la mesada no se modifica de cara al afiliado. No obstante lo anterior, los excesos de rendimientos financieros incrementan las reservas de la aseguradora al igual que la muerte prematura del asegurado, en caso de que no existan beneficiarios inmediatos. Es importante advertir que, si la cotización de la renta vitalicia se realiza en un momento en el cual el comportamiento del mercado financiero no es atractivo, esto se verá reflejado en el monto que la aseguradora le ofrece al afiliado.

En la modalidad de Retiro Programado, el cliente no traslada sus recursos, sino que los conserva en su cuenta de ahorro individual. Con estos dineros, la AFP calcula anualmente la mesada que debe recibir el ciudadano de modo que su capital sea suficiente para financiar su pensión según los rendimientos esperados del fondo y las expectativas de vida suyas y de sus beneficiarios. En este caso, es el afiliado quien asume los riesgos de extra longevidad y de tasa de interés, con el atractivo de que puede ganar más si los rendimientos son buenos y perder si ocurre lo contrario.

Son precisamente los usuarios de este sistema los que no entienden por qué este año han visto reducida la cuantía del cheque que reciben. En su defensa, las AFP dicen que todo fue explicado en su momento. Pero así haya firmas que lo comprueben, la confusión demuestra los problemas de entendimiento. Debido a ello, es necesario redoblar los esfuerzos para evitar que el éxito del mecanismo, se vea anulado por las quejas de un público que requiere ser tratado con una mayor dosis de paciencia y consideración que la actual.

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