La oligarquía rusa se resiste a la crisis global

La oligarquía rusa se resiste a la crisis global

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enero 08 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-08

Con la ayuda del Kremlin, imperios como el del dueño del gigante Rusal siguen a flote

Inundado en deuda, Oleg Deripaska parecía ser el más probable entre los magnates rusos en sucumbir a la crisis financiera hace un año. Hoy en día, no obstante, se presta a preservar la mayor parte de su vasto imperio gracias a rescates del Kremlin y treguas de acreedores extranjeros.

Hace un mes, Deripaska cerró un acuerdo para aplazar el pago de US$7.400 millones en préstamos del exterior. Y por estos días, empezó a promocionar una oferta pública inicial de UC Rusal, el gigante del aluminio que es su posesión más preciada.

Un actor clave ya se ha comprometido a comprar acciones: un banco estatal cuya junta directiva preside el primer ministro y ex presidente Vladimir Putin.

El caso de Deripaska pone de manifiesto una relación extrañamente simbiótica entre los oligarcas de Rusia y Putin, quien alguna vez amenazó con eliminarlos "como una clase".  También ayuda a explicar cómo el gobierno de Putin, impulsado por el petróleo, ha sobrevivido una crisis financiera y económica que en un momento amenazó sus cimientos.  Cuando se desató la crisis en 2008, la élite empresarial de Rusia temía que el Kremlin se aprovechara de sus aprietos de deuda para hacerse con importantes activos. En lugar de eso, mientras que los rescates de los países de Occidente en algunos casos barrieron con los accionistas, las autoridades rusas hasta ahora han procurado proteger los intereses de los multimillonarios que controlan gran parte de la industria.

Las olas de bancarrotas y nacionalizaciones que muchos veían venir habrían sido demasiado desestabilizadoras como para arriesgarse, según asesores del gobierno. Al mantener a los oligarcas leales a flote, el gobierno contuvo el impacto político de la crisis financiera al limitar los despidos. Los magnates, por su parte, les han devuelto el favor jugando a menudo el papel de chivo expiatorio en la televisión estatal. Putin "necesita que haya una multiplicidad de oligarcas para mantener su poder", dijo una persona cercana a Rusal.

Pese a sus esfuerzos por afianzar empresas estatales y sus duros comentarios sobre los magnates, Putin ha dependido de ellos para operar muchos de los complejos industriales que Rusia heredó de la Unión Soviética. Antes de la crisis, los oligarcas más dinámicos, como Deripaska, se convirtieron en embajadores de la expansión económica de Rusia al adquirir activos en el exterior.

Desde entonces, los magnates han proporcionado el motor capitalista que impulsa el sistema dominado por el Kremlin de Putin.

Aún no queda claro cuál es exactamente la relación de Deripaska con el Kremlin. Ambas partes aseguran que es puramente empresarial.  Deripaska, no obstante, tiene buenos contactos y acceso directo a Putin y otros altos funcionarios, según gente allegada a él.  Deripaska a menudo forma parte de la delegación de empresarios que acompaña a Putin y al presidente Dmitry Medvevev cuando viajan al exterior. El magnate de 42 años ha invertido considerablemente en proyectos respaldados por el Kremlin, como los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en la ciudad de Sochi. También gana puntos por sus esfuerzos por salvar gigantes rusos como la planta automotriz OAO GAZ y un fabricante de aviones. Al igual que los demás oligarcas, evita cualquier tipo de actividad política independiente.  Estados Unidos y Canadá le han denegado visas a Deripaska por sospechas de posibles lazos con el crimen organizado. Él lo niega y nunca se le ha acusado de un crimen. Tiene un juicio pendiente en Londres en el que un ex socio lo acusa de que le debe una participación de 13% en Rusal; Deripaska lo rechaza.  La industria del aluminio fue una de las más rentables durante el caos que siguió a la caída de la Unión Soviética en 1991. Para fines de los 90, Deripaska controlaba una gran parte del sector. En 2000, Putin reemplazó a Boris Yeltsin como presidente y Deripaska empezó a diversificarse a las industrias automotriz, aérea, financiera y de construcción. En 2001, se casó con Polina Yumasheva, hija de un alto funcionario del Kremlin durante el mandato de Yeltsin.  Deripaska asegura que no obtiene ningún beneficio político o empresarial de su matrimonio.  El magnate compró las participaciones de sus socios en Rusal, que tenía un amplio flujo de caja gracias al alza de los precios de los metales y bajos impuestos. Con préstamos de bancos extranjeros, Deripaska acumuló una deuda de casi US$30.000 millones. Sin embargo, la crisis financiera redujo el valor de los activos contra los cuales él y otros magnates habían tomado préstamos. Los bancos les exigieron más colateral, que no podían satisfacer.  Los acreedores confiscaron una participación de 20% que Deripaska había adquirido en el fabricante de autopartes canadiense Magna International Inc. Rusal también enfrentó el riesgo de perder una participación de 25% que había comprado en OAO Norilsk Nickel.  Los bancos extranjeros que en su momento se apresuraron a prestarle adoptaron una postura dura. Algunos, receptores de rescates en sus países, no se atrevieron a mostrarse generosos con clientes extranjeros.

Agobiados por sus deudas, los oligarcas le rogaron al Kremlin que los ayudara, y éste cedió por temor a que activos estratégicos quedaran en manos extranjeras. Días antes de que se venciera el plazo de deudas, Vneshekonombank (VEB), el banco estatal donde Putin es presidente del directorio, le prestó a Rusal US$4.500 millones para que pagara su obligación.  A medida que los precios de los metales caían, el imperio de Deripaska parecía el más vulnerable a sucumbir a los acreedores. El magnate, sin embargo, trabajó incansablemente para salvar su negocio. Volvió a la presidencia ejecutiva de Rusal después de varios años, se abocó a reducir costos y rechazó ofertas para vender activos a precios de ganga.

El gobierno colocó varias de las empresas de Deripaska en una lista de firmas que recibirían ayuda estatal. Aunque las autoridades dicen que no se trató de un rescate, los analistas dicen que equivalió a eso. Deripaska niega que fue rescatado. A mediados de 2009, el magnate revivió planes para una oferta pública de Rusal y Putin aprobó un plan para invertir unos US$700 millones en la oferta a través de VEB.

Cuando reguladores de Hong Kong, donde se realizaría la operación, pidieron garantías de que Rusal no quebraría, Sberbank, otro banco ruso salió al rescate. Ofreció refinanciar la deuda de Rusal y estudia comprar acciones

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