Opinión/En síntesis/Vulgaridad 5 Colombia 0

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noviembre 24 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-24

Se quejan los dueños de equipos y comentaristas de fútbol de la escasa asistencia a las tribunas incluso en épocas como éstas en las que se disputan las finales que permitirán saber quien se llevará los laureles del campeonato colombiano.

Las noticias del día a día registran con pasmosa asiduidad el apuñalamiento de un hincha en una calle, la confrontación de grupos de seguidores en cualquier sitio, cuando no los desmanes que los mismos hinchas provocan en los desplazamientos que hacen para presenciar sus divisas en los estadios del país.

Asistir a un encuentro futbolero es hoy en día cosa de alto riesgo, he tenido la oportunidad de presenciar espectáculos de esta naturaleza en varias plazas del territorio nacional y puedo afirmar que en muchos escenarios se respira un ambiente de espanto en el que vitorear el accionar del visitante o portar sus distintivos genera un riesgo cierto de lesión o improperio.

Las vulgaridades más atroces, los insultos más vehementes, la más absoluta intolerancia campea olímpicamente en las tribunas.

El espectáculo del fútbol dejó de ser desde hace mucho un espectáculo familiar. Lo único que varía según la localidad en la que se ingrese y el equipo que compita es la intensidad del barbarismo que milita en los estadios.

El consumo de sustancias psicotrópicas, el acceso sin inconvenientes a bebidas embriagantes, la manipulación de pólvora y el ingreso de armas contundentes, punzantes y corto punzantes es una constante irremediable.

La fuerza pública hace lo que puede en el control de esas hordas barbáricas, sufriendo siempre vejámenes e insultos inaceptables y en no pocas veces heridas y contusiones.

El fútbol como espectáculo presencial esta herido de muerte. No existe razón justificativa para que pueda un padre llevar a sus hijos a un bazar del irrespeto, como no sea que aspire a que se prepare para sobrevivir en una asonada o en una guerra irregular.

Los equipos de fútbol y en particular las organizaciones deportivas que los agrupan están en la obligación de asumir la responsabilidad que les cabe en este asunto, en cuanto sus beneficios se derivan de ella.

No pueden seguirse lucrando impunemente algunos con la sangre de colombianos que se derrama no solo en las graderías sino en las calles a causa de usar una camiseta de tal o cual color.

Es hora de explorar la responsabilidad de los clubes en la atrocidad de la guerra del fútbol a través del paradigma de la responsabilidad civil según la cual quien se beneficia de una actividad debe asumir los riesgos que esta genera.

Todos nuestros escenarios deportivos carentes de medidas de seguridad que permitan identificar al autor de una infracción deberían ser cerrados hasta tanto no cuenten con las especificaciones que permitan hacer justicia colocando los vándalos donde deben estar. No esperemos hasta que se derrumbe la pirámide del linchamiento de personas en un estadio para hacer algo.

Por Wilson Leal
Abogado administrativista 

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