Oportunidad de paz

Oportunidad de paz

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mayo 29 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-29

La muerte de 'Manuel Marulanda', líder histórico de las Farc, puede convertirse en una oportunidad para buscar la paz de Colombia.

Una oportunidad para que Gobierno y guerrilla se sienten a negociar la reconciliación y el fin del conflicto. Una oportunidad cierta para la liberación de todos los secuestrados, hombres y mujeres que, en algunos casos, llevan más de una década en el más inhumano sufrimiento.

Lo demás es secundario. Incluso el hecho de que el Gobierno manejó mal el anuncio de tan importante tema. Pocas noticias más significativas para todos los colombianos, que la muerte de 'Marulanda'; y quizás la más destacada del mandato de Álvaro Uribe, cuyo enfoque esencial, ha sido luchar contra esta organización.

Y sin embargo, nadie salió a las calles con banderas de Colombia, como ocurre cuando Colombia gana un partido de fútbol. El Gobierno perdió la enorme oportunidad de dar la noticia con la solemnidad del caso, con el presidente Uribe a la cabeza junto a los comandantes militares y de Policía, artífices de este triunfo, y producir con ello un hecho de impacto para la opinión pública nacional e internacional. Al contrario, decidieron darla a un solo medio de comunicación y como un rumor sin confirmar. Increíble. Un anuncio sin discurso, sin mensaje.

Pero lo fundamental es el hecho. 'Alfonso Cano', sucesor de 'Marulanda', viene de la universidad, del ala política de la organización y se enfrenta a un dilema esencial: sigue por el camino absurdo de la guerra, el narcotráfico, el secuestro, o se dedica a buscar en serio una negociación con el Gobierno. La que no hizo 'Marulanda' en el Caguán, con lo cual selló su triste final. Colombia y el mundo entero cerraron filas contra el terrorismo: cero tolerancia frente a estos crímenes, vengan de donde vengan.
Ni siquiera el ideal bolivariano impulsado por Hugo Chávez puede darle oxígeno a las Farc, mientras persistan por ese camino.

Puede sí, convertirse en un punto de llegada político una vez desmovilizados, desarmados y reintegrados a la vida civil. Que los
administre él, perfecto.

Hoy la correlación de fuerzas entre el Estado y las Farc, que es lo que define los términos de una negociación, es favorable al Gobierno y a la sociedad gracias, en buena medida, a la política de Seguridad Democrática impulsada por el presidente Uribe. Y 'Cano' sabe bien esta realidad.

La muerte de 'Marulanda' deja a esta guerrilla, además, como una federación de grupos cada uno con su jefe, ya que la unidad encarnada por su fundador, desapareció.

No veo a Uribe, sin embargo, negociando con las Farc ni pensando en ello. Su bandera frente a ellos parece ser patria o muerte. Los recibe, si deciden entregarse, pero no les va a ofrecer nada a cambio.

Hay que construir entonces esa opción política. Recoger las banderas de la Seguridad Democrática, mantenerlas, pero abrir la posibilidad de negociar con las Farc y hacer de esto -de un posible acuerdo, de un país post-conflicto, de una reconciliación nacional- el corazón de una nueva propuesta política para Colombia. Una nueva propuesta que incluya, además, buscar la legalización de la droga a nivel mundial para acabar con la guerra en su origen.

No se trata de reconocer o legitimar a las Farc. No. Se trata de negociar con ellos y lograr su desmovilización y desarme. Que es en buena parte lo que va a ocurrir, en una organización que perdió su ideal político, está herida de muerte en su interior y la deserción de sus miembros se va a incrementar. Es el momento para que en Colombia se abran las opciones y el escenario de la política.

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