Oportunidad perdida

Aunque a veces otras noticias ocupan los titulares de prensa, resulta imposible escaparse al hecho de que el 2010 es un año electoral en Colombia. Tanto las vallas publicitarias que empiezan a aparecer en carreteras, pueblos y ciudades, como el propio devenir del debate público son un ejemplo de ello. Incluso el Presidente de la República, en medio de la incertidumbre sobre su postulación –que depende de la suerte del referendo– decidió modificar su rutina diaria.

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enero 22 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-22

Pero si ese tema sigue pendiente de una definición, hay que mirar también lo que pasa en otros frentes. Es una verdadera lástima, por ejemplo, que el domingo 14 de marzo no se celebren más consultas populares para elegir candidatos presidenciales. Después del boom que se anunciaba el año pasado, cuando casi todos los partidos y sectores preparaban comicios internos para definir sus aspirantes, el cambio es evidente. Lo que apuntaba a animar la votación de las elecciones parlamentarias de esa jornada –algo que siempre viene bien en un país con un Congreso tan desprestigiado y con tanta abstención–, al final sólo tendrá dos competencias: la de los conservadores, en la que estarán Noemí Sanín, Andrés Felipe Arias y varios nombres más; y la que han anunciado los llamados tres tenores, Enrique Peñalosa, Antanas Mockus y Luis Eduardo Garzón. Bueno es recordar que las consultas del Partido Liberal y del Polo Democrático ya ocurrieron, en septiembre. Pero también vale destacar que tuvieron una pobre participación, justamente porque no se trataba de un domingo electoral tradicional. Pero eso cambiará en mes y medio, cuando los votantes definan la conformación de las Cámaras. El problema es que en esta ocasión el mecanismo será muy poco usado, lo cual hace añorar otro escenario. Basta imaginar lo que sería la competencia del 14 de marzo con la consulta conservadora, la de los tres tenores, la del Polo y la del liberalismo, a más de alguna otra entre uribistas, que mucho se anunció, pero nunca cuajó. En un país con tanta tradición abstencionista, de seguro eso habría elevado la participación a niveles desconocidos. Pero las necesidades políticas del liberalismo y del Polo, y sus propias expectativas de hacer una segunda consulta en la que tomarán parte varias colectividades, ésa si en marzo, los llevaron a anticipar sus votaciones internas, cuando los electores veían aún muy lejos la campaña. Ahora, aún así, si se hubiesen dado los acuerdos para la utilización de dicho mecanismo –que no tiene precedente en la historia política nacional–, habría valido la pena el esfuerzo ya hecho. Pero como se sabe, los contactos entre el candidato y jefe liberal, Rafael Pardo, con el también candidato y jefe de Cambio Radical, Germán Vargas, fracasaron, lo mismo que aquellas conversaciones que sostuvo el primero con el candidato del Polo Democrático, Gustavo Petro. Y cualquier posibilidad de una consulta interpartidista, entre ellos tres o entre Pardo y cualquiera de los otro dos, se desvaneció. En Colombia, los partidos están desprestigiados y no terminan de conformarse debidamente para dejar de ser montoneras de caciques y convertirse, por fin, en verdaderas organizaciones políticas con definidas banderas ideológicas. Por eso, las consultas, celebradas en una fecha de mayor flujo de electores como lo es sin duda la votación parlamentaria que se acerca, podrían convertirse en una herramienta fundamental para democratizar las decisiones de candidatura, definir los perfiles ideológicos y, además, atraer más electores a las urnas. Esta vez, no será así. Sólo los conservadores podrán aprovechar la ocasión, y quizás, en alguna medida, los tres tenores. Pero los demás sectores, el liberalismo, el Polo, Cambio Radical y los partidos uribistas pasarán ese día en blanco, desde el punto de vista del eventual impulso que habrían podido darles a sus candidatos presidenciales y a sus propias organizaciones. La gran oportunidad de una jornada electoral que podría haber sido histórica, tanto en materia de definiciones, como de número de votantes, se perdió. ORLLOP

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