El optimismo reina entre los empresarios del mundo

Ayer se inauguró oficialmente el Foro Económico Mundial de Davos con un mensaje del papa Francisco.

Klaus Schwab, fundador y presidente del FEM, saluda durante la ceremonia de bienvenida, ayer en Davos.

AFP

Klaus Schwab, fundador y presidente del FEM, saluda durante la ceremonia de bienvenida, ayer en Davos.

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enero 22 de 2014 - 02:01 a.m.
2014-01-22

Los líderes empresariales del mundo, reunidos en su foro anual en Davos (Suiza), muestran más confianza respecto a las perspectivas para sus compañías y un optimismo aún mayor en relación con el panorama económico general.

Aun así, siguen teniendo una larga lista de preocupaciones, mostró el sondeo anual de PricewaterhouseCoopers (PwC) hecho entre más de 1.300 presidentes ejecutivos del orbe.

Los líderes de negocios se sienten animados por pronósticos más optimistas tanto para Estados Unidos como para Europa, pero no necesitan mirar demasiado lejos para encontrar futuras amenazas: una desaceleración preocupante en mercados emergentes, incertidumbre sobre la reducción del estímulo por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos y preocupaciones por una regulación más intensa.

La encuesta de PwC indicó que el 39 por ciento de los encuestados estaba “muy confiado” de que los ingresos de sus empresas crecerían en el 2014, por encima del 36 por ciento del año pasado.

Aunque la tendencia es alentadora, la lectura sigue por debajo de los niveles superiores a 50 por ciento registrados en el 2007 y el 2008, lo que subraya el hecho de que el retorno al crecimiento es frágil e incierto.

Significativamente, los CEO se mostraron más optimistas a la hora de evaluar los pronósticos macroeconómicos que los de sus propias compañías.

Un 44 por ciento cree que la economía global va a mejorar en los próximos 12 meses, contra 18 por ciento del año anterior.

INAUGURACIÓN

La 44 edición del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Suiza, fue inaugurada ayer con un novedoso mensaje del papa Francisco, quien pidió a la élite política y empresarial un esfuerzo frente a la desigualdad. Luego del tradicional discurso de bienvenida de Klaus Schwab, fundador del FEM, el cardenal Peter Turkson leyó un escrito del máximo jerarca de la Iglesia Católica en el cual advirtió que pese a que la economía moderna ha logrado grandes avances en educación y sanidad, “a menudo ha llevado aparejada una amplia exclusión social”; asimismo, abogó por un “renovado, profundo y amplio sentido de la responsabilidad por parte de todos”.

Tras el mensaje, el FEM galardonó con el ‘Crystal Award’ al actor norteamericano Matt Damon, cofundador de Water.org; a Lorin Maazel, director de la Orquesta Filarmónica de Múnich; a la artista visual iraní Shirin Neshat, y al tenor peruano Juan Diego Flórez, por sus labores humanitarias.

LA REDUCCIÓN DE LA DESIGUALDAD IMPULSARÁ EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Guy Ryder

Director General de la OIT

A primera vista, podría parecer que la cumbre de Davos de este año comienza bajo un buen auspicio, con la noticia de que la economía mundial se está recuperando más rápido que lo previsto.

Sin embargo, un análisis más detenido de la situación revela un desajuste potencialmente peligroso entre las ganancias y las personas.

Los beneficios de las empresas están en alza y los mercados de valores mundiales esperan otro año de abundancia.

Pero, al mismo tiempo, el desempleo y los ingresos de los hogares están estancados.

El informe Tendencias Mundiales del Empleo 2014 de la OIT muestra con claridad que la modesta recuperación económica no se ha traducido en una mejoría de los mercados laborales en la mayoría de los países.

Las empresas han preferido acumular efectivo o recomprar sus propias acciones, en vez de invertir en la capacidad productiva y en la creación de empleo.

En parte, este es el resultado de una debilidad prolongada de la demanda agregada, tanto a nivel nacional como mundial.

Lo anterior se ve agravado por la incertidumbre sobre dónde se originarán las nuevas fuentes de demanda y sobre las políticas públicas, por ejemplo la reforma del sector financiero.

El incremento de los flujos de ganancias y liquidez en los mercados de valores, en vez que en la economía real, no solo aumenta el riesgo de las burbujas bursátiles y del sector inmobiliario, sino que perjudica las perspectivas del empleo a largo plazo.

En los países en desarrollo, el empleo informal sigue siendo muy extendido en tanto el ritmo con el que progresa la calidad del empleo está disminuyendo. Esto significa que un número menor de trabajadores está saliendo de la pobreza.

Si sumamos el hecho de que en la mayoría de los países los trabajadores están recibiendo una parte más pequeña del ingreso nacional y de los beneficios de la productividad, mientras que una cantidad mayor del ingreso es destinada a las ganancias, estamos frente a un problema grave.

La desigualdad se refleja en los ingresos deprimidos de la mayoría de las familias y, por lo tanto, frena el crecimiento del consumo, lo que a su vez limita el crecimiento económico.

También genera una frustración en la población, aumentando el riesgo de inestabilidad; la tensión actual en muchos países es alimentada por la percepción de injusticia.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, lo reconoció cuando recientemente definió la desigualdad como “el mayor desafío de nuestro tiempo”.

Impulsar la demanda de bienes y servicios contribuirá en gran medida a crear los incentivos necesarios para que las empresas se desarrollen y creen empleos.

Ello implica distanciarse de la consolidación fiscal agresiva adoptada por muchos países, y supone que los trabajadores reciban una mayor parte del ingreso nacional, así como abordar el estancamiento de los salarios y el alto desempleo, que han mantenido bajo el gasto de los hogares.

El incremento de los salarios produce un aumento de la demanda, de manera que una parte esencial de la solución es establecer salarios mínimos adecuados y adoptar políticas que fortalezcan los vínculos entre estos y la productividad.

De hecho, el presidente Obama instó a aumentar el salario mínimo y una propuesta similar está siendo discutida en Gran Bretaña, mientras que el nuevo Gobierno de Alemania decidió crear un salario mínimo nacional por primera vez.

Debemos concentrarnos en la economía productiva; comprometernos firmemente a invertir en las personas, las competencias y los empleos, y reducir la disparidad económica.

Si no logramos superar situaciones como la crisis del empleo juvenil, el desempleo por largo tiempo y otros problemas apremiantes del mercado laboral, estaremos destruyendo la esperanza de un crecimiento sostenible y sembrando las semillas de nuevas tensiones sociales, quizá aún más graves.

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