Pacto contra la reelección

Ahora que los argumentos a favor o en contra de la reelección no hacen referencia a una persona en particular es posible ver los daños y perjuicios que esta figura le causa a las instituciones.

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abril 26 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-26

El Gobierno ha vuelto a presentar el funesto proyecto de reelección inmediata de alcaldes y gobernadores. Uno de los argumentos para sustentarlo es el principio de igualdad, pues se dice que si el Presidente tiene la posibilidad de ser reelegido también la deberían tener los mandatarios regionales.

Por supuesto que el principio de igualdad se debe respetar, pero la mejor manera de hacerlo es volver a la Constitución del 91 y prohibir la reelección presidencial, de manera que todos los ciudadanos puedan aspirar a ser elegidos en iguales condiciones sin competir con los mandatarios en ejercicio que tienen todo el aparato estatal a su disposición.

El debate sobre la reelección en Colombia se planteó de una manera subjetiva y apasionada, porque no era sobre las ventajas o desventajas de la figura de la reelección en sí misma, sino sobre la posibilidad de reelegir al presidente Uribe. Es decir, no era un debate institucional, sino personal.

De hecho, aún algunos de los defensores de la conveniencia del tercer período de Uribe reconocían en discusiones privadas que después de él se debería volver a prohibir la reelección en Colombia, porque no se sabía quién iba a llegar a la Presidencia y cómo la usaría para ganar las elecciones.

Ahora que los argumentos a favor o en contra de la reelección no hacen referencia a una persona en particular es posible ver con claridad los daños y perjuicios que esta figura le causa a las instituciones democráticas en Colombia, que en la Constitución del 91 fueron diseñadas con la prohibición expresa de la reelección, de manera que al cambiar un 'articulito' se rompió el sistema de equilibrio y control entre las ramas del poder público, poniendo en riesgo la autonomía de la Corte Constitucional, de la Fiscalía, de la junta directiva del Banco de la República, de la Contraloría y de la Procuraduría.

De otra parte, la reelección también perjudica la gobernabilidad y la transparencia de cualquier gobierno. Lo dijo el mismo Uribe, cuando era candidato en el 2002: "La reelección inmediata no me convence, porque entonces se puede poner el Gobierno a buscarla". Basta imaginar el caos que crearían 1.000 alcaldes, 32 gobernadores y un Presidente, dedicados todos no a gobernar, sino a conquistar políticos y votos para hacerse reelegir.

Para evitar estos problemas los candidatos a la presidencia deberían firmar un compromiso de tramitar en el Congreso una reforma política que prohiba la reelección. Como sí es cierto que un período presidencial de cuatros puede ser muy corto la reforma podría incluir la extensión del mandato a cinco años.

Lo que hace factible este pacto es que, por distintas razones, los seis principales candidatos tendrían razones para firmarlo o por lo menos para no oponerse: Germán Vargas, porque ya lanzó una propuesta similar; Rafael Pardo, porque la no reelección corresponde a los principios liberales y es el retorno a la Constitución del 91 promovida por el partido; Petro, por esta última razón y, porque se disminuiría el temor de la derecha a un gobierno de izquierda si es por un sólo período; Mockus, por razones personales y, porque comprometerse a un sólo período abriría paso a las aspiraciones de Fajardo y a los otros dos tenores.

En cuanto a Noemí, le debe ser indiferente, dadas las bajas posibilidades actuales o futuras del Partido Conservador de ganar la Presidencia. Santos, por su parte, sería el único que tendría razones para oponerse al pacto, pues ha sido un defensor acérrimo de la reelección y no hay duda de que le gustaría reelegirse; sin embargo, ante la perspectiva cada vez más clara de perder en la segunda vuelta, lo que más le conviene es no tener que esperar otros ocho años para rearmar la colcha de retazos del partido de 'La U'.

mcabrera@cabreraybedoya.com

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