Algunos países buscan saciar demanda interna alquilando cultivos extranjeros

Algunos países buscan saciar demanda interna alquilando cultivos extranjeros

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julio 17 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-17

Las naciones emergentes están tratando de sacarle partido a
la crisis global de alimentos arrendando sus tierras cultivables a los grandes importadores de cultivos, una nueva tendencia que está generando quejas de los agricultores en algunos países preo cupados por su propio suministro de alimentos.

El último ejemplo es un plan del gobierno de Indonesia para cultivar arroz, caña de azúcar y soya en la isla de Papúa. Los promotores del proyecto se han reunido con inversionistas de Aarabia Saudita buscando cientos de millones de dólares a cambio de dedicar parte de sus cultivos al país árabe. Arabia Saudita y otras naciones están de caza por el globo buscando inversiones agrarias para asegurar su suministro de cultivos esenciales como trigo, arroz y maíz. Pero hay un gran riesgo en la nueva tendencia.

Países como Indonesia han registrado protestas por el alza de los alimentos y la idea de atraer inversiones a cambio de exportar cultivos podría causar agitación.

Ese fue un tema contencioso cuando Filipinas anunció acuerdos con inversionistas chinos por US$5.000 millones para cultivar arroz, maíz y sorgo. En los últimos años, los agricultores filipinos han sufrido para alimentar a sus familias debido a una escasez crónica de inversión en el sector, y no recibieron bien la idea. El gobierno eventualmente suspendió los planes, aunque espera mandar una delegación a China para explorar otras posibilidades de inversiones agrícolas.

Khalid Zainy, un empresario saudita involucrado en la iniciativa de su país de buscar inversiones agrícolas, dice que los acuerdos con gobiernos extranjeros destinarán un porcentaje de los cultivos a ventas locales, "para asegurar que los proyectos no se vean interrumpidos".

Es probable que en los próximos años afl oren más acuerdos de este tipo. Inversionistas de China, que importa grandes cantidades de soya y aceite de palma, están comprando terrenos cultivables en África y el sudeste asiático. Corea del Sur quiere invertir en un proyecto agrícola de 270.000 hectáreas en Mongolia. Malasia, un gran productor de aceite de palma, está desarrollando plantaciones en Africa y América Latina y hace poco anunció que desarrollará 100.000 hectáreas de plantaciones de aceite de palma en la cuenca del río Amazonas, en Brasil.

En Arabia Saudita, la cantidad gastada en importar comida ha aumentado 19% cada año en los últimos cuatro años, a US$12.000 millones en 2007, convirtiendo al país en el mayor importador de comida del Medio Oriente, según un estudio del banco saudita SABB. El gobierno saudita quiere invertir a través de sociedades mixtas en proyectos agrícolas en naciones con tierra fértil, entre ellas Filipinas, Senegal y Sudán.

Los partidarios de este tipo de acuerdos argumentan que el influjo de capital y conocimiento técnico hacia países con bajo rendimiento agrícola aumentará su producción y benefi ciará a la industria local. Sin embargo, como el ejemplo de Indonesia demuestra, es una propuesta complicada. Este año, una carestía de aceite provocó protestas en Yakarta. Indonesia es el mayor productor de aceite de palma del mundo, pero las compañías venden su producción en el extranjero porque los precios son mayores.

La provincia indonesa de Papúa es una de las más pobres, con pocas carreteras. El año pasado, al gobierno local de Merauke, un distrito pantanoso, se le ocurrió convertirse en un centro de producción alimentaria. Medco Group, un conglomerado indonesio, ofreció apoyo fi nanciero al plan de Merauke. En abril, presentaron la idea al gobierno central, buscando un millón de hectáreas para cultivar caña de azúcar, arroz, soya, maíz y sorgo. Dos tercios de los cultivos se destinarían a la producción de etanol. Se trata de un proyecto monumental, con planes para 2.200 kilómetros de carreteras, tres puertos, 400 kilómetros de sistemas de irrigación y una planta eléctrica de 500 megavatios.

El gobierno dijo que promocionaría el plan y una delegación oficial se reunió el mes pasado con inversionistas sauditas, entre ellos Zainy, quien informó que no se ha llegado a ningún acuerdo. Indonesia estima que el proyecto aumentaría la producción de arroz en seis millones de toneladas por año (la producción total de 2008 se estima en 33 millones de toneladas, para consumo interno). En el futuro, se dará prioridad a las necesidades locales antes de que el arroz se exporte, garantiza Hilman Manan, director de la división de manejo de tierra y agua del ministerio de Agricultura de Indonesia.

Otros dicen que el plan destruirá los bosques vírgenes de eucalipto y que secar las ciénagas para uso agrícola liberará mucho CO2. Conseguir el beneplácito de los habitantes también podría resultar complicado. La mayoría depende de la tierra para cazar. "La clave es cómo benefi ciar a los habitantes locales", dice Rizal Ramli, ex ministro de economía de Indonesia.

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