Los países que tienen cuentas claras no deben preocuparse

No pasaron muchas horas desde que estallara la crisis que condujo a la abrupta devaluación del peso argentino la semana pasada, antes que algún medio rescatara un titular que se ha usado varias veces: “vuelve el efecto tango”.

Mark Carney, gerente del Banco de Inglaterra y Christine Lagarde, directora del FMI.

Bloomberg

Mark Carney, gerente del Banco de Inglaterra y Christine Lagarde, directora del FMI.

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enero 27 de 2014 - 02:45 a.m.
2014-01-27

Detrás de la frase, el mensaje de fondo era que las economías emergentes estarían retornando a una fase de volatilidad similar a la que se vio a finales de la década de los noventa, cuando las fichas del dominó cayeron en muchas partes.

Esa fue la sensación que algunos de los participantes en el Foro Económico Mundial de Davos que terminó el sábado, empezaron a tener. “Esto confirma que hay que concentrarse en los mercados más maduros, en donde el riesgo sea manejable y hay mayor posibilidad de valorizaciones”, señaló un banquero de inversión europeo.

Sin embargo, los que saben de estas cosas afirmaron que la realidad actual es muy diferente. Para comenzar, los bancos centrales influyen de distinta forma sobre la tasa de cambio, a sabiendas de que dejarla flotar sin soltar en exceso la rienda, es una estrategia adecuada.

“El manejo es mucho más profesional ahora. Me atrevería a decir que no es comparable con lo de hace 15 o 20 años”, anotó Enrique García, presidente de la Corporación Andina de Fomento.

Por otro lado, la época de las generalizaciones también ha quedado atrás. Aunque es fácil hacer caracterizaciones y sostener que al sur de la línea ecuatorial todo es más o menos lo mismo, lo cierto es que los especialistas saben hacer distinciones con nombre propio.

Puesto de otra forma, no a todos se les ve igual, como pasó con las variaciones de las tasas de cambio. De tal manera, mientras el peso argentino retrocedió cerca de 15 por ciento en una semana, el mexicano lo hizo en apenas 4 por ciento.

“Cada vez hay una capacidad mayor para analizar las fortalezas y debilidades individuales de los países emergentes”, sostuvo el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno. “Por esa razón, y sin desconocer el sacudón inicial, la verdad es que los que tienen sus cuentas claras no tienen de qué preocuparse”, añadió.

Dicho lo anterior, la cabeza de la entidad multilateral sostuvo que hay que hacer la tarea de explicar la realidad de cada cual. “Por eso es muy bueno que Colombia venga a eventos como el de Davos y que tanto el Presidente como los ministros muestren las cifras y los resultados, porque si uno no cuenta la historia, alguien la cuenta por uno”, puntualizó Moreno.

Semejante estrategia fue seguida por otros países latinoamericanos. El caso más notorio fue el de Brasil, cuya presidenta Dilma Rousseff vino por primera vez a la cita alpina a enviar el mensaje de que la realidad en la nación más grande de la región, no es como la pintan.

También Perú hizo presencia con su primer ministro, así como Chile a pesar del próximo cambio de gobierno. De hecho, el saliente ministro de finanzas, Felipe Larraín, fue insistente al decir que más allá de las nuevas prioridades que fije Michelle Bachelet cuando regrese al Palacio de la Moneda en marzo, la continuidad en el manejo económico, o el compromiso con la Alianza del Pacífico, se mantienen.

En medio de las turbulencias, la situación de Colombia se ve relativamente tranquila. El motivo principal fue la colocación de una emisión de bonos a 30 años de plazo, al precio más bajo de la historia, en el momento preciso. “Un día después, habría sido imposible porque así nos tengan confianza el ambiente se enrarece”, reconoció el Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

¿Suerte o habilidad? La verdad es que fue una mezcla de ambas. Y como consecuencia, el país puede enfrentar con mucha más fortaleza que otros un temporal cuya duración aún no está clara.

Por ahora, sólo se sabe que si la agitación sigue, no vamos a ser los primeros a la hora de tener que salir a bailar este tango.

ROUSSEFF PIDIÓ A INVERSIONISTAS CONFIAR EN LA ECONOMÍA BRASILEÑA

Dentro de los mandatarios que se hicieron presentes por primera vez en Davos, algunos lo hicieron porque querían enviarle un mensaje a occidente.

Tal fue el caso del iraní Hassan Rouhani, quien con su presencia en la pequeña población suiza señaló que en Teherán sopla un viento de mayor apertura, el cual va más allá de permitir un monitoreo más cercano de su programa nuclear.

Otros, en cambio, tuvieron como justificación la necesidad de decirles de viva voz a los inversionistas que su realidad es distinta a lo que se cuenta. Ese fue el caso de la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, quien en octubre tiene una cita con las urnas. En caso de que triunfe, como lo indican las encuestas, continuaría por un periodo adicional en el palacio de Planalto en Brasilia.

Sin embargo, una de las condiciones para su victoria es que la situación de la economía brasileña no se deteriore y que mantenga la confianza de los inversionistas. Ese requisito es fundamental, sobre todo después de un par de años de pobre crecimiento, que han influido negativamente sobre el promedio de América Latina.

Dentro de las explicaciones que se han ofrecido es la incapacidad del aparato estatal de hacer las cosas bien y, menos aún, de cumplir con lo prometido. Un ejemplo es la preocupación ante el ritmo que tienen las obras programadas para que el Mundial de Fútbol de mediados del año se juegue en las condiciones adecuadas.

En respuesta, la mandataria insistió en Davos que su país marcha por el camino correcto. No solo señaló los avances sociales alcanzados, que incluyen una baja notoria de la pobreza -de la cual salieron 36 millones de personas-, sino la expansión de la clase media. “Además hemos reducido la desigualdad en forma consistente”, dijo Rousseff el viernes pasado.

No obstante, la fortaleza de esos avances depende de que el desempleo se mantenga bajo y la inversión aumente, en un escenario de relativa estrechez fiscal. En consecuencia, el atraer capitales privados se vuelve algo crucial.

¿En qué sectores se abren las puertas? El primero es la infraestructura, como lo demostró la privatización de los aeropuertos o la posibilidad de que el sector privado pueda desarrollar puertos fluviales o marítimos. No menos importantes son las necesidades en materia energética, tanto para desarrollar los depósitos encontrados en lo profundo del Océano Atlántico, como para continuar con labores de exploración.

Pero aparte de esos casos específicos, el mensaje de fondo es que el gobierno brasileño, que a lo largo de los tres años pasados ha enviado señales contradictorias, quiere ahora ofrecerse como un buen sitio para hacer negocios. Y eso pasa por colgar un letrero que no solo se les seguirá mostrando a los turistas, sino también a los empresarios y que dice ‘bem-vindos’.

Ricardo Ávila Pinto

Director Portafolio

Davos (Suiza)

 

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