Panamá: ‘boom’ económico y mucho caos

La capital panameña se presenta a sus visitantes como un abigarrado paisaje de rascacielos, la mayoría a medio construir, donde la opulencia y la pobreza comparten estrechamente basura en las calles, ruidos de obras día y noche, un tráfico colapsado constantemente y una bahía contaminada y hedionda por la aguas servidas por alrededor de un millón de habitantes de esta ciudad.

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julio 05 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-05

“Lo que está ocurriendo es para llorar, es un deterioro a pasos agigantados, con el beneplácito, la complacencia y la complicidad del Gobierno”, dijo la arquitecta y ambientalista Raisa Bomsfield, directora del Centro de Incidencia Ambiental y secretaria general de la Alianza Pro Ciudad, organizaciones no gubernamentales panameñas. “La publicidad internacional que hacen los promotores inmobiliarios de esa ciudad es una gran estafa que ya ha sido objeto de varias demandas judiciales sin que de nada haya servido”, explicó, por su parte, la prestigiosa arquitecta panameña Laura Candanedo. Ella se refire a las presentaciones que la mayoría de empresas inmobiliarias hacen para atraer inversionistas en las que se muestran modernos edificios, muy bien alineaos, rodeados de zonas verdes y recreativas a orillas de un mar cristalino. “Otro problema es, además, que muchos de esos edificios, supuestamente de lujo, nunca se empiezan o terminan de construir después de haber sido vendidos, sin que se les devuelva a sus compradores, con la complicidad de la Justicia de este país”, agregó. Entre una multitud de inversores a título individual, todas las grandes empresas constructoras presentes en el país y consultadas por Efe se limitaron a señalar que se ajustan a la legalidad vigente en materia urbanística. PELIGRO MEDIO AMBIENTAL Bamsfield advirtió, por su lado, del “grave peligro medioambiental” que constituye una ley recientemente aprobada en el Parlamento que permite construir edificios en las llamadas zonas revertidas, en pleno entorno natural que rodea al canal de Panamá a su paso por la capital del país. “Esto amenaza con una extensión del desorden urbanístico que sufre la ciudad y es un atentado contra el medio ambiente”, opinó. Las áreas revertidas son las que permanecieron bajo soberanía de Estados Unidos mientras ese país administró el Canal hasta el 2000, cuando se lo entregó a Panamá. En esas áreas existen algunas de las concentraciones más ricas del continente americano en fauna y flora, y hasta ahora solo se podía construir en ese entorno edificaciones residenciales de dos niveles. Tanto Bansfield como Candanedo recordaron que Panamá se gastó 9 millones de dólares, que aún le está pagando al Banco Intermericano de Desarrollo (BID), para realizar un Plan de Uso de Suelo de las Areas Revertidas”, que no se ha respetado. Asimismo señalaron que en 1997 el Gobierno contrató a la empresa estadounidense Dames and Moore, especialista en ingeniería ambientalista urbana, para que hiciera un Plan Metropolitano de Desarrollo de la capital panameña que costó unos cuatro millones de dólares y que la actual administración del país ha archivado. Miguel Antonio Bernal, catedrático de derecho internacional y candidato independiente a la alcaldía de Ciudad de Panamá, consideró que, en contra de la imagen internacional que impera, “el llamado boom de Panamá no es más que una burbuja, alimentada en gran parte por la práctica del lavado de dinero” y que el país “se encamina a un estallido social”. Los altos índices de crecimiento económico que ha experimentado el país en los últimos años, los más altos de Latinoamérica, no se han traducido en una disminución significativa de la pobreza. Así lo indican los datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y de la Comisión Económica para Latinoamérica (Cepal), que aún sitúan en condiciones de pobreza en torno al 30 por ciento de la población, en un país de poco más de tres millones de habitantes y con un presupuesto del Estado que este año ha llegado a 8.000 millones de dólares. En los sectores más básicos de servicios, una empleada o empleado doméstico, chófer, dependiente comercial, camarero o taxista, los salarios no llegan a los 250 dólares mensuales. Con esos sueldos, los empresarios habitualmente creen cubrir con la contratación de un gran número de trabajadores las deficiencias de su preparación o especialización profesional. El contraste social que se observa en la capital es parecido a la diferencia que existe entre esta ciudad y la segunda urbe del país, Colón, cuya situación y paisaje es comparable con Haití, el país más pobre de Latinoamérica. Reportajes Efe VOCES LEY. La ministra de Vivienda hasta hace dos meses, Balbina Herrera, también fue crítica con el desarrollo urbanístico de la capital panameña y dijo, en una entrevista con ‘Efe’, que por eso ella promovió y consiguió la aprobación de la primera Ley de Urbanismo que ha tenido el país. Esta mujer aspira a ser candidata a la presidencia y este tema será uno de sus puntos prioritarios, aunque milita en el partido actual. El presupuesto no se invierte en infraestructura Caminar por las principales vías de Ciudad de Panamá es prácticamente imposible, por la ausencia o mal estado de aceras, pasos peatonales para cruzar las calles, así como de zonas verdes o recreativas. Transportarse en un vehículo particular significa someterse por un tiempo siempre indeterminado a una guerra en la que, al son de constantes y violentos bocinazos, no existe otra regla que la del más fuerte, sin la más mínima señalización y ante la mirada impotente e indolente de un ejército de policías tan disperso como mal pertrechado. El principal medio de transporte público es una ilimitada flota de enormes y destartalados autobuses llamados ‘Diablos rojos’, que proceden de los deshechos del servicio escolar de Estados Unidos y que en Panamá no pasan los más mínimos controles de seguridad. La mayoría de conductores de esos autobuses los alquilan a primera hora del día, cuando inician entre ellos y con cualquier otro motorizado una verdadera carrera por las principales avenidas de la ciudad para poder conseguir el suficiente número de pasajeros y que la jornada les resulte rentable. Con un presupuesto anual de unos 80 millones de dólares, la administración municipal de la capital panameña se ha caracterizado por su inactividad en lo que se refiere a construcción de infraestructura o instalación o mejora de servicios públicos. El actual burgomaestre de la ciudad, Juan Carlos Navarro, quien lleva diez años en el cargo, justificó esa inactividad por el poco margen de competencias de que disponen las administraciones municipales en Panamá debido a una centralización del poder político.WILABR

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