Tan solo papeles

Es completamente colonial y alcabalero ese apego de los colombianos al papelito, a la fotocopia, a la constancia facsimilar, que todos los días le pone una zancadilla al progreso y riñe con la velocidad y la eficiencia de la vida electrónica. Es más, muchos procesos de agilización digital terminan validándose únicamente con el papelito, como garantía de que las cosas pasaron, que no se las inventó un computador.

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noviembre 23 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-23

Sucedió hace pocos días. Pagué una cuenta en un establecimiento y alguien decidió que mi tarjeta de crédito servía también para cancelar otros consumos. Cuando revisé por Internet el reporte, encontré que la visita a ese restaurante me había salido como si hubiera invitado a un equipo de fútbol. Llamé al banco a poner la queja. Luego de las instrucciones telefónicas hice contacto divino con una señorita de servicio al cliente. Me bloqueó la tarjeta, me tomó los datos, me los confirmó. Fue e hizo una vuelta, volvió, me dio un número de reclamo y cuando me disponía a dar por terminado el asunto, me dijo: “Ahora, señor, tiene que escribir esto en una carta, citar el número que le di y enviarla por fax, porque de lo contrario no se valida su reclamo”. Sus palabras contenían varios mensajes. Primero, no hicimos nada. ¿Para qué el jaleo electrónico, si todo iba a terminar en el papelito? Pero había otro mensaje más grave: el banco tiene esa instancia por la que paga para que no sirva para nada. Si lo que determina la validez del contacto es el papelito, ¿por qué no ir directamente al papelito? Tercero, el banco asume que yo no tengo nada que hacer. Que luego de pasar 20 minutos hablando con una de sus representantes, me puedo sentar a redactar una carta, luego convertirla en un fax y esperar hasta que la máquina me responda Ok sobre el envío. Y no dejar de llamar a verificar que sí haya sido recibido, porque uno nunca sabe… Quién sabe cuántos bosques nos habrá costado la cultura del papelito. Quién sabe cuánto tiempo de personas que en las ventanillas mismas de muchas instituciones, frente a alguien que tiene un computador, reciben la admonición de la falta del papelito, de cualquier clase de fotocopia absurda sin la cual no hay trámite, qué pena, usted verá. No puedo olvidar cuando fui a poner una denuncia por robo y el policía me dio un formato para que fuera a sacar la fotocopia allí no más. “Es que lo que me robaron fue la plata”, aclaré. Ahora bien, uno piensa que las cosas son así cuando se trata del Estado. Porque el Estado está hecho de papel. De mucho papel. En la era de los tiquetes electrónicos, aquí se sigue utilizando ese despropósito práctico y estético que se llama el Pasado Judicial. Pero cuando la empresa privada se aferra al papel en las condiciones descritas, el asunto es como psiquiátrico. Dejo constancia en este papel. Periodista Muchos procesos de agilización digital terminan validándose únicamente con el papelito, como garantía de que las cosas pasaron”.

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