Un parecido que no es coincidencia

Para quienes conocen ambas urbes, las similitudes entre Manizales y Bogotá son pocas, aparte de que son capitales departamentales. Pero en las dos los problemas con los transportadores han afectado a la población.

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marzo 04 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-04

En el caso de la ciudad caldense, el lío ha sido la entrada en marcha de un sistema orientado a poner en orden el entramado de buses y colectivos que llevan a miles de personas a sus sitios de estudio o trabajo. Ello ha implicado la adopción de una tarjeta que sirve para pagar el pasaje y para hacer transferencia de vehículos, beneficiando a quienes se vean en la necesidad de utilizar más de una ruta. Por su parte, el Distrito Capital va un poco más atrás, pero se encamina en el mismo sentido. Y es que dentro de los objetivos del Sistema Integrado de Transporte Público, cuya pronta adopción explica la absurda huelga que ha afectado a millones de bogotanos, está la de impulsar métodos que eliminen el uso de dinero físico y la consabida ‘guerra del centavo’. Como es bien conocido, en este caso la dificultad se concentra en convencer a los pequeños propietarios de buses a que se vuelvan accionistas de empresas grandes o a que acepten una renta por 24 años a cambio de su vehículo. Pero más allá de las especificidades, el inconveniente global es el mismo: cómo hacer primar el bien general, como es el de dotar a los usuarios de un servicio ordenado y confiable, por encima de los intereses particulares de los empresarios del transporte. De la manera en que se defina ese tire y afloje, dependerán también los esfuerzos de modernización en las ciudades colombianas.ADRVEG

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