¿Qué pasa con las encuestas?

En países como el nuestro, con no muy elaborada cultura política, las encuestas tienden a reemplazar lo que en otras latitudes es importante en debates de esta naturaleza.

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abril 13 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-13

Según revelan los diarios de ayer (martes), el presidente del Consejo Nacional Electoral, Marco Emilio Hincapie, refiriéndose a las encuestas, afirmó: "estar, realmente preocupado por la manera como de tiempo atrás, se ha venido distorsionando un poco la realidad", hablando de las mediciones electorales.

Es muy difícil plantear este tema en la mitad de un debate electoral. En una columna mía del diario El Tiempo (La encuestitis aguda), publicada hace varios meses, ya había llamado la atención sobre la necesidad de regular las encuestas para que no presenten esas distorsiones que ahora preocupan al Consejo Nacional Electoral.

Las encuestas o sondeos, son un mecanismo científico para medir la opinión de los ciudadanos, al que no es posible sustraerse en el mundo moderno. En general, en todas partes aciertan sobre previsiones en relación con el comportamiento electoral en un momento dado. Lo que ocurre es que probablemente aquí bajamos la guardia, en cuanto a seriedad, periodicidad, ausencia de interés específico, espectro analizado, manera de formular las preguntas, entre otros, factores todos que inciden en la credibilidad de las muestras.

Podría decirse que por ejemplo, en materia de candidaturas presidenciales, las tres últimas encuestas coinciden sustancialmente en sus resultados, lo que estaría demostrando que se está reflejando la realidad. El problema es que en países como el nuestro, con no muy elaborada cultura política, las encuestas tienden a reemplazar lo que en otras latitudes es importante en debates de esta naturaleza, vale decir, la trayectoria y propuestas de los candidatos y de las organizaciones políticas que representan.

Aquí suele confundirse política con elecciones y elecciones con encuesta. La política trasciende el campo puramente electoral. La gran distorsión no se produce por cuenta de los encuestadores, sino por quienes las interpretan. En todas partes, los sondeos lo que hacen es registrar los hechos políticos. En Colombia en cambio, se convierten en generadores de hechos políticos. Con razón se ha dicho que una de las normas válidas para cualquier político es ganar la primera encuesta, porque a partir de ahí se hacen las adhesiones.

La gente no pregunta ¿quién es el candidato?, ¿de dónde viene?, ¿quiénes son sus patrocinadores? y ¿cuáles han sido sus posiciones políticas a lo largo de su vida? Tampoco se cuestionan sobre el partido político que representan. El profesor Mockcus está bien 'posicionado' ahora por el Partido Verde (que surgió a última hora y que viene de otra sigla electoral), así como en cierta forma -aun, cuando en menor medida- lo estuvo cuando aparecía como militante de la Alianza Social Indígena o era fórmula vicepresidencial de la entonces candidata de la antipolítica Noemí Sanín, en 1998.

Y las propuestas tampoco le interesan al electorado. ¿Quién se acuerda hoy de los 'cien puntos' del programa triunfante de Álvaro Uribe Vélez en el 2002? Bastaría recordar dos de ellos: reducir el Congreso a una sola Cámara y acabar con el Consejo de la Judicatura.

Todos los comentaristas han coincidido en que independientemente de si se está o no de acuerdo con él, el programa mejor estructurado es el de Germán Vargas Lleras. Y sin embargo, hoy se disputa con Petro y Pardo los últimos lugares en las encuestas. Ya hemos visto cómo lo que produce deslizamientos, traiciones, adhesiones, financiación, es la posición del candidato en la última encuesta. De ahí la necesidad de atender el llamado de alerta del Presidente del Consejo Nacional Electoral.

Y aun, cuando parezca ingenuo, habría que sacar el debate presidencial de la simple medición en los sondeos y llevarlo a la trayectoria y propuestas de los candidatos.

gomezgomezabogados@cable.net.co

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