Desde el pasado jueves, sin besos en Argentina para prevenir propagación de la gripa A

Ya ha infectado a 100.000 personas y matado a 82, convirtiendo al país en el tercero con más decesos por causa de esta enfermedad. No hay actividades públicas.

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julio 10 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-10

La voz de alerta "¡nada de besos!" resuena en cada encuentro en la calle, la oficina o el club, para evitar contagios de gripa AH1N1, en una Argentina donde hasta la mayoría de los hombres se besan en la mejilla para saludarse.

Incluso las productoras de televisión están tomando medidas para limitar los contactos labiales en las escenas amorosas o eróticas de los culebrones y otras audiciones que contengan efusivos momentos románticos.

"¡A darse la mano nada más, por ahora!", grita Marcelo Orio (52 años, comerciante), en un centro deportivo de fútbol sala del barrio porteño de Palermo, cuando llegan sus compañeros para el partido de rutina después del trabajo.

Pero otro de los jugadores, el economista de 49 años de edad Carlos Dubinis, le recuerda que a través de las manos también se transmite el temible enemigo microscópico del que se habla hasta por los codos en los medios de comunicación del país y del mundo.

Este entusiasta grupo que se reúne por amor al fútbol y para olvidar durante dos horas las preocupaciones, comenta extrañado la cifra oficial de 100.000 contagiados con 82 muertos. Uno que dice ser médico, sostiene que el inquietante cómputo ni puede compararse con otro más grave, según el cual el promedio anual de engripados estacionales en Argentina suma tres millones con casi 4.000 muertos.

De pronto todos ríen y, como buenos argentinos que son, deciden transgredir las recomendaciones de los especialistas y comienzan a saludarse como se les viene en gana.

Fuera de broma, Héctor Rodrigo (56 años, mecánico de ascensores), eleva el tono para criticar a "ciertos programas de TV y noticieros que alarman y crean psicosis, en lugar de informar".

En una escuela secundaria administrada por una orden religiosa católica del residencial barrio de Belgrano, nadie quiere dar el apellido, pero cuentan que las profesoras de más edad prefieren evitar en estos días las expresiones demasiado cariñosas.

"Entre nosotras hay diferencias, pues las mayores no están besando y las más jóvenes lo hacen como siempre", cuenta Marcela, profesora de Historia.

Sin embargo, la mayoría de las señoras y señoritas, educadoras del nivel medio, admiten que para higienizarse llevan en sus carteras los frasquitos con el alcohol en gel que tanto cuesta conseguir últimamente.

Confundidos por mensajes contradictorios que lanzan autoridades federales y distritales, los porteños intentan disfrutar de los días feriados: desde el jueves no hay actividades públicas ni privadas en Argentina para evitar el contagio.

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