La Patria

“Mi patria es la lengua portuguesa”, dijo el poeta Fernando Pessoa. En estos días, un crítico español dijo en una entrevista radial “Se es del país donde se es libre”.

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julio 02 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-02

Son pensamientos que alivian un poco el alma ante los miedos al otro, al distinto, ante las xenofobias que hoy son una peste. El universo leve de las utopías y de las ideas está por encima del mosaico de las Patrias, de los himnos, de las nacionalidades. Por muchas banderas, muchos olés, muchos Viva España por la Copa Europea de fútbol, creo que en el espíritu de los españoles hay menos nacionalismo que sentido del logro y de la admisión en el club. Y no es por nacionalismo que muchos españoles ahora resultan aplaudiendo la llamada Directiva del Retorno de la Unión Europea, una decisión burocrática que agrede la dignidad humana. Qué tal el Gobierno español, apoyando este horrendo insulto. Qué tal los sectores xenófobos de la opinión española, tan europeos ellos, asustados ahora, y furiosos, con los inmigrantes. Como si los españoles de hoy no fueran la segunda o tercera generación de una estirpe de rebuscadores -en Europa y en ultramar- para dejar atrás la miseria que campeaba en su propio suelo. No es por nacionalismo. Es por miedo y por neo-riquismo. Y olvidémonos por ahora de las antiguas deudas de la evangelización y del despojo. Reconozcamos que de este lado, hoy día mucha gente es colombiana a la fuerza, sin perspectiva de encontrar lugares donde haya mayores espacios para la libertad. Y de ribete, ahora el norte amenaza con meterla a la cárcel si se atreve a tocar a las puertas de sus ciudades. Sobrevienen estos pensamientos ahora que los poderes públicos colombianos han construido la peor crisis institucional, que confunde a la gente común y corriente y le infunde miedos y atavismos. Una crisis que daña la organización social y económica y exhibe la fragilidad de la ‘confianza en el país’. Los millones de pobres no entienden qué ocurre allá arriba en los corredores entapetados, y están dispuestos a irse detrás de promesas y propuestas mesiánicas y autoritarias. Desde la perspectiva de la gente, lo que Colombia exige es un estado de emergencia social para enfrentar las tragedias descritas con las palabras pobreza, indigencia y desempleo. Estamos llegando a la almendra: para ejercer su responsabilidad, los miembros de la cúpula económica y social tendrían que apostarle a la restitución de la serenidad de las instituciones democráticas. En su caso no se trata solo de poner el case en metálico, que es como la cuota inicial de la redención: también deben poner sobre la mesa, como condición permanente, sus compromisos directos con el debido proceso judicial, con la separación y el respeto mutuo de los poderes, con el combate a la ignorancia y con la búsqueda de una ética social constructora de una verdadera nación. En otras palabras, sus compromisos con la libertad. Los dueños del capital formado, y los dueños de la tierra, están obligados a materializar su idea de Patria. Para mí esa idea no ha sido clara nunca, y ahora mismo, en medio de este despiporre, es muy urgente mostrársela a la nación. Recuerdo que un dirigente de la campaña electoral victoriosa en el 2002 dijo: “Colombia es una tierra muy bella, y hay unos pocos que no nos la dejan disfrutar”. No. El problema es mucho más grande. El éxito económico perdurable y el disfrute del patrimonio pasan por el tamiz de la viabilidad social. Colombianos por que aquí somos libres, y no colombianos a la fuerza, es lo que exige la historia de este país. '' Lo que Colombia exige es un estado de emergencia social para enfrentar las tragedias descritas con las palabras pobreza, indigencia y desempleo.WILABR

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