¿Pedir u ofrecer?

Estuvo de visita en nuestro país el empresario japonés, Carlos Kasuga Osaka. Alguien le preguntó las razones por las que su país pudo llegar a ser la segunda potencia económica del mundo sólo 30 años después de recibir bombardeos atómicos, en tanto que nuestros países siguen sumidos en el atraso. Respondió que quizá la principal razón es que mientras en su país los fieles shintoístas y budistas van a los templos a ofrecer, nuestros creyentes van a los templos a pedir. “Quien da, convierte su vida en un paraíso”, agregó.

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mayo 16 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-16

Los trabajadores japoneses en sus pliegos ofrecen reducir las ausencias y errores; y mejorar la calidad de la producción; y aceptan reducciones de salarios cuando bajan las ventas, pero participan de las utilidades, cuando ellas retornan. “Ser bien y hacerlo bien”, son los dos principios que rigen la vida japonesa: de ahí la insistencia en la limpieza de los sitios de trabajo y en cuidar hasta el último detalle en la producción; pero también el principio de que el jefe y los empleados usan el mismo baño. No entienden por ello cómo se puede sancionar al trabajador por llegar tarde (viniendo en bus), pero hay tolerancia con el retraso de los jefes (que llegan en auto propio). Un principio de la vida japonesa es el buen trato en la casa y en el trabajo, de modo que sea grata la convivencia. Llegar a tiempo, no buscar pretextos para el retraso y asumir las propias responsabilidades es importante para la convivencia social. Un sentido de respeto por el otro explica que no haya vuelos nocturnos, y que si algo parece abandonado, se aplica el principio de que “si no es tuyo, debe ser de alguien”. Ello se acompaña del principio de responsabilidad social, de modo que quien incumple los principios de moral colectiva prefiere, suicidarse antes que buscar pretextos o escaparse al exilio. Mientras ellos buscan su autosubsistencia y producen su propio arroz, nosotros importamos aún lo que podríamos producir. Siguen la norma confuciana del respeto hacia los ancestros, en tanto que entre nosotros el adulto carece de acceso al mercado laboral. Sembrar educación es la clave del desarrollo, y reconocer el papel del maestro y remunerarlo bien, son principios rectores sociales. Pagan mejor al maestro de primaria y secundaria porque “si tienes maestros de sueldo mínimo, formarás ciudadanos de sueldo mínimo”. La empresa es un ente diferente a los dueños y gerentes, de modo que sembrar en ella, y cuidarla para que se desarrolle es un criterio diferente a la tradición occidental de sacarle los beneficios y cargarle los lujos de sus directivos, aún si se trata de una empresa naciente. Aplicando el símil de las estaciones, los japoneses actúan de modo que la siembra y el abono, la paciente espera y el cuidado del detalle son el antecedente de la floración y la cosecha. Y un aforismo muy conocido reza que “si quieres riqueza para un día sube a un árbol, si quieres riqueza para una generación siembra un árbol y si quieres riqueza para siempre, educa a tu pueblo”. Una cruz rige el comportamiento de los japoneses: respeto al superior, equilibrio con los iguales y cuidado con los subalternos. Sólo así se entiende que un país cuyo territorio es un tercio del de Colombia y cuya población triplica la nuestra, pueda ser potencia industrial y automotriz sin poseer petróleo, carbón ni acero. Profesor de las U. Nacional y Externado "Un principio de la vida japonesa es el buen trato en la casa y en el trabajo”.

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