Peligrosas vanidades se registran en las naciones suramericanas | Finanzas | Economía | Portafolio

Peligrosas vanidades se registran en las naciones suramericanas

Hace poco tiempo escribí en este mismo espacio sobre las venturas y buenos augurios de la anunciada Comunidad Suramericana de Naciones.(VER GRÁFICO)

POR:
mayo 04 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-04

Señalaba que es una ambiciosa propuesta de integración para el desarrollo de una comunidad de más de 300 millones de habitantes, en la que se articularían potenciales de biodiversidad, de recursos naturales, físicos y energéticos, de productividad agroalimentaria, de interacción de empresarial urbana y rural y cooperación en campos de la ciencia, educación y cultura. Así mismo, una apuesta importante de inversión conjunta en la creación de infraestructura de intercomunicación. Hoy, la decisión sin duda perjudicial de Venezuela de retirarse de la Comunidad Andina de Naciones y su manifiesta preferencia por un ‘aliado’ multilateral aparentemente más sólido en lo económico como el Mercosur, las fricciones diplomáticas y geopolíticas recurrentes de Venezuela y Ecuador con Colombia, los acuerdos de comercio internacional fragmentarios entre países con los Estados Unidos o con otras naciones sin referencia de los tratados económicos regionales preexistentes, las veleidades nacionalistas (nacionalización de hidrocarburos y ataques a las políticas de otros gobiernos de la región) que ya se avizoran en el nuevo gobierno boliviano, al igual que los largos, costosos y en apariencia irresolubles conflictos del mapa fronterizo del continente, parecerían mostrar la cara menos viable y los alcances simplemente retóricos de ese anhelo integrador. Mucha de esa algarabía desafiante transita por visibles vanidades políticas individuales y por la refulgencia del crecimiento económico ahora generalizado en la región y sin duda suntuoso en algunos países. Pero los descalabros de las economías coyunturalmente crecientes y de las megalomanías gubernamentales, cuyos ejemplos recientes en la historia son bien conocidos desde la pampa argentina al resto del continente, comprueban como dice Attali que “la cima es el punto más próximo al precipicio”, que son inanes los alcances del crecimiento si no se propicia un desarrollo auténticamente humano, si no se hace algo serio para revertir catástrofes sociales históricas como la concentración del capital y de la riqueza en mínimas facciones de población, la dependencia exterior, el autoritarismo, el analfabetismo, o la pobreza que afecta a más de la mitad de sus habitantes. Aislado de las raíces históricas y culturales que lo definen o promoviendo la atomización regional no podrá ningún país de este continente asumir una posición sólida y duradera en el sistema globalizado de intercambio cada vez más sofisticado, ni afrontar los retos contra la desigualdad. La unidad europea, diseñada a partir de consensos y renuncias entre naciones de enfrentada diversidad étnica, da vida a uno de los polos hegemónicos de la economía mundial con los más altos resultados de desarrollo social. ANHELOS, TODAVIA SOBRE LA MESA Esta forma de unidad, como un espejo, invita a pensar que el anhelo de Comunidad Suramericana aún sobre la mesa es esencial, que no sólo es posible sino necesario superar la peligrosa vanidad nacionalista, la pasajera retórica ideológica que no crea sentidos ideológicos sólidos, y que es indispensable insistir en acuerdos de ambicioso sentido humano para la región no marcados por la subasta. Cómo no desear, como lo hace William Ospina, que algún día, cuando la vecindad, la colaboración y el respeto hayan cumplido su misión, todo el continente americano sea una vasta alianza de dignidad y de civilización propiciada por las lenguas y las tradiciones.

Siga bajando para encontrar más contenido