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Pensar en grande, sí pero…

La euforia mundial por el consumo y la inversión respaldada en cifras importantes y sostenidas de crecimiento, en el 2005 de 3,5% para el mundo y de 4,5% para Latinoamérica y el Caribe, lleva a muchos países a embarcarse en grandes (y algunas veces erráticos) proyectos, comprometiendo parte importante de sus ingresos futuros. El axioma de las grandes agencias internacionales tiene validez para el crecimiento: es decir que las inversiones prioritarias deben enfocarse a la educación y a la infraestructura, pero su aplicación práctica en países como Colombia genera importantes interrogantes que se relacionan con lo que la sabiduría popular afirma “lo perfecto es enemigo de lo bueno”, que en último análisis es un precepto ancestral que valora las decisiones y la conducta inspiradas en la prudencia y el pragmatismo, es decir en la experiencia propia y ajena.

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mayo 03 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-03

Como lo afirma el estudio realizado por Fedesarrollo para la CCI, Colombia está agudamente atrasada en la infraestructura de los diversos modos de transporte: fundamentalmente de vías y carreteras, con buena cobertura en los aeropuertos y con proyección internacional como en Eldorado, con escasa inversión en lo fluvial y lo portuario y, apoyo marginal, al modo férreo. A su vez otros sectores muestran algunos avances significativos. En el minero-energético, inversiones como la realizada en el Cerrejón está mostrando utilidades espectaculares (desafortunadamente se vendió a un precio casi insignificante), mientras la gasificación del país y la generación y exportación de energía eléctrica a nuestros vecinos andinos es un gran éxito que debe incrementarse para aprovechar debidamente las numerosas cuencas con potencial generador en nuestra endiablada geografía. Además existen otros prospectos de interés, principalmente en áreas tales como los servicios, el turismo y lo agroalimentario. Desde otro punto de vista, continuamos siendo un país emergente con serios problemas internos, pues el panorama de la estructura socioeconómica es angustioso: según la Oficina de Derechos Humanos de la ONU al 20 por ciento de la población más rica le corresponde el 62% de los ingresos, mientras el 20% de la más pobre sólo obtiene el 3%. Y en relación con el uso y destino de la infraestructura, basta mencionar que hay 12’000.000 de colombianos sin agua potable. Tenemos recursos fiscales y posibilidades de endeudamiento escasos que deben planearse, programarse, invertirse y utilizarse con moderación, racionalidad y austeridad para lograr avanzar aceleradamente en los dos frente´s: el urgente desarrollo del capital humano y el crecimiento de los indicadores básicos, para pronto alcanzar resultados orientados hacia una sociedad armónica y con progreso autosostenido. Así las cosas, el arrollador ejemplo de países ultradesarrollados y los créditos de la banca internacional han creado el axioma de Think Big o pensar en grande, que en casos como los nuestros pueden conducir a errores de apreciación al sobre dimensionar necesidades y mercados. Ese énfasis en los proyectos con ‘estrella’ exprime los recursos presentes y futuros y en muchos casos genera elefantes blancos (por ejemplo dobles calzadas subutilizadas). Adicionalmente va en contra de otras urgencias y prioridades tal como se evidenció en el desastre de la vía a Buenaventura. Se descuida lo relacionado con el desarrollo y el capital humanos, cuya prioridad es innegable para cualquier planteamiento serio de paz que contenga la indispensable aplicación de justicia, la generación masiva de oportunidades de trabajo y la compensación de los daños en el período del postconflicto. Es bueno recordar que frente a la teoría del desarrollo desigual, F. W. Schumacher gestó el lema de “lo pequeño es bueno” respaldado en el criterio de que los países pobres también necesitan procesos de pequeña escala e intensivos en trabajo. En ese orden de ideas, una aproximación ecléctica que cree empleos, que continúe buscando mayor productividad y competitividad, pero sobretodo que esté de acuerdo con nuestras necesidades y posibilidades reales, puede ser la aproximación más pragmática y útil para Colombia. Un buen ejemplo es el adecuado Transmilenio frente a las desproporcionadas soluciones tipo Metro. Consultor " Colombia sigue siendo país emergente con serios problemas internos. El panorama de la estructura socioeconómica es angustioso”.

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