Pensar en Obama

Pensar en Obama

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mayo 12 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-12

A pesar de las insistentes declaraciones de la senadora Hillary Clinton en el sentido de que no abandonará la carrera por la nominación demócrata y de que irá hasta la Convención de esa colectividad en agosto, la inmensa mayoría de los analistas en Estados Unidos tiene claro que Barack Obama será el candidato de su partido a la Presidencia de la primera potencia del mundo.

Es cierto que Clinton sigue dando la pelea y que ganará las primarias de unos pocos estados, como la de hoy en Virginia Occidental, pero tendría que suceder algo extraordinario para que Obama pierda, razón por la cual este se ha concentrado en abrir baterías contra quien será su rival el próximo otoño. Es en ese momento en el que enfrentará al republicano John McCain, alguien que, a primera vista, sería el más útil para los intereses de Colombia, debido a su apoyo a la inmigración, al TLC y a las políticas antidrogas y de seguridad alentadas por Bogotá.
Las encuestas muestran una ligera ventaja de Obama sobre McCain, un escenario que puede cambiar por cuenta de la evolución de la situación en Irak, por el comportamiento de la economía estadounidense y, claro, por cómo manejen los dos candidatos su campaña y su mensaje. En este último campo, las posibilidades del senador de color dependen en buena medida de que logre convencer a las capas de clase media que no es un radical y que puede defender la posición de Estados Unidos en el mundo, como otros demócratas lo han hecho en el pasado. Eso sin hablar de vencer el factor racial en una Nación en la cual el color de la piel o el origen étnico tienen un peso particular.

Pero, volviendo a Colombia, la verdad es que el Gobierno de Álvaro Uribe está hoy obligado a contemplar en sus planes la posibilidad de que Obama sea el próximo inquilino de la Casa Blanca. En principio, las declaraciones del legislador han ido en contravía de lo que las autoridades y buena parte de la dirigencia colombiana defienden, tanto en lo referente al TLC, como a los temas de seguridad y de derechos humanos. Pero bien sabido es que una cosa dice el candidato en busca de los votos de los sindicatos de su país, y otra muy distinta los principios que rigen su Gobierno una vez que llega a la Casa Blanca.

En ese momento, no faltará quien le recuerde que Colombia ha sido un aliado fundamental de Washington en la región desde hace décadas. Y hoy, cuando las tesis bolivarianas de Hugo Chávez se han extendido de manera amplia por el sur del continente, las acciones del país en Washington necesariamente han subido.

De ahí que Uribe y su embajadora Carolina Barco, con ayuda de empresarios y otros dirigentes respetados en Estados Unidos, deberían desde ya iniciar una serie de acercamientos al entorno de Obama, destinados sobre todo a explicar la situación interna del país, los retos que aún existen y la forma como el TLC podría servir, en la medida en que ayude a la economía y a la generación de empleo, para superar esos desafíos. Si la Casa de Nariño lograra abrir esos canales y, cifras en mano, pudiera exponer sus tesis, tal vez no consiga por ahora que el aspirante demócrata apoye el TLC, pero sin duda abriría las puertas para un entendimiento futuro con alguien que estaría en capacidad de convencer, de seguro mejor que nadie, a los demócratas del Congreso que tanto han cuestionado al Gobierno colombiano.

Por lo anterior, el Presidente que, como es obvio, simpatiza mucho más con McCain con quien ha establecido una relación personal, está obligado a cuidarse de no poner todos los huevos en la canasta republicana y, en cambio, diseñar y desarrollar un plan de aproximación al candidato del otro partido. Ese proceso no será necesariamente fácil, pero por ello es mejor comenzar cuanto antes, para evitar de paso que el tema colombiano no se vea afectado por la contienda electoral, tal como ocurrió el mes pasado. No se trata, en resumen, de tomarse de las manos con Barack Obama, sino de buscar que el país reciba de él, si los votantes estadounidenses le eligen, un trato leal y justo.

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