Las 'pepitas' que desvelan a los mineros de Zaragoza (Valle)

La explotación continúa en esa zona pese a que hace una semana las autoridades acordonaron la zona y empezaron a desalojar a los mineros, ante una orden de la Corporación Autónoma Regional del Valle.

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julio 11 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-11

Esto, por el riesgo ambiental y el peligro para la comunidad, a la mañana siguiente el cuadro es el mismo.

Una vida buscando oro

Solo la noche logra que Luis Angulo salga de las aguas del río Dagua. Él fue uno de los primeros en esculcar la fría corriente para sacar las 'pepitas' de oro que desde hace tres meses subieron la temperatura por el precioso metal y convirtieron la ribera del río, en cercanías del corregimiento de Zaragoza, en una bomba de tiempo.

"Uno hace esto por necesidad, tengo hijos y una mujer que mantener", dice el hombre que, desde que el oro empezó a brotar de esas aguas, duerme unas pocas horas para ir en su búsqueda.

Detrás del mismo sueño han llegado desde diferentes partes del país humildes mujeres, hombres y niños y hasta dueños de dragas para socavar el río en busca del metal. Hay quienes aseguran que logran sacarse hasta 13 gramos en un día, lo que justifica el esfuerzo, pues por cada gramo les pagan hasta 40 mil pesos.

Y a pesar que desde hace una semana las autoridades acordonaron la zona y empezaron a desalojar a los mineros, ante una orden de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) Ya no se cuentan los cerca de tres mil mineros duchos y experimentados o principiantes con el sueño de ganarse unos pesos que inundaron la playa del río Dagua, a orillas de la carretera que comunica a Cali con el puerto vallecaucano, pero todavía hay quienes se niegan a salir de la improvisada mina.

Tampoco lo hará Rosalía Mena, una abuela de 60 años habitante de Zaragoza, quien dice que su vida la ha dedicado a buscar el metal. "Es lo único que sé hacer, a pesar de que a veces no logro nada, pero hay que hacerle", dice, mientras mueve su batea con la paciencia que le han dado los años.

Doña Rosalía es consciente de que su pueblo sufrió un cambio drástico.

De un apacible lugar pasó a ser un mercado persa, en el que el barullo de la gente se confunde con el ruido de motobombas y retroexcavadoras.

De hecho, la ambición por el oro y la forma antitécnica de extracción ya dejó la primera víctima y varios heridos. Luis Antonio López Riascos, de 22 años, murió al caerle un alud en el momento que, entre los socavones, buscaba las 'pepitas' de oro.

Pero a pesar de todo, los mineros de Zaragoza continuarán yendo al socavón, porque albergan la esperanza de que un golpe de suerte los convierta en millonarios.

Por esa razón, en la ribera del río Dagua aún se aprecian ventas de comida, relojes, ropa y recordatorios. Incluso, hay quienes aseguran que todavía funciona en el lugar un prostíbulo que abrió sus puertas para recibir a propios y foráneos.

CRISTIAN ABADÍA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
BUENAVENTURA

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