Perdiendo la batalla

Perdiendo la batalla

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abril 22 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-22

En la Batalla de Poitiers en el año 732 y la de Lepanto en 1571, Occidente y la Cristiandad detuvieron el expansionismo islámico. En la primera, Carlos Martel pudo frenar al ejército del Califato Omeya. Se evitó la conquista de Europa por una oleada que con el paso de Gibraltar en el año 711 venía como un vendaval a tomarse todo lo que estuviera por delante de sus caballos. En la segunda, la Santa Alianza pudo derrotar a la flota Turca, impidiendo su control del Mediterráneo. Eran las épocas de las invasiones y confrontaciones militares. El hecho de que la amenaza durante los últimos tiempos se haya camuflado, no quiere decir que la batalla por la conquista religiosa y la expansión territorial haya terminado. En los últimos setenta años, una inmigración silenciosa y creciente, el uso del petróleo, del terrorismo y las armas atómicas han convertido a las hordas militares y flotas marítimas de antaño, en el nuevo alfanje. Europa, como resultado de la reversión de sus colonias y del complejo de culpa que de allí se derivó, de una división del trabajo mal entendida después de la Segunda Guerra Mundial y de la actitud solapada e irresponsable de muchos de sus políticos, abrió indiscriminadamente sus puertas a este ‘Caballo de Troya’ que hoy los tiene contra la pared, proyectándose al resto de Occidente. Oriana Fallaci, en los últimos años de su vida, lo denunció valientemente. Su trilogía: La rabia y el orgullo del 2001, La fuerza de la razón del 2004 y El apocalipsis del 2005 hacen un recuento descarnado de la invasión finalmente triunfante del islam a toda Europa, aquella que Martel rechazó en Poitiers. Esta obra se ve complementada con el trabajo de Christopher Caldwell, en su reciente libro: Reflexiones sobre la revolución en Europa, donde actualiza y documenta el avanzado estado de esta invasión. Pone los pelos de punta, no sólo saber del crecimiento y brote exponencial de los guetos islámicos, donde el concepto de asimilación no existe y lo que opera es el de la colonización excluyente; la multiplicación de las mezquitas diciendo aquí mandamos nosotros; o la adopción de la Sharia por el Sistema Legal Inglés; sino ejemplos concretos y de común suceso como la azafata de British Airways que prefirió renunciar antes que quitarse el crucifijo de su cuello que era ofensivo a los pasajeros islámicos, o el no poder mencionar en las escuelas francesas la palabra granja al considerarse ligada a cerdo, algo ofensivo para los niños de esa fe. Así están las cosas, frente a lo que ya Churchill llamó: la fuerza más retrógrada. Recientemente, Geers Wilders, presidente del Partido por la Libertad de Holanda, hizo una descripción desgarradora al documentar en Nueva York como en Europa estaban frente a las últimas etapas de la islamización. Aquí, en nuestro vecindario y país nos han estado llegando los primeros emisarios y contingentes islámicos. Con Chávez, Irán por primera vez está haciendo acto de presencia. En poco tiempo, embajadas en Caracas, Quito, Managua y La Paz. Bancos binacionales que les permiten burlar el bloqueo financiero; fábricas de ‘doble propósito’ de tractores, bicicletas, automóviles, pescado, productos lácteos y químicos, explotaciones de oro. En total proyectos por más de 30.000 millones de dólares. Empresas navieras ya vinculadas con el contrabando de explosivos y de armas como las capturadas por Turquía e Israel recientemente. Y como lo afirma Norman A. Bailey del Institute of World Politics, una clara vinculación con el tráfico de drogas y armas así como el contrabando de uranio dentro del marco de cooperación nuclear entre los dos gobiernos. Conviene también oír la voz de alarma de Roger Noriega, ex embajador de E.U. ante la OEA sobre el eje Teherán-Caracas. En La Guajira, un agresivo adoctrinamiento religioso. ALBERTO SCHLESINGER VÉLEZ Profesor Universidad albertosch@etb.net.co Sergio ArboledaANDRUI