¡Qué pereza tener una alergia!

Avances y conflictos de una enfermedad inmunológica que afecta el trabajo de millones de empleados e

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diciembre 17 de 2010 - 11:53 p.m.
2010-12-17

Anneliese R., una introvertida madre de familia de 34 años, nacida en Iowa, sufría silenciosamente su rinitis alérgica. Mucho le había costado conseguir -y conservar- su empleo de telefonista en el Chase Manhattan Bank, como para darse lujos. Estados Unidos estaba en plena crisis en el 2008 y ella, con un marido técnico agrícola desempleado, había decidido no ausentarse de su trabajo a ningún precio.


Anneliese sufría en silencio. Eso no quitaba que trabajaba a media máquina. O a un cuarto de máquina.
Entre estornudos y cefaleas, contestaba el teléfono cuando podía. Mientras, las cifras de productividad del banco iban bajando.


Anneliese formaba parte de los millones de norteamericanos que vivían el presentismo: Empleados enfermos, pero no lo suficiente como para ausentarse.


Y no están cerca de ausentarse, dice Debra Lerner, profesora en la Escuela de Medicina de la Tufts University de Boston: “El presentismo se agudiza en tiempos económicos difíciles. Ningún empleado con un trastorno leve falta a su puesto, está aterrado de perderlo”.


Un “presentismo” que, dice Pedro Mardones, director de la Fundación de Aerobiología, Medio Ambiente y Salud, causa millones de dólares de pérdida en la economía del mundo. Tanto, que la compañía Lockheed Martin estudió el tema a fondo en el 2002.


Resultado: entre los males que causan este fenómeno laboral -depresión, dermatitis, asma, cefalea, artritis, colon irritable, dolor de espalda y otros 25- la rinitis alérgica y, su complicación, la sinusitis, resultaron responsables del 60 por ciento de las fatídicas cifras, con una pérdida económica de casi dos millones de dólares al año.


Fue tan grande el impacto de las alergias en las cifras de Lockheed, que fueron registradas en el Harvard Business Review.
Hay otras novedades, como la Teoría de la Higiene, que responsabiliza a la extrema limpieza como la gran causa de muchos males inmunológicos.
Una teoría que estudiaron los autores del documental Babies, al mostrar que el exceso de higiene en el mundo moderno ha erradicado infecciones que antes mataban, pero también causado un desbarajuste en el sistema immunológico del hombre.


La sociedad moderna se ha esterilizado. La Teoría de la Higiene, que responsabiliza a la asepsia del aumento de alergias y otros males inmunológicos, como la esclerosis múltiple y la Diabetes 1, no está alejada de la realidad.


Hace medio siglo, cuando jugábamos con barro y comíamos fruta con tierra, casi no había rinitis alérgica. La primera descripción científica de esta enfermedad la hizo el doctor John Bostock en Inglaterra en 1819: pesquisó 19 casos en todo el país.


Hoy hay cinco millones de ingleses enfermos, dice el doctor Pedro Mardones.

 

¿De qué estamos hablando?

 

La alergia es una reacción clínica que da síntomas y está mediada por un mecanismo inmunológico. Las hay con síntomas inmediatos y con síntomas retardados, como puede ser la provocada por un alimento. Las alergias son muy específicas y, por eso, uno de los grandes avances en la actualidad reside en la inmunoterapia -o terapia con vacunas- que hoy se hace con alergenos cada vez más específicos.


Las alergias pueden ser respiratorias, como las rinitis y rinitis conjuntivas; cutáneas, como las urticarias y ronchas que aparecen bruscamente por especies vegetales o medicamentos; y digestivas, especialmente en niños muy chicos. Una muy común es el sangramiento digestivo en niños menores de dos meses, causado por la proteína de la leche de vaca.

 

Los pilares de las terapias

 

Hay varias maneras de suavizar el efecto de una alergia y, en algunos casos, impedirla. Primero, evitar: no entrar en contacto con el alergeno.
Segundo, la educación. “Hacemos extensión, congresos y seminarios informativos, damos charlas educativas, pero aún falta mucho”, explica María Antonieta Guzmán, jefa del Servicio de Inmunología y Alergia de la Universidad de Chile.


Los medicamentos -antihistamínicos y corticoides intranasales- son las dos piedras angulares de cualquier tratamiento antialergia.
Los antihistamínicos de hoy están compuestos por moléculas que no producen sueño. Mejoran los síntomas con menos efecto sistémico y más efecto local. El último pilar es la inmunoterapia.


Entre otras novedades están la serie de 4 a 8 inyecciones que se colocan justo antes de la estación de pólenes.


Para rematar, dice el doctor Pedro Mardones, debuta en forma creciente el control ambiental en el mundo desarrollado: en Estados Unidos ya hay una gran gama de cobertores de colchones, almohadas y sprays para alfombras que combaten el efecto nocivo de los ácaros del polvo. “Hay hasta champú para perros y un spray que deja la alfombra libre por tres meses”.
 


 

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