El personaje del daño

El personaje del daño

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diciembre 17 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-17

La selección de un personaje del año puede ser un ejercicio interesante o una tontería intrascendente. Un personaje es verdaderamente importante cuando sus actos terminan teniendo efectos duraderos sobre los demás, mientras otras figuras parecen ser muy relevantes y a la vuelta del almanaque caen en el olvido. Por eso el personaje del 2010 debe ser alguien, cuyos actos tengan efectos muy significativos y duraderos sobre su entorno. A modo de ilustración, en el ámbito nacional resulta tentador elegir a Juan Manuel Santos como personaje del año, no sólo por haber ganado las elecciones, por su inmensa favorabilidad y por la idoneidad de buena parte de su equipo, sino porque sus principales iniciativas son razonables y avanzan con paso firme. Sin embargo, las iniciativas por ahora no son más que eso, y nadie puede saber si llegarán a buen puerto o encallarán en el camino. (Hago un breve paréntesis para señalar el aspecto más interesante de la elección presidencial, y es que sacó a flote un rasgo esquizofrénico de nuestro país. Es incomprensible que Santos y Uribe conserven altísimos niveles de popularidad a pesar de las diferencias fundamentales que han empezado a aflorar entre los dos, después de que la mayoría de los colombianos eligieron al primero creyendo que representaba la continuidad del segundo. Esa esquizofrenia nacional podría ser el fenómeno del año: la mayoría de los colombianos nunca entendieron lo que quiso decir el entonces candidato de la Unidad Nacional cuando afirmó que Uribe es Uribe y Santos es Santos). Pero como no se trata de seleccionar un fenómeno, sino un personaje, mi voto va para Julian Assange. Las repercusiones que ha tenido WikiLeaks sobre el establecimiento se seguirán evaluando cuando la lupa de la historia analice lo que pasó en estos tiempos. ¿Y de qué repercusiones se trata? A primera vista son tres temas distintos: una herida a la diplomacia estadounidense, la revolución del periodismo investigativo y un golpe a las estructuras del poder. De los tres temas me quedo con el tercero, porque es el verdaderamente significativo. Aunque todavía falta conocer muchísimos de los 250.000 cables que supuestamente tiene WikiLeaks de la política exterior estadounidense, a juzgar por lo que se conoce, esta no sale mal librada. Tratándose de un gobierno que en la imaginación popular suele estar asociado con derrocamientos y magnicidios, que vengamos a saber que se preocupa por los resabios y las veleidades de los Jefes de Estado del resto del mundo no es como para poner a tambalear a Washington. Por otro lado, es falsa la ilusión aquella de que WikiLeaks transformó el periodismo y derrotó a los medios de comunicación al poner toda esa información al acceso del público. Cualquier hijo de vecino lee con entusiasmo unas cuantas docenas de cables, pero a un cuarto de millón de documentos sólo les hincan el diente los sabuesos de siempre. Sin duda, el mayor logro de Assange ha consistido en revelar cuánto puede cambiar la relación entre las estructuras de poder y esa masa amorfa llamada sociedad civil. La vulnerabilidad de gobiernos como el estadounidense, y de prósperas empresas como Mastercard, ante las acciones de hackers anónimos y dispersos, ha abierto una profunda grieta en las estructuras de poder. Y el símbolo de ese daño es la pálida figura de Julian Assange. La vulnerabilidad de gobiernos como el estadounidense, y de prósperas empresas como Mastercard, ante las acciones de hackers anónimos y dispersos, ha abierto una profunda grieta en las estructuras de poder. Y el símbolo de ese daño es la pálida figura de Julian Assange.MAURICIO REINA Investigador Asociado de Fedesarrollo mauricioreina2002@yahoo.comANDRUI

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