Personaje y noticia del 2011

Personaje y noticia del 2011

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diciembre 16 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-16

Navidad es época de ejercicio analítico para medios de comunicación y periodistas, sumergidos en la definición de personajes y noticias del 2011. Para mí, por su significado como esperanza de renovación, son los estudiantes universitarios colombianos, sus marchas efervescentes de creatividad y desafío, y esa convivencia de siglas y acrónimos entre la Mane y el Esmad, que terminó en un abrazo. La foto del año, en la misma gimnasia de criterios, es la de esos chicos adheridos como sueños a los escudos de sus hoscos patrulleros. No los destaco porque hayan echado para atrás la reforma educativa, que puede ser un triunfo inmediato y gaseoso. Para este país, en el que los partidos políticos no sacan a nadie a la calle, y ni el secuestro recluta la ira, la marcha de los muchachos revivió pacíficamente al estudiantado como una alternativa viable y sostenible de ejercicio ciudadano. Esas caminatas extensas y multiplicadas fueron su aporte al año de los movimientos sociales carburados por la indignación. Porque así como está, y como parece querer seguir en contravía de toda lógica y en ejercicio del más siniestro autoengaño, este mundo no va para ninguna parte diferente de un funesto y negro hueco. "En la raíz de un descontento mundial -escribí el 23 de noviembre en el Blog 507 Palabras- está la imperiosa búsqueda de una mejor condición humana. En ella pueden encontrarse dos generaciones: una fracasada, la de los padres, que no pudimos construir un mundo mejor. Y otra, frustrada, la de los hijos, a quienes se les vendió la rosca enorme de la esperanza, en la que ya se pierde el tornillo diminuto de la realidad". Los caminantes se impusieron a una extorsión falsaria, que refleja la condición de mercancía que ha alcanzado la educación: que si no abandonaban las marchas iban a perder el semestre. Es un argumento letal para los esfuerzos económicos descomunales de los padres de familia y para lo que es, literal y equinamente, cursar una carrera, la competencia por el grado que hace más importantes las notas que el conocimiento. El afán de toga y birrete lleva a los bachilleres a escoger el primer programa que encuentran, desdeñando la vocación y la alegría de saber, y privilegiando las ganas prontas de obtener dinero en una sociedad de quimeras. Unos y otros van con las anteojeras en busca del cartón, sin reparar en la desigualdad de la sociedad en que viven, considerar las heridas de un mundo que fallece y sostener valores perdurables que neutralicen a las almas usureras. Los estudiantes también vencieron el individualismo narcisista, practicaron el proceder colectivo y se echaron al hombro el compromiso de hacer camino al andar. *Periodista cgalvarezg@gmail.com Carlos Gustavo Álvarez G.*

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