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Perú: prosperidad y pobreza

Los empresarios peruanos iniciarán a fines de octubre su tradicional reunión anual de ejecutivos con el retador lema: el momento es de primera, no juguemos en segunda.

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septiembre 23 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-23

Sin duda, esto resume el optimismo del sector privado porque consideran que atraviesan por un inigualable ciclo expansivo y el gran reto es darle continuidad. Pero la entusiasta frase, basada en el crecimiento económico que suma más de 80 meses, opera al mismo tiempo como señal de alerta frente al peligro. En los próximos tres años, no sólo estará en juego la puesta o no de bases sólidas para el desarrollo. Hay un ultimátum implícito en las calles de que este auge debe traducirse en niveles de bienestar para más peruanos, porque la lid pasa por la viabilidad del sistema democrático. Aquí, el debate político es económico. Por un lado, los defensores del sistema arguyen a favor del modelo, los tratados de libre comercio, desregulación, más inversión privada y una mayor competitividad, en tanto que otro sector señala que las cosas siguen igual o peor. Y afirman que si bien existen cifras macro espectaculares, estas mayormente han tenido impacto en sectores socioeconómicos A y B. De hecho, dos encuestas realizadas en julio pasado por universidades privadas revelaron que dos tercios de los consultados consideran que el presidente Alan García gobierna para los ricos o para las empresas. Algo doblemente duro para un mandatario que proviene de las canteras de la socialdemocracia. DOS PAÍSES EN UNO En el Perú pareciera que habitan dos países dentro de uno. Una Costa próspera y activa, que vota por el candidato pro mercado, sea de centro o de derecha, frente a una Sierra Sur y Central, junto con la Selva, que es donde se concentra el bolsón del representante antisistema y hasta de talante autoritario. Esta figura se notó claramente en el 2006 y todos coinciden en que la disputa en el 2011 será entre un candidato que cuestione las bases económicas y la llamada democracia liberal, y otro que las defienda. Esta disyuntiva ocurre no en medio de una crisis o desplome financiero, sino cuando atravesamos un resurgimiento económico que solo tiene parangón en la historia republicana con la luminosa y desperdiciada época del güano de finales del siglo XIX. Hoy en día, a diferencia de las épocas de hiperinflación y terrorismo de hace apenas dos décadas, las cifras están en azul y es moneda corriente que se batan récord de venta y producción en distintos sectores. Por ejemplo, hay un boom inmobiliario y el consumo simplemente se disparó. Por doquier abren centros comerciales y restaurantes que satisfacen los gustos más exigentes. Del 2001 a la fecha, las exportaciones se han cuadriplicado y el ascenso continúa. Tres años atrás, el ingreso por habitante era de 2.000 dólares y hoy se ha duplicado. Se espera que en el 2011 alcance los 6.000 dólares per cápita. Hemos alcanzado las reservas internacionales más altas de nuestra historia con 34.748 millones de dólares. En suma, de continuar la tendencia será otro el país que recibamos el 2011 frente al que conocimos en el 2001. Todo en apenas 10 años. Sin embargo, esta mejora ha terminado por generar cuellos de botella. Algunos la llaman crisis de crecimiento. Es como el estiramiento de un niño que salta a la adolescencia y la ropa le queda corta e incómoda. Algo por el estilo sucede en el Perú. Para empezar, nuestro primer puerto del Callao ha quedado prácticamente saturado y están en camino la construcción de 11 puertos privados. Por otra parte, ciertos tramos de las carreteras están congestionados de tantos nuevos autos, buses y camiones, lo cual ha venido acompañado de una racha de accidentes. LA PARADOJA DEL NUEVO RICO Otra paradoja es que las instituciones y las leyes del Estado estaban concebidas para evitar el gasto público, y de hecho fue necesario en su momento por razones de austeridad. El tema es que ahora no hay que ahorrar como antaño y lo que falta es capacidad para gestionar mejor ese dinero disponible en cada municipio, región o ministerio. El drama es que con tantos recursos se hace poco. Todo ese discurso oficial de prosperidad no se ve traducido en mejor infraestructura pública, buena educación, cobertura significativa y de calidad de salud así como niveles mínimos de seguridad interna. Eso motiva cierta frustración. Y así van surgiendo peligrosos contrastes. La región de Cajamarca es una rica productora de oro, pero sigue ostentando el demérito de tener a más del 60 por ciento de la población sin acceso a la electricidad. Entre junio del 2007 y julio del 2007, las mineras de cobre lograron un 82,5 por ciento de rentabilidad patrimonial. Otra región como Huancavelica genera el 37 por ciento de la energía eléctrica de todo el país, pero su tasa de pobreza -la más alta de todas- llega al 84 por ciento y encima está en el último lugar en cuanto a cobertura de agua potable y desagüe. Y así podríamos seguir con la lista de inequidades. Pero esta dramática situación no evidencia la falla de un modelo económico sino la de un Estado incompetente, que no sabe aprovechar los recursos para habilitar poblaciones condenadas al atraso y la miseria. Pese a esos 80 meses de ininterrumpido crecimiento, la Sierra Sur y la Selva están descolgadas de este boom económico. Cada protesta zonal o regional es frecuentemente violenta y según la Defensoría del Pueblo -organismo autónomo y estatal- hay identificados más de 160 puntos de conflictos. Desde Lima es muy limitada la capacidad de lectura de tales problemas sociales que bullen en el interior. El Gobierno suele culpar de cada huelga o movilización a viejos comunistas y ONG anticapital. Pero hace pocas semanas la Selva estuvo a punto de levantarse en protesta por una ley que variaba el uso de las tierras indígenas y nativas. Al final, la norma fue derogada. Si afuera hablan del milagro peruano entonces porqué el escepticismo. El crecimiento también provoca brechas y el papel del Estado es acercarlas. El ex presidente Alejandro Toledo solía decir a modo de consuelo que no entendía porqué en Wall Street lo aplauden y aquí lo critican tanto (su popularidad durante tres años anduvo en un solo dígito). Fue el que predicó la tesis del chorreo. Había que crecer primero y después, a cuenta gotas, esperar que los beneficios llegaran a más peruanos. Hoy, nadie secunda semejante teoría. El presidente Alan García ha tomado el programa de asistencia directa, creado por Toledo casi al final de su mandato, para ampliar políticas sociales. El problema es que presenta muchas filtraciones y es poca la ayuda que llega directamente a la vena del pobre. Pese a ello, en los últimos ocho años la pobreza bajó casi 14 puntos. El factor clave fue la creación de miles de puestos de trabajo por parte de la actividad privada. La situación en Ica y Trujillo, dos portentos costeros donde hay pleno empleo, han convocado a miles de las zonas rurales de la sierra para que formen parte del proceso agro exportador. Sin embargo, el 40 por ciento de pobres en la actualidad no es una cifra que motive orgullo. La meta es llegar al 2011 con 30 por ciento. Ese es uno de los más persuasivos mecanismos de que el modelo sí funciona. CONSUELO REGIONAL El actual Gobierno, a través de sus voceros, suele ufanarse de tener la más alta tasa de crecimiento de la región (en el 2008 llegaremos a 10 por ciento) y la menor inflación que bordeará a fin de año los 5,7 por ciento. Esto confirma nuestro buen paso. Claro, que a pesar de ello, Alan García es uno de los presidentes con menor aprobación en América Latina, con 26 por ciento. Además, inspirados por el discurso presidencial, otra meta es superar a Chile. Crecemos al doble de nuestro vecino del sur y si mantenemos el ritmo en el 2016 podemos superarlo en ingreso per cápita, exportaciones y PBI. Pero el entusiasmo palaciego a veces se da de bruces con la realidad. En medio de la euforia por la obtención del grado de inversión y la fiebre pre olímpica, el presidente Alan García lanzó el desafío de hacer las olimpíadas del 2016. Semanas más tarde, la delegación peruana que fue a Beijing retornó sin haber logrado si quiera una medalla de bronce. Nuestro país, pese a tantas señales de riqueza, muestra aún signos de retraso no solo en deporte -donde se carece de la más elemental infraestructura y planeación- sino en temas clave como la educación. Desde la prueba Pisa (2004) y junto con otras evaluaciones, está demostrado que más del 70 por ciento de los chicos de quinto de secundaria no entienden lo que leen ni tienen una comprensión básica de lectura. Con esos guarismos, es imposible tener bases firmes para una transformación del país. Por eso, aquí nadie canta victoria. '' El drama es que con tantos recursos se hace poco. El discurso oficial de prosperidad no se ve traducido en más y mejor infraestructura, educación, salud y seguridad”. WILABR

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