Los pescadores de Ciénaga Grande reclaman ayuda

Las pocas familias que aún quedan en Las Trojas de Cataca confían en que Dios no las abandone. Y esa esperanza es la que alimenta sus espíritus y les permite resistir el panorama de hambre, miseria, abandono, desidia oficial y hasta del terror que sembraron los ‘paras’ en este rincón de la Ciénaga Grande de Santa Marta.

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julio 09 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-09

Ubicado a medida hora en lancha de Pueblo Viejo, la cabecera municipal, en la desembocadura del río Aracataca, en este pueblo había dos colegios, estación de Telecom, iglesia, centro de aprendizaje del Sena y muchas casas levantadas sobre mangles y de techos de zinc oxidados. Era, además, una de las despensas piscícolas de la Costa Caribe. Pero todo esto cambio la madrugada del 22 de noviembre del 2000, según cuenta Carlos Castro, quien lleva 42 años viviendo allí. Ese día un comando de paramilitares masacró a 37 pescadores de los tres pueblos acusados de ser colaboradores de la guerrilla. Detrás de la estela de sangre y dolor que dejó la incursión de las AUC, al mando Rodrigo Tovar, alias ‘Jorge 40’, siguió el desplazamiento masivo de los habitantes. La gente huyó a los municipios de Ciénaga, Pueblo Viejo, Fundación y otros a Soledad (Atlántico), y después de ocho años la mayoría no piensa volver, y se conocen historias de algunas familias que prefieren seguir en la indigencia que regresar. El Gobierno se comprometió a llevarles obras de desarrollo como energía, pero el proyecto no alcanzó a llegar a Las Trojas, donde la gente aún se ilumina con mechones y cocina con leña, como hace 100 años cuando llegaron las primeras familias a fundarlo. Algunos proyectos aislados de ONG y la llegada de una estación de policía en Nueva Venecia es lo que pueden mostrar. Cuando inició el proceso de Verdad, Justicia y Reparación, en la Ciénaga Grande nadie esperó nada, porque nadie respondió por sus víctimas. Las indagaciones insistieron en que fue una acción de guerra contra colaboradores de la guerrilla, es decir negaron que se tratara de una masacre. “Ahí cayó gente inocente que no tenía que ver con nada y ahora nos van hacer creer que todos somos guerrilleros y no se nos va a reconocer nada”, dijo Armando, otro pescador. De las 160 familias que había en Las Trojas solo quedan 28. Las casas que quedaron solas se fueron cayendo, ya van 135 viviendas derrumbadas y solo quedan de pie 28.WILABR

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