El petrolero que ahora destila vodka

Tras explorar crudo en Colombia y Venezuela, Tito Beveridge cumple su sueño de empresario

POR:
marzo 19 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-19

Entrar en el negocio de los licores puede llevar a dos trayectorias: riqueza o rehabilitación. Si Tito Beveridge hubiera seguido buscando petróleo, podría haber descubierto un pozo. Pero a las afueras de Austin, Texas, en un terreno enlodado de 10 hectáreas, Beveridge ha encontrado una vida cómoda y relativamente sobria produciendo lo que él llama su "jugo", más comúnmente conocido como Tito's Handmade Vodka.

En el proceso, este hombre de San Antonio de 48 años escapó de un asalto de hombres armados en Colombia cuando trabajaba en una empresa petrolera y se expuso a la ruina personal, primero como agente de bienes raíces en Houston y luego como el único empleado de una compañía de exploración, Uno Oil.

Ha sido un camino agitado para su empresa, que ahora produce más de 245.000 cajas anuales de vodka hecho con maíz y destilado en antiguos alambiques.

La industria del licor está llena de botellas de desaparecidas marcas de vodka. Es el segmento más competitivo del mercado.

En EE.UU., el vodka representa casi una tercera parte del consumo de bebidas alcohólicas destiladas. El líder en ese país, Smirnoff, vende más de 9 millones de cajas al año. Si a esto le añadimos una compleja legislación sobre la concesión de licencias, una laberíntica red de distribución y una cantidad limitada de espacio al alcance de un barman, las posibilidades de éxito son remotas.

En 1988, Beveridge viajó a Venezuela y Colombia para trabajar para Western Geophysical buscando petróleo en jornadas de 16 horas en rotaciones de seis semanas, con otras dos de descanso.
Después de tres años, sintió que era hora de regresar a casa.

De vuelta en Texas, trabajos breves de geólogo y vendedor de hipotecas lo convencieron de que los trabajos convencionales no eran para él. Así que hizo un ejercicio que vio en televisión: escribir una lista de sus fortalezas (dirigir a gente, ciencias, números) y de lo que más le gusta (las actividades al aire libre, la música en directo, las mujeres). Su tío le había enseñado a destilar vodkas de sabores y Beveridge también había tratado de fermentar frutas exóticas en Sudamérica.

Parecía fácil, pero en la época pre-Internet había pocos recursos en las bibliotecas. Así que tuvo que experimentar, creando las destilerías desde cero. En 1995, compró unas tierras baratas en una parte alejada de Austin. Posteriormente, construyó un alambique de cobre de 16 galones y un cobertizo temporal para albergarlo.

La espera fue larga. Después de varias pruebas y errores con lotes de maíz (que Beveridge prefiere en lugar de otras opciones como papas o centeno), logró el producto que quería: "el vodka destilado en alambique tiene rotundidad. Hace que sea fácil de tomar en sorbos y deja una buena sensación al beberlo. Te deja limpio por la mañana", dice Beveridge. El empresario tuvo que convencer a la Comisión de Bebidas Alcohólicas de Texas para que le permitiera abrir una destilería, la primera legal en el estado.

Además, tuvo que encontrar la forma de hacer el trabajo sin empleados. "Yo lo producía, lo embotellaba y lo cargaba a mano al camión", afirma. "Era brutal. Tenía 19 tarjetas de crédito. Cuando copaba el máximo permitido, transfería el balance a otra. No gané nada durante ocho años".

Buena impresión

Después de varias críticas positivas, llegó su golpe de suerte. En 1998, Tony Abou-Ganim, director del programa de cócteles del hotel Bellagio en Las Vegas, probó el Tito's Vodka y le gustó el sabor. Convenció a Beveridge para que hiciera presentaciones con su personal. "Todos lo conocieron y quedaron encantados. Nos convertimos en una de sus principales cuentas", afirma Abou-Ganim, que en la actualidad dirige una firma de consultoría de bebidas.

Hoy en día, aquel cobertizo temporal es su oficina y una serie de bodegas de color verde muestran la creciente producción de Beveridge. Fila tras fila de alambiques de cobre de 3,5 metros destilan seis veces el vodka para darle ese delicado sabor (menos de cinco, afirma, y el vodka sabe demasiado fuerte; más de seis no hace diferencia aparentemente). Beveridge y el resto de su personal (unos 20 empleados) caminan por las instalaciones vestidos con jeans y botas sucias, llevando probetas, dando sorbos a las muestras y echando el resto al suelo de concreto.

Esta etapa de experimentación se repite con cada nuevo lote de maíz. "Por un lado, intentamos eliminar el alcohol que su cuerpo no puede procesar, eso es venenoso para usted", afirma. "Y al mismo tiempo, intentamos dejar aquello que le da rotundidad y el efecto adecuado a su paladar".

Si bien los vodkas de calidad superior como Belvedere y Grey Goose se venden a unos US$30 por botella, Beveridge ha decidido mantener el margen de ganancias más bajo y vender su vodka por unos US$20 para alcanzar una audiencia potencialmente mayor.

Una persona inquieta como él se ha visto tentada a expandirse a otros licores. Hace algún tiempo intentó hacer whisky, pero modificó su plan: "Puedo venir aquí por la mañana, probar el vodka y sonreír", dice. "Pero el whisky, no estoy seguro de que sea una buena idea".

Siga bajando para encontrar más contenido