PND: al rescate de políticas 'olvidadas'

Un evento ocurrido en las últimas semanas ofrece la oportunidad, al menos potencialmente, de salvar muchas vidas en el futuro.

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mayo 23 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-23

Pero no se trata, como algunos podrían imaginarse, ni de la muerte de Osama Bin Laden ni del fortalecimiento de la estrategia contra la guerrilla. En realidad es un hecho que recibió poca atención de los medios y que tiene que ver con un tema que lamentablemente aún percibimos como de menor importancia en países como el nuestro: las enfermedades no transmisibles (ENT). El pasado 28 de abril se reunieron en Moscú, por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud, los representantes de los Estados miembros en la primera conferencia ministerial mundial sobre modos de vida sanos y control de las Enfermedades No Transmisibles. En Colombia, las poblaciones que viven en entornos urbanos muestran con mucha claridad la transición a una carga de la enfermedad cada vez más concentrada en ENT, entre las que cabe mencionar las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la diabetes. Por ejemplo, los últimos datos de estadísticas vitales para Colombia indican que ocho de las diez principales causas de muerte están en alguna de estas categorías. Por su parte, el Cendex estimó en el 2008 que el 76% de la carga de enfermedad en Colombia corresponde a enfermedades crónicas como las mencionadas. Aunque la contribución en número de muertes y en morbilidad es mucho más pronunciada en los entornos urbanos, esta dualidad de la carga de la enfermedad entre las enfermedades transmisibles y no transmisibles ya es una realidad en todo el territorio nacional. La preocupación sobre las ENT, más allá de sus consecuencias en términos de los años de vida perdidos, tiene también mucho que ver con los costos económicos que estas enfermedades acarrean a las sociedades, casi siempre asociados con la pérdida de productividad y los elevados costos de atención médica, pero que también tienen una interacción mucho más compleja con el fenómeno de la pobreza. Por fortuna, tanto la dimensión del problema como algunos de los costos que acarrea se reconocen en el Plan Nacional de Desarrollo, recientemente aprobado por el Congreso. De todas formas, el diagnóstico que presenta el Plan no hace explícitas otras justificaciones más contundentes para adoptar un mayor compromiso de acción para reducir las ENT. Por ejemplo, no se menciona que la creciente presencia de estas enfermedades en nuestra población constituye un obstáculo para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, o que pueden promover aún más desigualdad entre grupos sociales y ampliar brechas de género. Otro elemento que ha promovido el interés por las ENT tiene que ver con la viabilidad de adoptar soluciones, puesto que la reducción de una proporción importante de estos costos está al alcance de países en desarrollo. Esto se debe a la identificación, desde hace ya varios años, de un conjunto de políticas que se han evaluado y que se consideran costo-efectivas y realizables en entornos de muy limitados recursos. De igual manera, se han identificado cuatro factores de riesgo sobre los que las intervenciones deben incidir: consumo de tabaco, exceso en el consumo de alcohol, sedentarismo y alimentación inadecuada. La orientación de las políticas es muy importante y allí están los mayores retos para lograr una reducción en las ENT. Hasta hace unos años las políticas de enfermedades crónicas eran "invisibles", para utilizar la expresión con la que el mismo Ministerio de la Protección Social describió la situación de estas políticas en su informe al Congreso del 2010. Hay que celebrar, por tanto, que este se haya convertido, por fin, en un tema emergente en la agenda de salud del Gobierno. Así mismo, cabe destacar entre ellas el lugar que ocupan las políticas que contempla el Convenio Marco para el Control del Tabaco, que está en vigencia desde el 2008 en Colombia. Ahora bien, existe una marcada tendencia a asignar la responsabilidad exclusiva de la prevención y el control de enfermedades y de sus factores de riesgo a las autoridades de salud. Si bien es cierto que es un área en la que las autoridades de salud deben ejercer liderazgo, una lección que tenemos que aprender, y que es especialmente cierta en el caso de las ENT, es que para lograr los resultados deseados no es suficiente con involucrar a estos actores. Los factores sociales y económicos que determinan las ENT suelen estar por fuera del ámbito de acción de las políticas de salud públicas tradicionales. Y aquí es donde está una de las mayores dificultades para lograr la puesta en marcha de medidas como impuestos o regulación de mercados, que figuran entre las opciones más atractivas dentro del paquete de políticas que hoy se recomiendan. Su aplicación exige una capacidad de coordinación y la adopción de objetivos de salud explícitos en entidades que no suelen operar bajo estas condiciones. Nuestra propia historia de políticas de salud pública, a finales del siglo XX, que pasó por momentos muy difíciles para enfrentar las enfermedades transmisibles, hace que tengamos una tradición muy limitada de acciones colectivas fuertes para lograr objetivos de salud. Encontrar la manera de organizar, ya no sólo al Ministerio de Protección Social y a las Secretarías de Salud, sino también a otras instancias que incluyen, entre otros, al Ministerio de Hacienda, al Ministerio de Comercio Exterior y a las autoridades ambientales es la tarea que hay por hacer. HELGON

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