Población y crecimiento económico

Población y crecimiento económico

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mayo 22 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-22

La mayoría de análisis en Colombia sobre la evolución de las variables macroeconómicas excluyen una que es de fundamental importancia, la población o más específicamente la relación entre tasa de crecimiento de la población y variables o tasas de crecimiento de variables importantes como el PIB real, la distribución del ingreso, tasas de ocupación, de desocupación, niveles de violencia, de desplazamiento y de delincuencia, entre muchas otras.
Una de las relaciones más utilizadas es el PIB real sobre el total de población, lo que se conoce como el ingreso per cápita de la economía, que es la remuneración promedio de cada habitante en un país; ésta relación es importante al compararla entre años en un mismo Estado o entre naciones, para analizar si ha mejorado o no dentro de uno varios países; pero no dice nada en absoluto sobre la distribución del ingreso en un país determinado.
Por ejemplo, el ingreso per cápita real en Colombia en 1994 (base 1994) era de 1,73 millones de pesos, mientras que en el 2005 fue de 1,9 millones de pesos, lo que indica que comparativamente el ingreso promedio por habitante en Colombia ha mejorado en este lapso, entre otras cosas porque la tasa de crecimiento de la población ha aumentado por debajo de la tasa de desarrollo de la economía; por otro lado, el ingreso per cápita de E.U. es siete veces el de Colombia, entonces comparativamente estamos lejos del país más desarrollado.
El ingreso per cápita se utiliza como una medida de desarrollo económico, pero técnicamente no lo es; ésta medida no tiene ninguna información sobre cómo el ingreso del país se distribuye y utiliza para mejorar el desarrollo de la sociedad; por ejemplo qué porcentaje se destina a educación, a vivienda, para agua potable y para VIS, entre muchas otras destinaciones.
Tampoco nos dice nada sobre cómo esos 1,9 millones de ingreso por persona del 2005, se reparte entre los de menores y los de más altos ingresos; para ésto se utilizan índices como el de Gini, el de Theil, la Curva de Lorenz y el análisis que compara porcentajes de población frente a porcentajes de ingresos, lo que se conoce como análisis de pércentiles (quintiles, cuartiles, deciles).
El coeficiente Gini es una forma de medir la distribución del ingreso, entre más cercano a cero esté, quiere decir que el ingreso de la economía está más equitativamente distribuido, y entre más cercano a uno significa que no está distribuido justamente; para hacer una comparación, en Colombia en el primer trimestre de 1994 éste era de 0,493 y en el cuarto trimestre del 2002 era de 0,564; lo que significa que según estos datos del Dane, entre 1994 y 2002 se ha desmejorando la distribución del ingreso en Colombia.
Otra manera de ver cómo el ingreso se concentra, es dividiendo la remuneración del 10 por ciento de la población con mayores honorarios sobre el 10 por ciento de la población con menores ingresos; técnicamente esto se calcula dividiendo el decil diez sobre el decil uno de la población.
En el primer trimestre de 1983 esta división era de 19,3; esto es, que en 1983, el 10 por ciento de la población con mayores ingresos ganaba 19,3 veces, lo que ganaba el 10 por ciento con menores ingresos; pero en el primer trimestre de 2002, según los últimos datos disponibles, esta relación dio 45,16; lo que significa que en el 2002 el 10 por ciento de la población más rica ganaba 45,16 veces lo que ganaba el 10 por ciento más pobre. Sin duda a través de los años el grado de concentración de la riqueza se ha profundizado de una manera alarmante.
El anterior análisis es similar en la mayoría de paises de América Latina, lo que indica que las economías de mercado latinoamericanas, aunque han mejorado en muchos aspectos las condiciones de vida de sus ciudadanos, no han podido cerrar la brecha entre ricos y pobres; por el contrario la han aumentado dramáticamente.
Una posible explicación de lo anterior es que la estructura económica de los países no ha sido capaz de absorber a la cantidad de gente que año tras año entra a formar parte de la población económicamente activa. En Colombia, por ejemplo, entre el Censo de 1993 y el de 2005 la tasa de crecimiento anual de la población fue de 2,55%, mientras la tasa de crecimiento de los ocupados en ese mismo lapso fue de 1,06%; esto explica porque en los últimos datos de empleo y desempleo, el número de ocupados aumenta, pero también el de desocupados.
La población aumenta a tasas mayores de lo que la economía es capaz de absorber, y la mayor parte de la población sin oportunidades entra a formar parte de los habitantes con muy bajos ingresos o lo que es peor, sin ellos.
Los planes de desarrollo de los últimos cinco años han mejorado muchos los aspectos de calidad de vida de los ciudadanos; esto es evidente en los resultados de la encuesta de calidad de vida del 2008 que presentó el Dane; pero, por otro lado, la población menos favorecida sigue siendo un sector hacia el cual las políticas de desarrollo, aunque han sido ambiciosas en la última administración, no son suficientes para cubrir a la cantidad de gente que crece año a año en este nicho de población.
Entonces si los recursos no son suficientes para cubrir las carencias de este sector de la población que día a día crece más, una solución sería: 'controlemos' la tasa de crecimiento de la población en los sectores más vulnerables. La pregunta sería entonces: ¿hay políticas serias en Colombia de control de la natalidad en los sectores más pobres?
Aunque el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se encarga de estos asuntos, las políticas o leyes en este aspecto deben provenir o del Ejecutivo o del Legislativo.
Los países como Colombia y la mayoría de latinoamericanos, deben analizar seriamente el asunto y promulgar políticas que por lo menos controlen la tasa de natalidad de los sectores de población menos favorecidos; de otra manera los cinturones de miseria en las ciudades grandes continuarán creciendo y muchos problemas sociales que vienen unidos a la pobreza como la delincuencia, la violencia urbana, la violencia intrafamiliar que surge del hacinamiento, las enfermedades, entre otros, no tendrán pronta solución.
El sector rural tampoco se escapa de las altas tasas de crecimiento de la población del sector más pobre y a la falta de políticas de control demográfico; esto es evidente en la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud. La falta de oportunidades de los sectores pobres en el campo, unido a la creciente población de éstos, lleva a muchos de los problemas sociales ya conocidos del campo en Colombia. 

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