Pobre análisis económico

En el ambiente que se vive en Colombia, la caja de herramientas de muchos analistas económicos solo contiene una pieza: la confianza. Si se desata una crisis institucional de grandes proporciones que amenaza la convivencia, lo que importa, y lo que debe preocupar, es la pérdida de confianza de ‘los inversionistas’. Esa actitud, ese espíritu, mueve a tales personas o instituciones como marionetas y los lleva a sacar sus ‘inversiones’ del país, lo que produce un exceso de demanda de divisas extranjeras y, por tanto, una inmediata devaluación del peso.

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julio 09 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-09

Si, en un episodio de maravilla, alucinante, la fuerza pública logra la liberación de quince secuestrados y le da un volantín al escenario político -con posibles efectos de largo plazo- pues sí, buena noticia, pero lo que importa es que la confianza de los inversionistas aumenta. ‘La confianza inversionista’ es ahora una fuerza centrípeta que trae dólares a montón y, en cuestión de días, produce una revaluación vertiginosa del peso. No se pregunte más: es la Seguridad Democrática. Con eso basta. No vale la pena averiguar por las mediocridades de un mercado cambiario que se comporta como una auténtica montaña rusa. No tiene sentido preguntarse si, acaso, no sería bueno indagar por la vulnerabilidad de ese mercado a las manipulaciones de ciertos ‘caballeros de industria’. El concepto de ‘inversión’ se vuelve una cosa de plastilina, que sirve para describir compra de equipos, adquisición de papeles del Gobierno, compra de apartamentos de lujo con dinero en rama, adquisición de fincas de lujo. El concepto de ‘inversionista’ se reduce, simplemente, al de alguien con dinero, metiendo divisas por donde sea a la economía colombiana. No importa: el concepto clave es el de la confianza, que es una palabra mágica, una panacea cuando aumenta, y una maldición cuando disminuye. POBRE ANÁLISIS ECONÓMICO Otros analistas y responsables de la política pública cargan en su caja de herramientas otra pieza, que es la ceguera complaciente. Nadie se ha molestado en controvertir mi sospecha de que la Inversión Extranjera Directa que viene de Anguilla, Panamá, Islas Caimán, Monserrat, que el año pasado fue un alto porcentaje de la inversión extranjera no petrolera, es puro soufflé, pura paja, puro lavado de acti vos, y en no pocas ocasiones pura evasión de impuestos de ciudadanos colombianos por encima de toda sospecha. Es que no importa. Es que la confianza es lo que debemos mantener e inflar. La confianza y la felicidad son una y la misma cosa. Mientras tanto, el pobre análisis económico que prevalece en tantos sectores de prensa e ‘intelectuales’, evita considerar los reales y espesos problemas de la economía y la sociedad colombianas. Es como si casi todos los pensadores económicos hubieran adquirido la profesión de analistas de bolsa pegados a una pantalla electrónica de nueve a una. Los cerebros debieran ocuparse más de cositas como que en Colombia debiera haber un sistema económico de mercados libres, sujetos a regulación eficaz para impedir desafueros y ‘fallas’ contra los consumidores. Que el Estado desempeñara bien su tarea de construir y fortalecer dichos mercados, en todos los ámbitos de la vida económica. Que el Gobierno debiera tener unas finanzas sostenibles, definidas como unas finanzas liberadas de la esclavitud de un endeudamiento público inmanejable. En fin, que Colombia debiera ser un país en paz, no un país ‘pacificado’, después de firmar papeles de rendición mojados de lágrimas, para tener prosperidad económica en libertad. Pero la confianza, esa entidad que sube y baja, se ha vuelto un Santo Grial. A este ritmo, pronto no valdrá la pena ser economista, sino más bien experto en medir y administrar las fantasías de los ‘inversionistas’. '' Pronto no valdrá la pena ser economista, sino más bien experto en medir y administrar las fantasías de los ‘inversionistas’.WILABR

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