Pobreza y desempleo, los duros de combatir

El camino al desarrollo ha tenido varios saltos en los últimos tres lustros, empezando por El Salto Social, plan nacional de desarrollo (PND) del presidente Ernesto Samper (1994–1998), concebido como el pacto en un Estado de bienestar en donde todos toman algo de todos.

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septiembre 15 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-15

Uno de los objetivos que propuso el plan de desarrollo de ese cuatrenio fue la generación de 400.000 nuevos empleos por año. Los resultados hacía mediados de julio del 95 demostraron que se incumplió casi el 50 por ciento de lo propuesto. Los nuevos empleos apenas superaron los 225.000 puestos. Resultado que Planeación Nacional atribuyó al crecimiento de la productividad, en razón de la calidad del capital complementario, que se importó con la apertura. Según el ex ministro Rudolf Hommes, por esa época la situación económica y fiscal se estaba enredando y el Gobierno buscaba a quién pasarle el muerto. “Esto no es aceptable en términos generales y tampoco lo es en lo fiscal. En primer lugar, el gobierno hizo cuentas alegres sobre los ingresos tributarios y programó recaudos superiores a los que hubieran podido esperarse”. Al mismo tiempo Fedesarrollo lanzó un libro en el que mostraba cómo los ingresos del Plan de Desarrollo estaban muy inflados y que por eso no podía llevarse a cabo sin generar un gran déficit. Durante ese período, además del destape del Proceso 8.000, los precios del café estaban por debajo de la meta en casi cincuenta centavos de dólar por libra, lo cual hacia aún más difícil la situación fiscal, especialmente después del fracaso de la reforma tributaria. Luego, Samper anunció que debía reducir en 550.000 millones de pesos el gasto público, como medida para controlar la inflación, y que ese dinero saldría de los recursos asignados para la ejecución de la Red de Solidaridad Social. Es decir, que cerca del 16 por ciento del presupuesto destinado a la red fue recortado. Años mas tarde, le tocaría el turno al presidente Andrés Pastrana, quien denominó a sus metas de Gobierno como ‘El Cambio para Construir la Paz’. En la presentación del PND para los años 1998–2002 se aseguró que era un proyecto realista, y por eso las metas en materia social se ajustaban a la estrechez económica que se recibía. En ese periodo es el vicepresidente Gustavo Bell quien lidera el proceso de empalme en lo que tiene que ver con la política social del gobierno Samper. Se fijaron como prioridades la generación de empleo, la cobertura educativa y la lucha contra la pobreza. En plan contemplaba en materia macroeconómica, un aumento del PIB por encima de los obtenidos durante 1998 y 1999 (3,1 por ciento y 2,8 por ciento, respectivamente). De esta manera para el 2000 el crecimiento sería de 3,5 por ciento, para el 2001 de 4,2 por ciento; y para el 2002 de 5,1 por ciento. Pero tampoco se logró. En el 2000 fue de 2,92 por ciento; en el 2001 de 1,47 por ciento; y en el 2002 fue de 1,93 por ciento. Para ese cuatrenio el pobre desempeño de la economía en materia de crecimiento; los grandes desequilibrios fiscal y externo y las dificultades para financiarlos, y la baja absorción de empleo que registran los sectores productivos, hicieron que el cumplimiento del PND fuera bastante oscuro. Al final, ni las reducciones de la tasa de interés por parte del Banco de la República ni el cobro del dos por mil a las transacciones bancarias sirvieron para acelerar la tan deseada recuperación, explican expertos. 8% Este debe ser el porcen- taje máximo de indigencia al finalizar la administra- ción Uribe, en 2010. 39% Nivel máximo de pobreza en el país, al final el período del actual gobierno. 8,8 % Es la meta de desempleo fijada por el Departamen- to de Planeación Nacional para el 2010. Las nuevas metas del Plan para el 2010 El Gobierno del presidente Álvaro Uribe, trazó nuevas metas sociales, pero definió su plan de desarrollo con el nombre de ‘País de Propietarios’. El plan de navegación (2006–2010) no dista mucho del primero (2002–2006), cuando los esfuerzos se enfocaron en lograr el restablecimiento de las condiciones de seguridad. Para el Departamento de Planeación Nacional, el primer plan se habría cumplido en un 97 por ciento de las metas físicas. Según Fedesarrollo, solo se llegó al 83 por ciento de los objetivos, ejecutando el 98 por ciento de los recursos programados. Aunque el Plan actual aún tiene dos años de ejecución, hay quienes afirman que se redujo a la Ley de Presupuesto. Así lo cree el senador liberal Camilo Sánchez, luego de que el PND fuera aprobado en el Congreso. Sánchez dice que en el plan se colaron ‘micos’ como el artículo 41, en el que se abrió el espacio para que los honorables congresistas recomendaran la ejecución de más de 400 obras en las regiones donde tienen influencia política. Razones de peso, dice Alejandro Gaviria, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, para pensar que el PND pasó de ser una herramienta en la que se plasmaban las promesas del presidente de turno a un revoltijo ideológico. “Es un monstruo de tres cabezas: una tecnocrática (a cargo de Planeación Nacional), otra participativa (a cargo del Consejo Nacional de Planeación) y una más representativa (a cargo del Congreso)”, señala. El Plan actual que condensa 306 metas, incluye inversiones por 228,6 billones de pesos, de los cuales 13,6 billones irán a defensa y seguridad y 130 billones 100 mil millones de pesos a combatir la pobreza y promover la equidad y el empleo. Gracias a mayores aportes del sector privado y otros ajustes en entidades territoriales y descentralizadas, el PND 2006–2010 contó con 6 billones pesos más de lo previsto (222 billones de pesos), precisó Carolina Rentería Rodríguez, directora del DNP.WILABR

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