Pobreza, distribución del ingreso y desigualdad regional

Las condiciones generales de atraso en los que se encontraba la economía colombiana a principios de siglo fue el punto de partida del cambio en la organización productiva del país, la cual transformó las estructuras laborales y el régimen de acumulación de capital físico y humano.

POR:
julio 17 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-17

Este proceso tomó aproximadamente 50 años, pero en contraste con la acelerada transformación estructural, se retraso la respuesta de la productividad de la agricultura y la transformación del capital humano (Londoño 2005, 185), hechos que se manifestaron en una mayor desigualdad en los ingresos salariales que explican en gran parte el comportamiento del coeficiente de Gini entre 1938 y 1988. Tampoco eran significativos los incentivos para que las personas mejoraran sus condiciones de vida mediante la acumulación privada de capital humano. A finales de los 30, la mayor parte de la población se ubicaba en los campos; sin embargo, mientras los asalariados campesinos tenían unos ingresos de $200 en 1938, los asalariados de los centros urbanos recibían $368, dejando entrever la brecha existente entre los ingresos de trabajadores rurales y urbanos (Londoño, 2005). Esta fue una fase en la cual la productividad de los factores crecía más rápidamente que los salarios, de tal modo que se también se profundizó la diferencia de ingresos entre empresarios, rentistas y trabajadores. Los ingresos de los trabajadores derivados de su acumulación de capital humano cobraron importancia durante este periodo. Los intereses estatales, e incluso privados, por impulsar la educación y la preparación técnica de la fuerza laboral durante el siglo XIX habían sido casi nulos, razón por la cual el número de alumnos matriculados en primaria era muy bajo a principios del siglo XX. Como se muestra en el gráfica 2, el número de niños matriculados en primaria como porcentaje de la población total subió del 4,8 por ciento en 1905 al 12,3 por ciento en el año 2000 (Ramírez y Téllez 2007). A lo largo del siglo XX se puede apreciar que el Estado hace un gasto muy modesto en educación hasta los 50, pero que emprende un importante esfuerzo fiscal por aumentar la cobertura y la calidad educativa, especialmente entre los 60 y mediados de los 80. El gasto del Ministerio de Educación Nacional como porcentaje del presupuesto nacional fue de cerca de 5 por ciento en promedio entre 1912 y 1960, año a partir del cual tiene un importante crecimiento hasta 1984, con 20 por ciento del total, pero el esfuerzo decrece al 10 por ciento del presupuesto hacia el año 2000. (gráfica 3). Durante el siglo XX, los años promedio de educación de la población urbana se duplicaron entre la década de los 30 del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, pasando de 4 a 8 años. Comparado con un trabajador norteamericano que ha recibido 14 años de educación, la productividad del colombiano es una cuarta parte, a pesar que la dotación de capital fijo no es muy distinta (Hall, Jones, 1999). Otra característica de la educación colombiana durante el siglo XX se aprecia en el aumento del número de alumnos matriculados en secundaria como proporción de la población total, que pasó del 1 por ciento en 1905 a más del 8 por ciento a finales del siglo XX; la participación de la matricula en establecimientos oficiales en la aumentó, pasando del 30 por ciento en los años 30 a casi 70 por ciento en el 2000, reflejo de los esfuerzos del sector público en la ampliación de la cobertura en ese nivel (Ramírez y Téllez 2007). Entre 1976 y 1982, la acumulación de capital humano produjo una reducción en la dispersión de los ingresos (Birchenall, 1997). Durante este periodo se presenta una mejora en la distribución del ingreso urbano, tendencia que se invierte en los 80, y se profundiza durante los 90. Entretanto, se da un deterioro distributivo del ingreso rural a finales de los 70 y posterior mejoría durante los 90 (Ocampo et. al.). La reducción en la inequidad de la distribución del ingreso presentada a finales de los 70 se estanca durante los 80, década en la que el gasto en educación disminuye (gráfica 3), a causa del difícil ambiente macroeconómico de la década, caracterizado por la crisis de la deuda en América Latina y los crecientes déficit fiscales y en cuenta corriente que enfrentaba país, conduciendo a un relativo estancamiento económico. La reducción en el gasto aumentó el desempleo y el subempleo y frenó la acumulación de capital humano, con lo cual se recrudece nuevamente la desigualdad de los ingresos. Las reformas estructurales de principios de los 90 incluyeron la apertura a los mercados internacionales y la liberación del mercado laboral lo que significó un cambio en su estructura. El diferencial de salarios aumenta a favor de los trabajadores con mayor nivel educativo, destacando la escasez de mano de obra calificada, en tanto el cambio tecnológico fue intensivo en capital, y no de mano de obra sin calificación. A mediados de la década la generación de empleo disminuye, afectando principalmente a los trabajadores con menor nivel educativo, lo cual tuvo un impacto importante en el comportamiento de la pobreza, principalmente en el aumento observado a partir de 1997. La crisis de 1999 lleva la tasa de desempleo a su nivel máximo de la centuria. Según la OIT, “Entre 1990 y 1997, el efecto de la apertura se manifestó en un descenso en la demanda por determinadas competencias y calificaciones y un aumento en la demanda por otras. Esto habría elevado el desempleo friccional y sobre todo el estructural, respecto al registrado en la década de los 80, en la medida que el sistema educativo, la educación técnica y las instituciones de educación profesional, no se ajustaron ni se adaptaron con la misma velocidad, a los cambios registrados en la demanda de trabajo por tipo de competencias y calificaciones. Complementariamente, cabría también agregar insuficientes logros en la educación secundaria” (OIT, 1999,), citado de PNUD, 2008. La distribución que revelan las cuentas nacionales confirma que la distribución entre los ingresos salariales y el excedente bruto de explotación, que incluye ganancias, intereses y rentas de la propiedad raíz, favoreció a los segundos (gráfica 6). Entre 1994 y 2004 el excedente bruto de explotación aumenta su participación en 8 puntos del PIB, en su mayor parte a costa de la participación de los salarios, algo que es verdaderamente extraordinario en la literatura que tiende a resaltar la estabilidad en la distribución de la renta en distintos países. En la apertura de los 90 es aparente una ganancia pequeña de los salarios de dos puntos del PIB que se mantiene hasta el 2002. El excedente bruto de explotación aumenta también unos 3 puntos del PIB en el mismo período, que sumados van contra el ingreso de los productores independientes e informales. '' Entre 1976 y 1982, la acumulación de capital humano produjo una reducción en la dispersión de los ingresos.” ''A lo largo del siglo XX se puede apreciar que el Estado hace un gasto muy modesto en educación hasta los años 50.” '' Las reformas estructurales de principios de los años 90 incluyeron la apertura a los mercados internacionales.” WILABR

Siga bajando para encontrar más contenido