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Pobreza rural y propiedad de la tierra

La situación de los campesinos colombianos es dramática y ha venido empeorando. Aún las maquilladas cifras del DNP reconocen que cerca del 70 por ciento de los 12 millones de colombianos que viven en el campo no reciben ingresos suficientes para vivir bien y que el 28 por ciento está en la miseria. El DNP también reconoce que en los dos últimos años ha aumentado en un 5 por ciento el número de pobres en el campo, y que el ingreso rural per cápita ha caído 1,6 por ciento en lo que va de este gobierno. Otras mediciones de la pobreza, como la que hace la Universidad Nacional, revelan un panorama mucho más grave pues muestran que es el 81 por ciento de los campesinos los que están en situación de pobreza y casi el 40 por ciento en la miseria.

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mayo 09 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-09

El debate académico sobre cuál de los porcentajes es más acertado se vuelve un poco irrelevante ante la magnitud de las cifras absolutas. Inclusive tomando la más baja del DNP se tendría que casi 8,5 millones de campesinos viven en situación de pobreza y 3,3 millones en la miseria. Los miles de millones de pesos gastados en las políticas de “seguridad democrática” no servirán para alcanzar una paz estable y duradera mientras esta situación no cambie radicalmente y esos millones de compatriotas no tengan la posibilidad de una vida digna. Tampoco basta la presencia militar del Estado en las zonas en conflicto para acabar con la guerra, si no está acompañada de la presencia social del Estado que ofrezca y garantice salud, educación, vivienda y los demás servicios básicos para toda la población. Por eso uno de los puntos que se debería estar debatiendo con más intensidad en la actual campaña electoral es el de las propuestas para disminuir la pobreza rural, y el análisis de lo que se ha hecho en este frente durante este gobierno. Pero el presidente Uribe no está interesado en debatirlos con los otros candidatos y además descalifica tajantemente a quien se atreva a plantearlos y a cuestionar la prioridad absoluta de su política de seguridad democrática; según dijo el candidato-presidente “Colombia no necesita la tesis del comunismo disfrazado a la que no le importa el crecimiento sino la demagogia de la distribución”; además hace una acusación muy grave pues según él quien no apoya el camino de la seguridad democrática hacia la paz le va a entregar el poder a las Farc. No es coincidencia que el Presidente haya hecho estas temerarias acusaciones al otro día de que Serpa presentó sus propuestas para disminuir la pobreza rural, que incluyen una importante redistribución de la propiedad de la tierra incluyendo la extinción del dominio de los predios adquiridos con dineros del narcotráfico o por medio de la violencia, que se calculan en 4 millones de hectáreas para redistribuirlos o devolverlos a sus legítimos dueños en el caso de los desplazados. Respecto de estos últimos, la Iglesia Católica ha divulgado un documento en el que denuncia que los grupos armados ilegales se han apoderado de 1,2 millones de hectáreas que pertenecían a familias campesinas desplazadas por la violencia. La aguda situación de pobreza en el campo está íntimamente relacionada con la distribución de la tierra. Según un estudio de la Universidad Nacional hay 655.000 hogares campesinos que no tienen tierra y siguen esperando la reforma agraria prometida desde hace 40 años; otros 2.250.000 hogares poseen sólo minifundios de menos de 3 hectáreas: representan el 58 por ciento de los propietarios rurales, pero tan solo poseen el 1,7 por ciento de los 82 millones de hectáreas incluidas en el registro catastral del Agustín Codazzi. En el otro extremo, el 53 por ciento de la tierra registrada, es decir casi 44 millones de hectáreas, está concentrada en tan solo 2.428 terratenientes (no es un error tipográfico, son dos mil cuatrocientos veintiocho propietarios dueños de la mitad del territorio colombiano). ¿Será posible alcanzar la paz mientras se mantenga esta impresionante concentración de la propiedad rural que se ha agudizado en los últimos años? Con todo respeto con el Presidente hay que decir y enfatizar que la redistribución de la tierra y la devolución a sus legítimos propietarios no es demagogia, sino un requisito indispensable tanto para acabar con el conflicto armado como para consolidar el mercado interno y acelerar el crecimiento económico. Consultor privado "La aguda situación de pobreza en el campo está íntimamente relacionada con la distribución de la tierra”.

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