Polémica y revolucionaria

Una serie de economistas en Estados Unidos, entre ellos el investigador de la Universidad de Stanford, Thomas Sowell, han sacado a luz una idea tan polémica como revolucionaria: la posibilidad de que los estudiantes universitarios ‘titularizen’ sus carreras y de esta forma financien sus estudios con los recursos obtenidos. No sólo liberarían a sus progenitores de una carga que en muchas ocasiones se ha vuelto incosteable, sino a la sociedad, ya que el Estado puede utilizar estos recursos fiscales para socorrer a los niños y los ancianos.

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agosto 09 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-09

El que un grupo de personas, en forma individual o colectiva, asuma riesgos en espera de futuros dividendos, es tan antiguo como la rueda. Lloyd’s de Londres se inicio en una cafetería en la cual unos inversionistas se comprometían a financiar tanto a comerciantes como a bucaneros, y a cubrir las pérdidas en caso de que la empresa no llegará a feliz destino. Lo que el investigador norteamericano propone es que los estudiantes, directamente, o a través de una organización especializada, recurran al mercado de capitales de riesgo para financiar sus carreras. El estudiante les pasa a los potenciales inversionistas su perfil personal y profesional, al igual que una radiografía de la carrera y la universidad escogidas, con un compromiso firme de participar a quienes lo respaldaron con un porcentaje, durante un número de años preacordado, de los ingresos esperados. Aparte de los desafíos en su implementación, la revolucionaria idea de Sowell tendría inmensas ventajas, pero contaría con la férrea oposición de numerosos sectores, principalmente por parte de los poderosísimos burócratas del sector educacional que se consideran depositarios de la verdad revelada. En cuanto a las ventajas, muy posiblemente el grueso de los recursos fluirá exclusivamente hacía los excelentes estudiantes, bilingües por supuesto, que hayan escogido algunas carreras que requiere el país como las ingenierías, las ciencias, la administración, y la medicina. Todas ellas, obviamente, en universidades de muy primer nivel. Se cae de su propio peso que muy pocos inversionistas estarían dispuestos a financiar ‘carreritas’ en las universidades de garaje donde generalmente los estudiantes salen más burros de lo que entraron o en las ‘Fábricas de Leguleyos’, que más que abogados, lo que sacan es tinterillos. Lejos estoy de generalizar la crítica a los abogados. Soy hijo y nieto de distinguidos juristas, pero tanto aquí como en muchos países, en especial los E.U., faltan ingenieros y sobran abogados. Los problemas principales con la proliferación de los abogados es que la naturaleza aborrece el vacío. Por lo tanto ellos mismos se encargan de promover y fabricar leyes, normas, y reglamentaciones, cuya interpretación e implementación sea tan endiablada que requiera de manera indefinida no sólo de sus servicios, sino que los pleitos en torno a ellas sean eternos. Say ya lo había dicho: “La oferta crea su propia demanda”. Empresario "No sólo liberarían a sus progenitores de una carga sino a la sociedad”.

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