El Estado y la política fiscal en el siglo XX: El recaudo tributario

El Estado y la política fiscal en el siglo XX: El recaudo tributario

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mayo 21 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-21

El ingreso fundamental del Gobierno Central hasta los años 30 va a surgir del arancel a las importaciones, que se aprueba por decreto ejecutivo, es fácil de recaudar y tiene numerosos defensores.

Los productores se benefician con la restricción a la competencia, los consumidores son inconscientes de que están pagando altos impuestos en las aduanas y los grandes contribuyentes prefieren que el Estado no les meta la mano a los bolsillos y, en vez de eso que asalte la aduana.

El alto arancel se justificará como una estrategia de desarrollo sólo después de los años 30. Durante la primera mitad del siglo se podrá imponer un impuesto a la renta de las personas, no va a existir un impuesto a la tierra rural y los impuestos a las ventas tendrán que esperar hasta los años 60.

En el nivel departamental serán los impuestos al aguardiente, la cerveza y el cigarrillo y a los vehículos los que sostendrán un mínimo nivel de acción, mientras que las administraciones locales vivirán penosamente de un pequeño impuesto predial y eventualmente del situado fiscal o transferencias del Gobierno Central.

Los impuestos al café, como ya se ha visto, fueron el resultado de una negociación con el gremio mediante la cual los ingresos serían administrados por éste, para lo cual se desarrolló un estado paralelo en las regiones cafeteras del país que invertía los recursos en infraestructura, educación, salud y en el propio desarrollo tecnológico del cultivo (Bates, 1998).

Algo de los impuestos cafeteros terminaban en las arcas del Gobierno, pero en el fondo negaba el principio de igualdad frente a la ley, en tanto los recursos no se repartían de acuerdo con la representación de intereses en el Congreso, sino de un principio corporativo que aseguraba que la fuente y el destino de los recursos sería el mismo.

La crisis de precios del café en 1929-1934 que reduce las importaciones y los recursos del arancel que le entraban al Gobierno lo obligan a buscar fuentes internas de tributación como lo será un pequeño impuesto de renta aprobado en 1936.

La contribución cafetera se mantendrá para financiar los inventarios a que da lugar el pacto internacional de cuotas, pero liquidado éste en 1989 pierde importancia, a la vez que la participación de Colombia en el mercado mundial se reduce drásticamente.

La introducción de una legislación de seguro social en 1948 va a imponer contribuciones a las nóminas de todas las empresas del país de ahí en adelante y eventualmente se le colgarán un pesado número de impuestos que van a elevar el costo del que trabaja y agravar la informalidad y el desempleo. Ellos servirán para financiar un sistema limitado de pensiones y de salud que se logrará expandir mucho después de 1993.

Las reformas fiscales iniciadas en 1936 llevaron el impuesto a la renta al 2% del PIB en los años 40 y al 4% del PIB entre 1956 y 1976. Las reformas de la década del 70 lo redujeron bastante, al tiempo que se trepaban los impuestos a las ventas internas, pero en los 90 hubo que elevarlos nuevamente.

El Impuesto al Valor Agregado se convirtió en el principal instrumento de recaudo del Gobierno Nacional. En la nueva composición, el 60% de los impuestos los paga el consumidor, sin importar mucho su nivel de ingreso, mientras que el resto es abonado por las empresas, llamadas 'grandes contribuyentes', porque sus propietarios gozan de exenciones considerables, como la de no pagar impuestos sobre dividendos, al eliminarse la llamada doble tributación.

Los asalariados de altos ingresos también obtienen exenciones apreciables si ahorran en los fondos de pensiones o en los destinados a adquirir vivienda, de tal modo que el sistema termina siendo muy inequitativo, pero además es muy difícil de cambiar.

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