¿Cuál política industrial?

A lo largo de las últimas semanas ha subido el nivel del debate sobre la necesidad de una política industrial en Colombia.

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mayo 11 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-11

Sin desconocer que debe existir una estrategia orientada a promover el crecimiento del sector real, diferentes sectores tienen concepciones particulares sobre la manera de lograrlo. En las economías más avanzadas y en las de reciente auge, la producción de bienes de mayor valor agregado viene aumentando su participación. Pero más que el peso de la actividad, lo fundamental es que la industria moderna se caracteriza por incorporar en sus procesos un alto componente de tecnología y conocimiento y por mostrar una fuerte integración con el resto de las actividades. En general, la actividad económica moderna trasciende la tradicional división sectorial, para convertirse en una sola cadena de valor. Puesto de otra manera, no basta sólo con pensar en los eslabones individuales. Ante este reto, es indudable que al país le conviene ajustarse a las condiciones de globalización. Algo de eso ha ocurrido en Colombia, pues ha aumentado la inversión productiva, se ha avanzado en la modernización de las empresas, se han racionalizado los costos de producción, se han fortalecido las alianzas entre ramos y se ha hecho un esfuerzo en adoptrar tecnologías nuevas. También hay que destacar la participación de la inversión extranjera directa y el creciente protagonismo de las empresas colombianas en el exterior. La actitud del Estado frente a la industria en un mundo global, difiere sustancialmente de la política de otros tiempos. A diferencia de los setenta, no se trata de cerrar las puertas y proteger a unos pocos. Es por ello que hay que migrar de una concepción sectorial anacrónica, a una visión integral. Eso sólo se logra mediante un avance en competitividad. Afortunadamente, el sector privado y el público cuentan con una visión y numerosos estudios sobre lo que se debe hacer. Ante ello, el desafío es el de poner en marcha los planes y ejecutarlos bien, porque la integración y los tratados con países desarrollados son una realidad. A eso se suman la vinculación a la Ocde y una relación más estrecha con Apec y AIP para ahondar en el Asia Pacífico. La política de competitividad que necesita ejecutarse debe ser integral, con concepción de cadena de valor, visión de largo plazo y enfoque internacional. Tiene que centrarse en la innovación, la tecnología y el conocimiento. En lo macro, es fundamental contar con reglas de juego que les permitan a los empresarios mantener altas tasas de inversión. Con respecto al entorno, la infraestructura no da espera y hay que superar el rezago de muchos años. Eso implica el desarrollo de corredores logísticos de talla mundial, haciendo que el transporte multimodal sea real. En otros frentes se necesita un mercado de capitales desarrollado, de tal forma que fluyan recursos de largo plazo, en condiciones similares a las de los mercados mundiales. El capital humano también forma parte de esta estrategia; el bilingüismo y la educación, acordes con parámetros elevados, son el punto de partida. A lo anterior, se suma la necesidad de una política ambiental ágil, que facilite la toma de decisiones de inversión. Todo esto sin dejar de lado la inversión en ciencia y tecnología. Finalmente, con relación a las políticas microeconómicas, se deben abordar aspectos como la eliminación y reducción de tiempos en los trámites, la formalización, el desarrollo de sectores de punta y la creación de un inventario de proyectos de inversión. Pero todo lo anterior no puede confundirse con añorar el país proteccionista de hace unas décadas. Volver al pasado sería un error del cual todos, más temprano que tarde, nos arrepentiríamos, así a unos pocos les prometa ganancias de corto plazo y, por un tiempo, les haga la vida más fácil.HELGON

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