¿Política industrial o de competitividad?

Varios autores, entre ellos Dani Rodrik de la Universidad de Harvard, vienen argumentando que si uno mira en detalle el caso de las economías emergentes con mejor desempeño económico en los últimos 50 años, encontrará la implementación de alguna forma de ‘política industrial’. Si esto es así, ¿por qué se satanizó el concepto de ‘política industrial’? En parte es entendible, en la medida en que en Colombia este término hace recordar el periodo de la política de sustitución de importaciones a ultranza y las licencias previas, que en ocasiones fueron caldo de corrupción.

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marzo 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-23

En un sentido amplio, la reciente literatura describe la ‘política industrial’ como la generación de espacios para que agentes públicos y privados se reúnan para abordar las potenciales distorsiones –entre ellas, las de mercado– y las necesidades de bienes públicos específicos que están asociadas a la producción de bienes o servicios. Valga la pena aclarar que –aunque el nombre puede ser un poco engañoso– esta política no sólo pretende cubrir el ámbito industrial, sino todos los sectores, incluyendo el agropecuario y el de servicios. En la medida en que los recursos económicos, políticos, de capital humano y de tiempo son finitos, una ‘política industrial’ implica –por corolario– la priorización de unos sectores y temas con base en criterios técnicos. Al mismo tiempo, ésta debe orientarse por demanda de los inversionistas, pero evitando que sea capturada por intereses particulares o la generación de rentas, en vez de la promoción de actividades con elevados estándares de productividad. Y es que precisamente uno de los grandes logros de la administración Uribe ha sido la implementación de una ‘política industrial’ moderna a través de la formulación de la Política Nacional de Competitividad (Conpes 3527) y el establecimiento del Sistema Nacional de Competitividad. Muchos de los elementos incluidos en esta política cabrían dentro de la definición que el estado del arte le da al término ‘política industrial’, tales como la creación de una Comisión Nacional de Competitividad y de Comisiones Regionales de Competitividad (existen ya 32, una por cada departamento) que deben servir como espacios para que actores públicos y privados se sienten a resolver los cuellos de botella que inhiben la competitividad de los diferentes sectores productivos. Otro elemento importante de esa política que la acerca a la nueva definición de ‘política industrial’ es el desarrollo de sectores de talla mundial que vienen implementando los ministerios de Comercio y Agricultura a través del Programa de Transformación Productiva. Por medio de una convocatoria pública se definieron –en su primera ola– 12 sectores (4 agroindustriales y 8 no agropecuarios), para los cuales se han establecido alianzas público-privadas para abordar los problemas que afectan su competitividad. Probablemente varias de estas apuestas fracasarán y habrá que dejarlas ir y seguir apostándole a otras. Pero de eso se trata la ‘política industrial’; es una constante búsqueda de potenciales nuevos sectores hacia donde el área productiva debe moverse; donde los aciertos más que compensen los eventuales fracasos. Precisamente, la semana pasada se llevó a cabo el ‘XII Encuentro Colombia Compite’, organizado por el Ministerio de Comercio, el cual se centró en los avances del Programa de Transformación Productiva. Que la reciente literatura de desarrollo esté tratando de rescatar del ostracismo el nombre de ‘política industrial’ no es lo importante. Lo crucial es que Colombia siga en la construcción y consolidación de su institucionalidad y de su política para la competitividad. La continuidad es el mayor reto que tenemos, en especial teniendo en cuenta la llegada de un nuevo Gobierno a partir de agosto. Lo de menos es el nombre. MARCO A. LLINÁS VARGAS Vicepresidente Técnico, Consejo Privado de Competitividad mllinas@compite.ws Lo crucial es que Colombia siga en la construcción y consolidación de su institucionalidad y de su política para la competitividad. La continuidad es el mayor reto que tenemos.ANDRUI

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