Hacia una política para la infancia

Es laudable la meta del Gobierno de ampliar la cobertura en atención integral a un millón de niños entre 0 y 5 años.

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diciembre 05 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-05

El informe 'Estado mundial de la infancia' (Unicef), muestra logros en la supervivencia y el desarrollo infantil: las muertes de menores de 5 años pasó de 12,5 millones a 9 millones (1990-2008); en regiones en desarrollo, los suplementos con dos dosis de Vitamina A creció desde 1990 de 16% a 62%; la vacunación con tres dosis de DPT3 (contra difteria, tos ferina y tétanos) aumentó el 75% al 81% (1999-2007); bajaron las muertes por sarampión en un 74% desde el 2000; más de 1.600 millones de personas accedieron a agua potable (1999-2007); la desescolarización pasó de 115 a 101 millones de infantes (2002-2007), y se dio una permanencia del 90% hasta el último grado de primaria.

Pero persisten los desafíos: 1.000 millones de infantes carecen de uno o más servicios esenciales para la supervivencia y el desarrollo; 148 millones de menores de 5 años, en las regiones en desarrollo, tienen peso insuficiente; 101 millones no van a la escuela; 22 millones de recién nacidos no son vacunados; 8,8 millones mueren anualmente antes de cumplir los 5 años. Colombia debe saber que tres factores determinan el éxito en el bienestar de la primera infancia:

1. La situación socioeconómica del hogar, conformada por los ingresos y el nivel educativo; los ingresos determinan el acceso a nutrición, formación y salud, y el educativo, índice de las conductas nutricionales y estimulativas, que son la base del desarrollo físico y mental del infante. La educación complementa los hábitos del hogar en la crianza y somete a crítica el conocimiento tradicional para reemplazar prácticas malsanas.

2. La acción del Estado, como responsable del diseño de políticas integrales (educativas, nutricionales, de salud, recreativas, entre otras), debe conocer las circunstancias actuales de la primera infancia y luego aplicar medidas, cuyos fines sean la instauración de una acción social hacia el bienestar de la infancia, incluido el apoyo económico y educativo a los hogares que carecen de la capacidad para promover el desarrollo de sus hijos.

3. La articulación Estado-institucionales sociales: una eficiente política para la primera infancia debe partir del Estado, pero el éxito en su ejecución dependerá la vinculación de la familia y las instituciones educativas; la vida de los niños transcurre esencialmente bajo estas; y la responsabilidad de la familia y de los centros educativos no es impersonal, como la del Estado, garantizando mejor la aplicabilidad de las políticas.

 Estas instituciones no deben quedarse sólo como seguidoras de las directrices estatales; la eficiencia en la política también dependerá de la importancia que se les dé para evaluar y establecer un diálogo con las autoridades para instaurar correctivos, detectar fallas y reforzar programas.

Es laudable la meta del Gobierno de ampliar la cobertura en atención integral a un millón de niños entre 0 y 5 años.

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