Una política monetaria de imitación

La reducción de las tasas parecería estar en línea con la actuación de autoridades monetarias de E.U., Europa y el Reino Unido, que al final del 2008 redujeron las tasas a mínimos imposibles.

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julio 28 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-28

Los recortes de la tasa de interés de intervención del Banco de la República ya suman 5,5 por ciento en unos pocos meses, dejándola por ahora en el 4,5 por ciento. La nueva tasa es similar a la inflación proyectada por el Gobierno para el año. Esta es la tasa de intervención más baja desde la época en que comenzó el largo período inflacionario colombiano, a mediados de la década de los setenta.

Esta reducción busca ser una respuesta a la desaceleración de la economía colombiana, que aún no es muy profunda en relación a la desaceleración mundial. La reducción de las tasas parecería también estar en línea con la actuación de las autoridades monetarias de Estados Unidos, Europa y el Reino Unido, quienes, ante la crisis económica, al final del 2008 redujeron drásticamente las tasas de intervención a mínimos imposibles.

Sorprendió cierta unanimidad en el actuar alrededor del mundo frente a la recesión, pues claramente no existe ningún consenso similar con respecto a las causas de la crisis y a lo que ésta representa en el devenir económico mundial.

Las causas de la crisis

Cuando se trata de resolver cualquier problema, es elemental que el primer paso consista en entender el origen del mismo. Con respecto a la crisis existe una amplísima divergencia de diagnósticos, que los agrupamos en tres, guardando la consideración que se relacionan entre sí.

La desregulación financiera. Según esta escuela de pensamiento, el excesivo apalancamiento, motivado por un sector financiero internacional sin controles supranacionales, llevó a la economía mundial, primero a un exagerado crecimiento, una burbuja, y luego a su consecuente estallido.

El exceso de liquidez. Dentro de este análisis, se haría énfasis en la excesiva liquidez mundial impulsada por Estados Unidos desde el 2001, manteniendo muy bajas tasas de intervención. Esto habría impulsado también un excesivo apalancamiento.

El capitalismo es así. De acuerdo a esto, es inevitable que la economía tenga ciclos, donde períodos de excesos de demanda son seguidos por períodos de exceso de oferta. Los gobiernos pueden paliar en algo los tiempos, o los pueden exacerbar mediante desmesurada e inapropiada intervención.

Algunos analistas piensan que la intervención gubernamental en los últimos 10 años, reflejada, entre otros, en una política monetaria muy laxa, con un coste del dinero artificialmente bajo y mediante los exagerados estímulos a la adquisición de vivienda y a su financiación, ha radicalizado los ciclos económicos, que de por sí son naturales.

¿Por qué la política monetaria?

Como vemos, con una política monetaria muy expansiva no se apuntaría a solucionar ninguna de las causas descritas. Tal vez el activismo monetario se origina en el aparente éxito al adoptar una política similar ante la crisis 2000-2001 (aunque se podría afirmar que así se gestó la nueva burbuja, que acaba de estallar).

Se origina también en lo que se percibe popularmente como las lecciones de la Gran Depresión de los años 30, y es que ante una crisis económica, el Gobierno debe responder gastando a manos llenas y evitando cualquier asomo de deflación, estimulando la oferta monetaria. Combinado con esto, el activismo monetario se origina en la necesidad que tienen los políticos de aparentar estar haciendo 'algo' con respecto a la crisis, así ésto no sea una solución real.

La política monetaria muy agresiva puede al principio generar un alivio, mitigando las manifestaciones de la crisis. Unas muy bajas tasas de intervención se reflejarán, aunque sea parcialmente, en menores tasas de colocación. De hecho, en combinación con una agresiva política de gasto fiscal, una política monetaria expansiva, entrega una nueva 'burbuja' al público, posiblemente de corta duración. Cuando ya ningún sector de la economía puede aumentar su apalancamiento, aún quedan los gobiernos con capacidad de sobreendeudarse, y es lo que está sucediendo.

El problema son los nuevos desequilibrios que traen las tasas artificialmente bajas. Estas tasas de intervención están muy por debajo del nivel al cual se equilibrarían los mercados de capitales.

Así, desestimulan el ahorro, precisamente cuando las empresas necesitan de capital. Y, como el riesgo crediticio percibido por inversionistas y prestamistas es muchísimo más alto que el implícito en las tasas, crean unos mercados de capitales con grandes márgenes, distorsionando las decisiones de inversión.

Los bancos no necesariamente prestan más, simplemente obtienen mayores utilidades. Sin embargo, lo más grave de esta megaexpansión monetaria es que siembra las semillas para un nuevo y largo período inflacionario.

El caso colombiano

En el pasado, cuando se ha planteado la posibilidad de dolarizar la economía, las autoridades monetarias han expresado su recelo, argumentando que nos impediría llevar una política monetaria independiente, de acuerdo a los requerimientos específicos de nuestra economía. Hasta la fecha esta independencia se ha manifestado en una inflación crónicamente alta. Sin embargo, desde el 2006 la política monetaria había tenido un enfoque un poco más estricto generando cierta estabilidad y sirviendo de base al crecimiento económico de los últimos años.

Ahora que estamos imitando las actitudes más audaces y más cuestionables de las autoridades monetarias de otros países, es vital evidenciar que existen importantes diferencias en el entorno dentro del cual se ejerce la política monetaria en los países desarrollados y en Colombia. Con lo cual, si la intempestiva política monetaria expansionista parece allí débil en sus fundamentos y hace temer por sus eventuales consecuencias, con mucha más razón en Colombia.

Las diferencias empiezan por la situación del sistema bancario, cuyo peso en la economía es aquí mucho más pequeño, y que no se ha visto afectado negativamente ni en sus utilidades, ni en su funcionamiento, ni en su capacidad de proveer crédito. La cartera neta, a junio, aún crece a un razonable 12 por ciento anual. La economía también continúa bien irrigada de liquidez. A junio M1 crece al 15 por ciento anual, por encima de los ritmos del 2007 y del 2008, mientras M3 lo hace al 17,4%, un ritmo similar al de los años anteriores.

La diferencia más evidente con la situación de los países desarrollados es que en Colombia la inflación continúa siendo muy alta, y mientras esto sea así la prioridad de nuestra política monetaria continúa siendo la disminución de la inflación.

En los países desarrollados, primero se logró derrotar la inflación, con políticas monetarias relativamente severas. Fue esto lo que generó, eventualmente, una inusitada credibilidad en la seriedad de la política monetaria, y lo que sirvió de base a la expansión económica sin precedentes que comenzó a mediados de los años 90 y terminó el año pasado.

Si queremos imitar a los desarrollados, debemos empezar por el principio, llevando la inflación definitivamente a niveles inferiores al 3 por ciento. Esto reduciría de forma estructural las tasas de interés nominales y reales, reduciría ineficiencias, facilitaría la inversión y el funcionamiento de la economía y representaría, por sí solo, un gigantesco estímulo a la actividad económica en el país.

Con lo cual, el Banco de la República debe aprovechar el relativo enfriamiento de la demanda agregada en la economía colombiana para revisar las metas de inflación hacia abajo, en vez de relajar su política monetaria.

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