Una política contra la revaluación

Una política contra la revaluación

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mayo 05 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-05

El dólar empezó el año por encima de 2.000 pesos y las proyecciones oficiales esperaban una pequeña devaluación anual de 3 ó 4 por ciento. Pero pronto se vio que el mercado apuntaba para el otro lado y el precio del dólar se descolgó hasta llegar a 1.755 pesos esta semana, con lo cual Colombia se está ganando el campeonato mundial en materia de fortalecimiento de su moneda frente al dólar.

En una perspectiva de más largo plazo la situación es alarmante: la tasa de cambio ha caído al mismo nivel de junio de 1999, mientras que en estos nueve años la inflación doméstica ha sido del 73 por ciento. También se puede recordar que el precio más alto que alcanzó el dólar en marzo del 2003 fue cercano a los 3.000 pesos, es decir, un 68 por ciento más alto que el actual. Y si se quiere entender el impacto de esta revaluación sobre la capacidad de competir de los productores colombianos, basta señalar que hace 5 años el salario mínimo equivalía a 115 dólares, y hoy ha subido hasta 256 dólares.

¿Es imposible frenar esta descolgada de la tasa de cambio, que ha continuado a pesar de las restricciones de las exportaciones a Venezuela, del congelamiento del TLC o del creciente número de aliados del presidente presos por la 'parapolítica'? ¿Por qué no surten efecto las medidas del Banco de la República como reforzar los controles a la entrada de capitales o anunciar la compra de 1.800 millones de dólares?

La tendencia a la revaluación del peso es ilógica frente al enorme déficit externo del país -que este año va a ser cercano a los 8.000 millones de dólares-, y solo se explica por las altas tasas de interés domésticas y las expectativas bajistas de los agentes del mercado que esperan que el dólar caiga de precio y se convierta en una profecía auto cumplida. Frente a esta realidad las últimas medidas del Emisor son acertadas, pero insuficientes, pues lo que se necesita es un mensaje contundente de las autoridades de que van a frenar la revaluación, y esto solo se logra con una política coherente.

Para que la política sea coherente se requieren dos elementos: primero, que el Banco de la República baje sus tasas de interés para disminuir el diferencial que como un imán atrae capitales extranjeros a pesar de los controles y, segundo, que el Gobierno se comprometa con una reducción del gasto público que le permita reducir el financiamiento externo y la monetización de los dólares del Faep, y además dejar afuera los ingresos extraordinarios que le dejará este año el petróleo a más de 100 dólares el barril.

Para que el mercado crea que las autoridades van a luchar en serio contra la revaluación, el mensaje tiene que ser tan contundente como el del Banco Central de Chile, que anunció la compra de 8.000 millones de dólares, incrementando sus reservas internacionales en un 50 por ciento.

En Colombia un incremento de estas proporciones implicaría compras de 10.500 millones de dólares, y puede que no se necesite tanto si el Gobierno hace su parte de la tarea. Pero en todo caso la intervención debe ser discrecional y no avisada, es decir, que no se debe utilizar el mecanismo de opciones, sino que el Banco debe intervenir en el mercado por sorpresa, sin fecha fija ni anuncios previos y en cuantías no definidas con anterioridad para impedir la consolidación de las expectativas de los especuladores.

La objeción inmediata a una compra de dólares en estas cuantías es que la consiguiente expansión monetaria aumentaría la inflación; sin embargo, el Banco cuenta con los mecanismos suficientes para esterilizar su intervención, a saber las operaciones de mercado abierto y el aumento de los encajes a los depósitos bancarios. Es cierto que estos distorsionan un poco el funcionamiento del sistema financiero, pero esto es menos grave que la revaluación que destruye empleo y producción nacional.

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