Politiquería y diplomacia

Valdría la pena aprovechar el inicio de este segundo mandato del presidente Uribe (si es que el incorregible senador Ciro Ramírez no nos lleva al tercero) para plantear lo que deberían ser políticas de Estado a largo plazo, no vinculadas necesariamente a los vaivenes electorales. Eso se debe hacer despojándonos de las interesadas intenciones de los aduladores de siempre, de esos mismos que un día ‘reeligieron a Reyes’ a comienzos del siglo XX y algunos meses después los obligaron a salir casi huyendo por Santa Marta. O de quienes en los años cincuenta batieron incienso sin medida al General Rojas Pinilla y cuatro años más tarde lo sacaron a empujones del Palacio de la Carrera, lo befaron, desterraron, juzgaron y condenaron en un proceso político y luego lo tuvieron preso frente a las bellísimas playas de Galerazamba, en la Costa Atlántica.

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agosto 09 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-09

Tomando la idea de Harold Laski, ese acuerdo sobre lo fundamental, debería girar (además de temas cruciales como la paz o el manejo serio de la economía) alrededor de la estabilidad en el aparato administrativo-técnico del Estado, a nivel interno, pero sobre todo a nivel externo. Hay que reconocer que durante el primer mandato de Uribe se avanzó en el tema de la carrera administrativa. Pero no lo suficiente. El aparato administrativo del Estado debería integrarse de manera profesional, al margen de los cambios políticos. Lógico que en un sano régimen de partidos, deben cambiar las orientaciones ideológicas y políticas, pero ello no tiene por qué suponer un arrasamiento burocrático.Alberto Lleras creó la Escuela Superior de Administración Pública, como la universidad para formar los cuadros administrativos. La idea no ha sido bien ejecutada, pero es preciso retomarla. El país tiene derecho a exigirle a Uribe, que cumpla con su promesa de luchar contra la politiquería, y que no le siga entregando el Estado, a pedazos, a los congresistas que interesadamente lo apoyan. Irónicamente, la mayor privatización no ha sido la de las empresas (como suele creerse) sino la del Estado mismo a través del clientelismo. Pero es en el ámbito de la política exterior en donde debe hacerse ya el compromiso, de nunca más volver a utilizar la diplomacia para pagar favores políticos, facilitar cambios constitucionales, ‘ablandar’ congresistas, o acomodar a esposas, parientes, hermanos, primos, y hasta compañeras permanentes de los parlamentarios a quienes no se les encuentra otro oficio. No debería ser ya realidad la cínica respuesta de un político nombrado hace muchos años en la diplomacia, quien cuando le preguntaron por qué no hacia nada en la embajada contestó que él no estaba allí para prestar servicios sino por servicios prestados. Es necesario acabar con esa fea costumbre de anunciar nombramientos en la diplomacia antes de haber obtenido el beneplácito del Gobierno respectivo. De nada sirve tener embajadores de un año y hasta de seis meses como está ocurriendo ahora. La Academia Diplomática de San Carlos, debe tomarse en serio para que forme los respectivos cuadros. Conviene tener más embajadores de carrera, y menos embajadores políticos, o a la carrera, como suele decirse. De veintiocho embajadores de carrera, solamente hay diez en funciones, y no propiamente en las misiones más importantes. Este es un gran reto para la inteligentísima, bella y bien formada (es la primera mujer canciller que estudió Finanzas y Relaciones Internacionales en el Externado de Colombia) María Consuelo Araújo Castro, recién posesionada ministra de Relaciones Exteriores. Si no hacemos un alto en esta tendencia, nos va a resultar difícil que nos tomen en serio en el exterior. Ex Fiscal General "El aparato administrativo del Estado debería integrarse de manera profesional, al margen de los cambios políticos”.

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