La popularidad: ¿para qué?

La popularidad del Congreso cayó 21 puntos entre marzo y abril. Pero la popularidad de Uribe sigue incólume (pasó de 84 a 83 por ciento en el mismo mes) a pesar de que los partidos que lo apoyan han sido los más contaminados por la parapolítica y de las acusaciones que le ha hecho Yidis Medina a él y a miembros de su gabinete.

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mayo 05 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-05

Esto no se debe a que la gente crea que él no tiene algo que ver con la crisis. El público reconoce los problemas claves: el nivel de aprobación de su tratamiento a los paramilitares y a la guerrilla ha caído de 70 a 63 puntos y de 82 a 75 puntos, respectivamente; y el de su manejo de la corrupción descendió de 77 a 70 por ciento. Estas cifras continúan siendo muy elevadas y otros gobernantes se sentirían ufanos de mostrarlas, pero en el caso de Uribe, la disminución de la aprobación en esas tres áreas claves de su gestión indica que el teflón está comenzando a pelarse. El Presidente no ha logrado desvincularse de los escándalos que lo rodean, a pesar de su envidiable destreza para pulverizar rápidamente cualquier esqueleto que le salga del clóset. Otra área, que no tiene relación con los escándalos, en la que el nivel de aprobación del Presidente ha descendido a un preocupante (en términos comparativos) 68 por ciento es el de las relaciones internacionales. La gente ha comenzado a darse cuenta de que Uribe no puede ser bueno para todo. A pesar de estos leves indicios de que la opinión no es un rebaño, ni sigue ciegamente a su líder porque ya le está comenzando a ver unos defecticos, lo cierto es que a Uribe la gente le perdona todo. Lo de Yidis puede estar escandalizando a unos pocos, pero a los seguidores del Presidente no les ha causado impacto (“¿no es eso lo que han hecho todos?”). Lo acompaña el 83 por ciento de la opinión, y entre marzo y abril el porcentaje de los encuestados que opina que las cosas están mejorando en Colombia pasó del 46 por ciento al 50 por ciento y la proporción de encuestados que piensa que están empeorando ha descendido de 45 a 32 por ciento. La pérdida de un puntico no debe haberle hecho perder ni un segundo de sueño a Uribe. Él es el que tiene la sartén por el mango. Esta es la realpolitik. Precisamente es por eso cabe preguntar: ¿para qué es la popularidad? No puede ser que solamente sirva para mangonear. Un líder democrático que después de casi seis años de gobierno conserva el apoyo de la opinión pública en esas proporciones tiene una oportunidad dorada para encaminar a Colombia hacia un mejor futuro y para darle un empujón en esa dirección. Y puede hacerlo aún si el Congreso es un pato renco. Pero también puede limitar la democracia, debilitar a la justicia y descuadernar. Esa es la disyuntiva en la que se encuentra el Gobierno. Y ella no se refiere solamente a posibles cambios de la Constitución, a una reforma política o a otros grandes esquemas. Tiene que ver con el día a día de la administración: ¿Van a seguir anunciando carreteras o las van a hacer? ¿Va a continuar el agroloquismo o se va a adoptar una política agropecuaria seria? ¿Van a hacer algo en contra la revaluación del peso, o van a seguir poniendo Curitas y atrayendo más dólares? ¿Se va a formular una política exterior, o le vamos a romper la cara a Correa? '' El Presidente no ha logrado desvincularse de los escándalos, a pesar de su envidiable destreza”.WILABR

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