Precariedad de las fuentes de financiación

Aunque los objetivos perseguidos con la política tributaria son varios, en los últimos tiempos las reformas a la legislación en la mayoría de los países se han concentrado en tratar de alcanzar los llamados objetivos clásicos de suficiencia del recaudo, simplificación de las normas y procedimientos, neutralidad en la asignación de recursos y equidad en la distribución de la carga –en este último caso, la política colombiana ha ido en contra.

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enero 28 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-28

Asimismo, han intentado promover una adaptación funcional de las bases y tasas impositivas a los requerimientos de los planes de estabilización. Ese es el panorama que muestran los especialistas para el conjunto de países de América Latina. Según las estadísticas, el éxito ha sido variado y a pesar de que los datos son todavía frágiles, puede afirmarse que los avances en materia de suficiencia han estado marcados por la lentitud, y en varios casos por los costos políticos para los gobiernos que intentaron elevar la carga tributaria. A su turno, en algunas naciones se advierten progresos significativos en lo que tiene que ver con simplificación de la legislación, normas y procedimientos tributarios; pero, en equidad, la situación no ha sido la mejor. Con todo, los retrasos no son tan grandes. Dentro de este contexto, la posición de nuestro país es bastante pobre, pues no muestra avances en los dos aspectos claves: suficiencia y equidad. En lo que toca con la primera, no es posible ocultar el monto del déficit estructural que, de una parte, está obligando al Gobierno a aplazar gastos programados para este año y, de otra, indica que se desaprovechó la oportunidad de la buena situación económica para tapar el hueco y generar ahorro. En relación con el segundo, el panorama es preocupante por el deterioro sufrido. A cambio de poner la tributación al servicio de la causa de la equidad, se optó por repartir privilegios con el argumento de que la política de inversión se podría desarrollar mejor por esa vía. Lo anotado viene al caso, porque para enfrentar la crisis del sector salud se van a utilizar dos herramientas que no garantizan progresos en suficiencia y en equidad. La debilidad de las bases de los bienes y servicios seleccionados, junto con el reajuste muy elevado de las tarifas (bebidas alcohólicas, tabaco y juegos de suerte y azar), pueden dar al traste con el intento de solución y producir efectos no deseados. Advirtiendo que siendo partidario de gravar estos bienes o servicios –por supuesto que deben ser gravados–, me parece peligroso poner a depender la financiación de un frente tan importante para la política social del buen funcionamiento de unos instrumentos tan volátiles y poco productivos. La evasión, por ejemplo, es fácil que se incremente de manera ostensible por el impacto de las tarifas, en particular las aplicadas a las bebidas y a los juegos de suerte y azar. Desde hace muchos años está comprobado que el afán recaudatorio no se puede satisfacer con tarifas que los contribuyentes consideren confiscatorias –para lograr mejores resultados es preferible aplanarlas. Y algo más; para no equivocarse, hay que tener sumo cuidado con el efecto traslación del impuesto –pasar la obligación a otro– y con el acomodamiento del consumo a los nuevos precios –elasticidad de la demanda. Es evidente que la disposición del consumidor a absorber el impuesto no es infinita. LOPJUA

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