El precio de la paz

En el discurso de inauguración del foro sobre la Ley de Justicia y Paz, organizado por el Senado, el presidente Santos resumió lo que podría ser la política de paz de su Gobierno.

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mayo 27 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-27

Dijo que naturalmente la mayor preocupación de su administración es la de entregarle a sus compatriotas, al final de su mandato, un país en paz y recurrió a una figura que probablemente no fue bien interpretada al decir que se necesitaba estar "mal de las entendederas" para no querer buscar el fin del conflicto. Son muchos los ingredientes que atentan contra la tranquilidad ciudadana. En los últimos cincuenta años por lo menos uno de los factores determinantes ha sido el de la existencia de un conflicto armado. Las guerrillas de las Farc y el Eln han dejado una onda estela de sangre, muerte y desolación a lo largo y ancho del territorio patrio. Pero la paz y la convivencia ciudadanas se ven afectadas -y de qué manera- por la delincuencia común. Suena extraño decirlo, pero mueren más personas al año por homicidios, atracos y hasta accidentes de tránsito, que por los enfrentamientos propios de un conflicto armado. Por eso no es concebible una política integral de paz, sin una clara estrategia contra el crimen organizado y la delincuencia común. Para resolver el conflicto, los distintos gobiernos de una u otra manera han ensayado todas las estrategias. Barco lanzó su lema de "mano tendida y pulso firme", para significar que se podía buscar la paz sin desmedro de combatir con toda la fuerza militar a la guerrilla. Esa estrategia le funcionó con el M- 19, que depuso las armas cuando el Estado los tenía contra las cuerdas. César Gaviria completó ese proceso de paz y buscó sin éxito acuerdos con las Farc. Mantuvo siempre abierta la ventana de la paz. Samper diseñó los mecanismos normativos usados por sus sucesores para buscar acuerdos con la guerrilla sin dejar de combatirla. Pastrana, si bien hizo hasta lo imposible por lograr acuerdos y concedió una amplia zona de distensión, simultáneamente fortaleció a las Fuerzas Militares, lo que unido a una decisión política distinta, le permitió a Uribe propinarle los más duros golpes a la guerrilla en toda la historia. Santos ha dicho que busca la paz, pero no a cualquier precio y así debe ser. Es una posición muy similar a la del presidente Barco, de cuya elección a la Presidencia se celebran por estos días los veinticinco años. Pero, para no incurrir en errores del pasado, el presidente Santos quiere asumir directamente las riendas de un eventual proceso, sin permitir que se lancen muchos espontáneos al ruedo. Con los golpes militares a la guerrilla y la actitud generosa del Jefe del Estado puede estarse abriendo el camino para conseguir definitivamente la paz. HELGON

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