El Presidente tiene la razón

De todo lo dicho últimamente, hay cosas de fondo que dentro de la superficialidad e intereses específicos y el sesgo de los medios, han quedado ocultas, al margen de su verdadera trascendencia.

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mayo 09 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-09

Empecemos por la ‘constitucionalitis’ mencionada por el Presidente. Es obvio que los problemas que supuestamente debemos solucionar no lo lograremos usando la Constitución. Así mismo, lo es la inestabilidad jurídica y política que esta acción traería. Lo que hay que destacar es el interés cada vez más explícito de la izquierda populista, ya ensayado con éxito en Venezuela y otros países, de destruir la democracia desde adentro, empezando por la ‘toma constitucional’. No se equivoquen, de buena fe, quienes basados en la popularidad del mandatario recomienden abrir la caja de Pandora de una Constituyente, como la oportunidad de lograr una mayoría que facilite y asegure meterle la mano a la Carta. La presión sobre el Presidente frente a una segunda reelección ha sido debidamente contestada por éste. Es la trampa que busca distraer la atención de lo fundamental. Lo que debemos entender, es que por primera vez tenemos al alcance lo que durante tantas décadas nos hemos preguntado: ¿cómo sería Colombia sin guerrilla? ¡Qué enormes posibilidades de desarrollo y crecimiento tendríamos! Pues ya lo empezamos a saborear y hay que concluirlo. El otro efecto positivo es la continuidad en las políticas. Durante cuánto tiempo hemos sabido que el período presidencial de cuatro años es totalmente insuficiente para aprobar y desarrollar políticas económicas y sociales, en un sistema donde cada Gobierno trae su propio paquete de soluciones y lo primero que hace es desmontar el programa anterior? Por ello, en lo que hay que pensar es en la Seguridad Democrática, en la confianza en el país, en la promoción de la inversión, rompiendo otro de los grandes pesos que ha frenado nuestro crecimiento y desarrollo: la insuficiencia de ahorro interno y la languidez del flujo de capitales y tecnología del exterior. Y como elemento fundamental basado en estos requisitos: el desarrollo social. Ojalá el ataque al Gobierno y a las instituciones solo se diera en este frente. En el fondo, lo que se pretende es desmontar la institucionalidad ladrillo por ladrillo, teja por teja. Las Fuerzas Armadas, el Congreso, los partidos, ministros, la seguridad del Estado y la Presidencia misma. Así como vamos ganando la batalla militar, en los demás frentes como el jurídico interno e internacional, y en cierta opinión, con sus sesgos e intereses propios, alimentados por ‘paras’, ‘Pitirris’, y toda clase de testigos que no pasarían el más mínimo examen de idoneidad, desafortunadamente, no podemos decir lo mismo. En la Sala Penal de la Corte Suprema, actual eje central de este proceso, la diligencia de indagatoria, garantía del ciudadano, se convirtió en una precondena. Y además, a contrapelo de principios como el de legalidad o favorabilidad de la ley penal, se actúa en contraposición de principios universales contenidos en tratados que nos obligan, como que quien instruye debe ser diferente a quien juzga o la segunda instancia. Finalmente, con el acuerdo apresurado de la ‘silla vacía’ sin el mandato de una nueva elección que recupere la representación perdida, herimos de muerte la democracia. La demolición continúa. '' ¿Durante cuánto tiempo hemos sabido que el período presidencial de cuatro años es totalmente insuficiente para aprobar y desarrollar políticas económicas y sociales?WILABR

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