La primera guerra post URSS

El enfrentamiento entre Georgia y Rusia ha movido el tablero geopolítico con resultados impredecibles.

POR:
septiembre 03 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-03

A menos de un mes del inicio de las hostilidades  entre Georgia y Rusia, desatadas el 7 de agosto por el presidente georgiano Mijail Saakashvili que lanzó una ofensiva militar para sofocar el movimiento independentista en Osetia del Sur y "restaurar el orden en la región", y que Rusia respondió en forma desproporcionada para defender una zona bajo su jurisdicción, el escenario se aproxima al de la Guerra Fría que se consideraba superada.

Según filtraciones de los servicios secretos de la Organización para la Cooperación y la Seguridad Europea -recogidas por el semanario alemán Der Spiegel-, la acción militar fue preparada durante varias semanas y no fue una respuesta a provocaciones osetias como algunos políticos dijeron en un principio. Además, es la primera vez desde 1991 que Rusia usa la fuerza para asegurar su dominio.  

La guerra ruso-georgiana ha desencadenado una escalada preocupante. La Casa Blanca estudia romper los acuerdos de colaboración en materia nuclear con Rusia; Polonia decidió admitir en su territorio el escudo antimisiles de Washington; Moscú ensayó, al parecer con éxito, un misil antiescudos, y el mar Negro se ha ido llenando de buques de guerra con supuesto interés humanitario. Por parte de la OTAN, barcos estadounidenses, griegos, españoles, alemanes y polacos desarrollan maniobras allí, según dicen "previstas con anterioridad". Rusia mantiene en esas aguas una parte sustancial de su flota, mediante acuerdos que Georgia trata de anular. 

Ante este panorama, observadores internacionales se preguntan por las certezas que impulsaron al presidente georgiano a emprender una ofensiva militar con tan previsibles y funestas consecuencias, y si Estados Unidos apoyó la operación. En todo caso, existe la certeza de que el presidente Saakashvili comparte asesores con el candidato republicano John McCain. De ahí las declaraciones del primer ministro Vladimir Putin a la CNN, con la capital osetia aún envuelta en humo: "La sospecha es que alguien en EE.UU. diseñó especialmente este conflicto con el objetivo de hacer la situación más tensa y crear una ventaja competitiva para uno de los candidatos que lucha por el puesto de presidente del país".

Se equivocó Saakashvili si creía que su postergada candidatura a entrar en la OTAN y sus declaraciones en el sentido de que Osetia del Sur "amenaza los valores americanos" iban a suponer un apoyo a su aventura. Todo lo contrario. La OTAN sabe a lo que se expone si da luz verde a la entrada de países como Georgia o Ucrania, que libran contenciosos territoriales.

Por su parte, el influyente diario alemán Die Welt se preguntaba, tras una reciente visita del presidente georgiano a Berlín, si puede ponerse el destino de la Unión Europea y de la OTAN en manos de un hombre "cuyo dinamismo sobrepasaba ampliamente su capacidad de juicio".

Y en cuanto a Rusia, y a la luz de la vieja doctrina del Kremlin de dominar a su "extranjero próximo", no podía esperarse que no actuara para garantizar la seguridad de los osetios, la mayoría de los cuales tiene pasaporte ruso y se considera hermano de Osetia del Norte.

Resortes del poder

La consecuencia inmediata de esta "guerra de los cinco días" fue el reconocimiento por parte de Rusia de Osetia del Sur como nación, con argumentos similares a los que Occidente empleó para, al margen de la ONU, reconocer a Kosovo como Estado independiente: acción humanitaria, forzar la paz, impedir la limpieza étnica. También reconoció a Abjasia, otra nación sin Estado, patria de una mayoría pro-rusa -300.000 tienen pasaporte ruso-, que sufrió a comienzos de los noventa una cruenta guerra contra Georgia, que dejó más de 10.000 muertos y 250.000 desplazados. 

Esta guerra le ha servido a Rusia de coartada para mostrar su vocación de recuperar, en lo posible, su antiguo imperio, y la forma como se mueven los resortes del poder en Moscú. En toda la crisis, el jefe del Estado Dimitri Medvedev hizo de portavoz de Putin, el jefe de gobierno, el verdadero poder detrás del trono. Medio día antes de que Medvedev reuniera en Moscú al Consejo de Seguridad y declarara que haría todo por defender "la vida y el honor de los ciudadanos rusos", el Ejército y los bombarderos ya estaban en marcha, siguiendo órdenes de Putin, quien regresó de los Juegos Olímpicos de Beijing al centro militar de Vladikavkaz, y de hecho sustituyó a Medvedev al frente de las Fuerzas Armadas. Cuando el 12 de agosto, cinco días después del inicio de las hostilidades, Nicolas Sarkozy, en calidad de presidente de la UE, llamó repetidamente a Medvedev desde la capital georgiana, la respuesta era:  "Está durmiendo". En realidad, estaba haciendo tiempo para recibir instrucciones de Putin.

Medvedev, especialista en Derecho Romano, sabe poco de guerras y además le viene bien que el 'viejo zorro' de la antigua KGB controle a los halcones que en el Ejército no han dejado de explotar la provocación georgiana para "llegar hasta el fin" y extender el poderío militar ruso.

Putin cultiva una imagen  centrista, pues los nuevos oligarcas liberales de la Rusia capitalista se enfrentan sordamente a las Fuerzas Armadas y a los servicios secretos por el costo de la guerra: 7.000 millones de dólares en los tres primeros días de ofensiva en suelo georgiano.

El chileno Jorge Edwards recordaba en estos días la sentencia de Ambrose Bierce: "Las guerras son los medios que emplea Dios para enseñarnos geografía". La de Georgia, resuelta mal que bien, invita a reconocer  territorios inmensos de Eurasia donde podrían desencadenarse en el futuro nuevos conflictos con los mismos argumentos que un día desataron la primera acción militar de la OTAN para apoyar la independencia de Kosovo, y que en estos días dieron lugar a la de Osetia y de Abjasia.

Ucrania incluye la península de Crimea, en su puerto de la histórica Sebastopol, base de gran parte de la flota rusa. Crimea es una región de población mayoritariamente rusa. En abril de 2004, el Parlamento ruso ratificó las fronteras y la integridad territorial mediante un acuerdo en el que Putin se empleó a fondo frente a nacionalistas y comunistas liderados por el actual embajador en la OTAN, Dimitri Zogozin. Una chispa en esa zona, mucho más peligrosa que Georgia, sería un buen pretexto para los belicistas del poder ruso.

Existe la Asociación para la Democracia y el Derecho de los Pueblos, con sede en Moscú, que agrupa a las minorías autonomistas pro-rusas en Trandnieter, Moldavia; Abjasia y Osetia, hasta ayer Georgia,  y Alto Karabaj, Armenia. Simétricamente, la GUAM, creada en 1997 bajo el auspicio de los EE.UU., agrupa a Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia. Cualquier cosa en uno u otro lado podría desatar un incendio en alguno de estos inmensos territorios de la antigua URSS y dar al traste con el endeble orden geopolítico organizado tras la Guerra Fría.

El primer conflicto armado en el espacio post-soviético ha servido para poner a prueba la endeble salud de las organizaciones internacionales. La ONU ha mostrado su ya habitual encefalograma plano. Una semana después del inicio del conflicto, cuando los muertos y los desplazados se contaban por miles, habló tímidamente de crear una "fuerza de paz", previendo que cualquier condena tajante en el Consejo de Seguridad sería vetada por Rusia y China. Y la OTAN ha sido una derrotada "virtual", pues  la ofensiva militar de Georgia pareció contar de antemano con su apoyo, dada su candidatura en trámite de adhesión.

En realidad, el enfrentamiento ha servido para aplazar el ingreso de Ucrania y Georgia a la OTAN, que postularon sus candidaturas en la cumbre de abril en Bucarest, pues aceptar a estos Estados con minorías separatistas armadas sería introducir un riesgo seguro  de futuros conflictos.

Y Europa, escenario en el siglo pasado de dos guerras devastadoras, no desea más aventuras bélicas sino encontrar un camino para su consolidación, que aparece cada vez más incierto. Las potencias del Viejo Continente dependen del suministro de petróleo y gas que les llega bajo el control ruso. Por eso la cumbre europea reunida con urgencia el pasado lunes, no generó sanciones efectivas sino que acordó una vuelta al statu quo anterior a la guerra, que reconoce a Rusia como fuerza de paz en territorio osetio, aunque condenó la declaración de independencia de Osetia y de Azerbaiyán.

Mientras tanto, Rusia intenta revitalizar la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Europeo para lograr una independencia del continente de la tutela estadounidense, que en gran parte depende del resultado electoral entre McCain y Obama. 

En todo caso, la mayor parte de los Estados europeos, con excepción de la poco europeísta Gran Bretaña y de los recién llegados del Este, resentidos justamente por la dominación imperialista soviética, se plantean un cambio de actitud frente a Rusia, que empieza por poner sobre el tablero las debilidades del mapa post-soviético. Razón tiene John Roberts, experto en seguridad energética, cuando dice: "Los últimos días han demostrado que los llamados 'conflictos congelados', no son más que volcanes cubiertos de nieve".  

Por Antonio Albiñana,
periodista y analista internacional

Siga bajando para encontrar más contenido